Islamabad. Las peores inundaciones que se recuerdan en Pakistán afectaron a más de 3 millones de personas hasta la fecha y se han cobrado más de 1.400 vidas, informó el martes un portavoz del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

La catástrofe, que comenzó hace casi una semana, probablemente se agrave ya que se prevén más lluvias y la zona se encuentra al borde de que se declaren enfermedades. También cuestiona de nuevo la eficacia y el compromiso para estabilizar Pakistán del presidente Asif Ali Zardari.

Zardari está haciendo malabarismos con muchos asuntos arriesgados, desde la insurgencia talibán a cortes de electricidad crónicos en el país, un aliado de Estados Unidos que cuenta con armamento nuclear.

Las autoridades paquistaníes están bregando por ayudar a las víctimas de las inundaciones, muchas de las cuales han perdido hogares y medios de vida y dicen que no habían recibido ninguna advertencia oficial acerca de que las aguas se acercaban a donde ellos estaban.

La indignación se está extendiendo en poblaciones como Charssada. Un periodista de Reuters vio cómo algunas personas atacaban camiones que trasportaban ayuda y la policía trataba de dispersarlas con porras.

Bistma Bibi, de 65 años, que perdió a dos nietos en las inundaciones, acusó a los equipos de rescate del Gobierno de sólo cuidar a amigos o familiares.

"Vine a las cinco de la mañana. Hice lo que pude. Supliqué y luché pero no obtuve nada. Le están dando (los suministros) a su gente", dijo.

El portavoz de UNICEF Abdul Sami Malik dijo que 1,3 millones de personas se habían visto gravemente afectadas por las inundaciones en el noroeste del país.  

Las agencias de ayuda y funcionarios del Gobierno paquistaní se iban a reunir el martes para determinar si hacen un pedido urgente de ayuda, dijo.

Las organizaciones benéficas islámicas, algunas con supuestos vínculos con islamistas, han surgido para suministrar ayuda, aumentando la presión sobre el Gobierno para demostrar que puede controlar la crisis.

Los grupos islamistas desempeñaron un papel clave en los esfuerzos de ayuda tras el terremoto del 2005 en Cachemira, en el que murieron 75.000 personas.