A pocas horas de que Donald Trump asuma la presidencia de Estados Unidos, muchas incógnitas aún permanecen sobre las decisiones que tomará el magnate inmobiliario como jefe de Estado, tanto en temas internos como de política exterior.

El histórico restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos en 2015 y el proceso de normalización de relaciones entre los antiguos enemigos de la Guerra Fría son aún temas enigmáticos.

En un principio, el millonario estadounidense indicó que mantendría el acuerdo alcanzado a finales de 2014 entre los presidentes Barack Obama y Raúl Castro, pero luego endureció su discurso.

Al reunirse en varias ocasiones con exiliados cubanos, Trump manifestó que la política de Obama a la isla era "débil", y mantendría el acuerdo si La Habana realizaba "cambios políticos y democráticos".

Posterior a su elección, su posición no ha sido clara, y sólo un mensaje en la red social Twitter el pasado 25 de noviembre tras la muerte de Fidel Castro dejó entrever que Trump puede hacer cambios para revertir la histórica apertura de Washington.

Para el experto cubano en relaciones internacionales, Luis Suárez, el presidente electo de Estados Unidos mantendrá algunas políticas de Obama hacia Cuba, pero estima que revertirá otras o aplicará elementos del "poder duro".

"Esta combinación bastante original y creativa que logró Obama de combinar elementos del poder suave y poder inteligente con el duro; Trump probablemente lo que haga es utilizar mayores instrumentos del poder duro, incluyendo la negociación desde posiciones de fuerza", dijo el académico en una entrevista con Xinhua.

Según el profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana, Trump no modificará o pedirá al Congreso de Estados Unidos eliminar el bloqueo económico contra la isla, y condicionará el avance en la normalización de los vínculos bilaterales a cambios internos en Cuba.

"Pero ello no va a implicar que la administración Trump va a abandonar todos los acuerdos ni las medidas que ha venido desarrollando Obama. Probablemente lo que va a ocurrir es que van a hacer un análisis caso por caso de cuáles son aquellas políticas convenientes, no sólo para la relación bilateral, sino para los intereses de la seguridad imperial de los Estados Unidos", dijo.

En tal sentido, valoró que el próximo mandatario estadounidense no revertirá todos los acuerdos alcanzados en el campo de seguridad entre ambos gobiernos, porque son políticas que han gozado de apoyo bipartidista y favorecen los intereses de seguridad nacional de Washington.

"Cuba al final es percibida por los propios diseñadores de la política militar y de seguridad de Estados Unidos como un aliado en la lucha contra el narcotráfico, contra las migraciones incontroladas, los delitos transnacionales y eso no tiene por qué modificarlo Trump", recalcó el experto.

No obstante, aclaró que en otras áreas pueden existir diferencias y no continuar el "ambiente de reciprocidad y respeto mutuo" que han caracterizado las negociaciones desde el 17 de diciembre de 2014 hasta ahora.

Han sido 21 los acuerdos firmados entre ambos países en disímiles esferas como protección del medio ambiente, seguridad marítima, rescate y salvamento, transporte aéreo y energía.

"Muchos elementos van a entrar en esta nueva etapa de reanálisis de la política hacia Cuba a partir de su percepción de que Obama ha hecho muchas concesiones al gobierno cubano y Washington no ha recibido una respuesta recíproca en áreas como los derechos humanos, las libertades democráticas, etcétera", aseveró Suárez.

Según el académico, la "lógica" de la política estadounidense hacia la isla aún responde a producir cambios en el régimen político cubano y Trump pudiese intensificar la confrontación.

"Trump no le va a plantear a Cuba un reto mayor que las administraciones anteriores, las que acudieron a métodos coercitivos y en algunos casos violentos. Este pueblo, su dirección política, sus organizaciones sociales y de masas, tienen suficiente experiencia para enfrentar ese tipo de amenazas que puedan surgir", dijo el profesor universitario.

Esta semana, el gobierno cubano realizó el primer pronunciamiento en alusión a Trump, y advirtió que no aceptará presiones, condicionamientos ni agresiones en sus relaciones con Estados Unidos.

"Agresión, presión, condiciones, imposiciones no funcionan con Cuba. Esta no es la manera de tratar de tener una relación mínimamente civilizada con Cuba", dijo Josefina Vidal, directora para Estados Unidos en la cancillería cubana durante una entrevista a un medio internacional de comunicación.

Para enfrentar un posible retroceso, indicó Suárez, el gobierno cubano debe continuar diversificando sus relaciones económicas internacionales y desarrollar "políticas proactivas".

"No podemos quedarnos en la simple reactividad ni darle el beneficio de la duda a la administración de Donald Trump, de si se va a mover hacia un sitio u otro para enfrentar esas amenazas y utilizar las posibilidades que existen en este mundo multipolar que se está creando", afirmó.

La reciente eliminación de la política migratoria preferencial hacia los cubanos conocida como "pies secos, pies mojados" pudiese ser un punto de partida para continuar el diálogo y la cooperación entre ambos gobiernos.

De acuerdo con la Casa Blanca, la entrante administración fue informada con anterioridad a la entrada en vigor el pasado 12 de enero de esta nueva política migratoria que elimina la entrada a Estados Unidos de los cubanos sin visa y su camino expedito hacia la residencia permanente en ese país.

Hasta el momento, ni el propio Trump ni ningún miembro de su equipo de transición han rechazado la decisión de Obama a pocos días de abandonar la Casa Blanca.

Se trata de buscar nuevos puntos de encuentro y diálogo a pesar de las notables diferencia políticas, económicas y sociales entre ambos gobiernos.

Mientras tanto, como dijo Suárez, Cuba no tiene que esperar nada de Estados Unidos para continuar en el proceso que soberanamente ha decidido, de avanzar en la actualización de su modelo económico y social