Túnez desplegó a su ejército para detener una marea de inmigrantes ilegales que intentan llegar a Italia, indicó este lunes una fuente militar, después de que Roma afirmara que la revolución en el estado norteafricano había iniciado un "éxodo bíblico".

Más de 4.000 inmigrantes cruzaron a la pequeña isla italiana de Lampedusa desde Túnez la semana pasada, subrayando la persistente inestabilidad en el país desde que las protestas populares derrocasen a su presidente hace un mes.

Algunos analistas creen que las revueltas en Túnez y Egipto podrían extenderse a otros países de la región, creando un posible panorama de pesadilla para los gobiernos europeos que han dependido de los líderes autocráticos del norte de África para ayudar a frenar la migración.

Catherine Ashton, jefa de Política Exterior de la Unión Europea, dijo en una visita a Túnez que esperaba que se acordara en meses un tratado comercial con el bloque, dando un impulso a la economía tunecina, golpeada por la inestabilidad de las últimas semanas.

El flujo de inmigrantes ilegales provocó un conflicto diplomático, en el que Túnez acusa a Roma de infringir su soberanía después de que un ministro italiano sugiriera enviar policía a Túnez para detener la llegada de personas a Lampedusa.

"El Ejército está controlando las costas de Gabes y Zarzis para detener a los emigrantes ilegales", dijo la fuente militar tunecina bajo condición de anonimato. "El Ejército, junto con los guardacostas, está presente también en el puerto de Gabes", añadió.

El golfo de Gabes es un punto preferido para iniciar el viaje a Lampedusa, que suele hacerse en embarcaciones atestadas de gente. Los emigrantes pagan a los traficantes humanos US$1.800 para cruzar desde Zarzis, según la Organización Internacional para la Migración.

La oposición tunecina derrocó al autoritario gobernante Zine al-Abidine Ben Ali tras 23 años en el poder, en una rebelión que sirvió como inspiración para la revuelta en Egipto que el viernes logró la dimisión del presidente Hosni Mubarak.

Desde la salida de Ben Ali, el Gobierno interino de Túnez ha tratado en vano dar pasos hacia la estabilidad. La policía ha desaparecido en muchos lugares y las huelgas y protestas en todo el país están interrumpiendo la marcha de la economía.

Consecuencias imprevisibles. El ministro del Interior italiano, Roberto Maroni, miembro de la derechista Liga Norte, dijo en una conferencia de prensa en Roma que pediría 100 millones de euros (US$135 millones) a la Comisión Europea para ayudar en la gestión de la crisis y que Italia enviaría 200 soldados más a Sicilia.

"Esta es una crisis política y social que puede tener consecuencias imprevisibles", dijo Moroni, que antes afirmó que la confusión en Túnez había provocado un "éxodo bíblico" a la isla siciliana.

El primer ministro Silvio Berlusconi discutió la crisis con el presidente del Consejo Europeo Herman Van Rompuy y le dijo que creía que era un tema "crítico" que afectaba a toda la Unión Europea, informó la oficina del líder italiano.

Ashton se reunió con el primer ministro interino de Túnez, Mohamed Ghannouchi, y luego dijo que el bloque planeaba finalizar las negociaciones en meses para otorgarle el "estatus avanzado", que significa términos preferenciales en comercio.

La funcionaria dijo que la UE planeaba entregar 258 millones de euros en ayuda para 2013 y que se enviará a observadores para ayudar en el control de las elecciones presidenciales.

"Queremos ser el principal aliado de Túnez en su camino hacia la democracia", dijo en una conferencia de prensa. "Queremos ayudar en la apertura y en la transición democrática del país", añadió.

Al ser consultada sobre los migrantes, Ashton dijo que la UE estaba trabajando con Túnez y funcionarios italianos. "Lo más importante es que todo se haga de acuerdo a las normas, por la seguridad de los jóvenes y de Italia", comentó.

En Lampedusa, autoridades locales dicen que la oleada de inmigrantes han sobrepasado a la isla, que está más cerca de África que de Italia.

Sólo este domingo arribaron a la costa unas 1.400 personas.

"Todos tenemos miedo porque hasta ahora, después de la revolución, nada ha mejorado", dijo un inmigrante de 31 años a la televisión italiana.

"Los que estamos acá no estamos pidiendo nada. Sólo la posibilidad de encontrar trabajo en Europa", añadió.