Ofunato. Con un minuto de silencio, oraciones y manifestaciones anti-nucleares, Japón recordó este domingo un año desde que un terremoto y posterior tsunami mató a miles de personas y provocó una crisis radioactiva que hizo añicos la confianza pública en la energía atómica y en los líderes de la nación.

El terremoto de magnitud 9,0 desató una pared de agua que azotó la costa noreste de Japón, matando a casi 16.000 personas y dejando casi 3.300 desaparecidos, en un país que sigue lidiando con los costos humanos, económicos y políticos de la tragedia.

En el puerto de Ofunato, cientos de residentes vestidos de negro se reunieron en las afueras de la municipalidad para poner crisantemos blancos en memoria de los 420 muertos y desaparecidos de la ciudad.

"No podemos estar tristes. Nuestra misión es enfrentar la realidad y avanzar paso a paso", dijo Kosei Chiba, de 46 años, quien perdió a su madre y esposa en el desastre.

"Pero el daño sufrido en la ciudad fue demasiado grande y nuestras cicatrices psicológicas son demasiado profundas. Necesitamos mucho tiempo para reconstruir", agregó.

El país guardó un minuto de silencio a las 2:46 pm (05:46 GMT), el momento en que se produjo el terremoto.

Los residentes de Ofunato se reunieron delante de un altar improvisado, con el mar detrás de ellos. Ofunato se detuvo nuevamente 33 minutos más tarde, en el momento en que hace un año un tsunami de 23 metros envolvió la ciudad de 41.000 habitantes.

A sólo un kilómetro de la destrozada planta Fukushima, gestionada por la firma Tokyo Electric Power Company (TEPCO), donde el colapso de un reactor provocó la peor crisis nuclear desde Chernóbil, los residentes de la ciudad abandonada de Okuma pudieron volver al lugar durante unas pocos horas para honrar a los muertos.

"Era un lugar maravilloso. Si no fuera por todo lo que sucedió, me gustaría poder volver. Pero gracias a Tepco, yo ni siquiera pude buscar los cuerpos de mis familiares", dijo Tomoe Kimura, de 93 años, quien perdió a cuatro miembros de su familia en el tsunami, dos de los cuales nunca fueron encontrados.

Las autoridades impusieron una zona de exclusión alrededor de la planta de 20 kilómetros y los residentes no pueden volver nuevamente al lugar.

A lo largo de la costa noreste, los agentes de policía y la guardia costera continúan la búsqueda de restos de desaparecidos pese a la disminución de las posibilidades de encontrar alguno.

Los japoneses se ganaron la admiración mundial por su compostura, disciplina y resistencia ante el desastre, al tiempo que sus empresas impresionaron con la velocidad a la que se recuperaron.

Como consecuencia, la economía de cinco billones de dólares podría volver a los niveles anteriores al desastre en los próximos meses, con la ayuda de una gigantesca ley de US$230.000 millones destinada a una década de reconstrucción y que se acordó en una muestra poco habitual de colaboración entre el gobierno y la oposición.

El emperador Akihito, aún convaleciente de una operación coronaria a la que se sometió el mes pasado, acudió a una ceremonia en el Teatro Nacional de Tokio y animó a sus compatriotas a trabajar juntos, haciendo eco del discurso televisado sin precedentes que pronunció cinco días después del desastre.

"Espero muchas dificultades en el camino hacia la recuperación. Espero que la gente conserve a las víctimas en sus corazones y trabaje para que la situación mejore en las zonas golpeadas por el desastre", dijo el monarca de 78 años en una ceremonia televisada.

Sin liderazgo. El primer ministro, Yoshihiko Noda, prometió trabajar por la recuperación en el mismo acto: "Cumpliremos nuestra misión histórica de llevar a cabo el renacimiento de esta nación".

Sin embargo, muchos están cada vez más desilusionados con la capacidad de los políticos de decir la verdad y de estar a la altura de la situación, una profunda falta de confianza que un comentarista ha denominado "el cuarto desastre del 11 de marzo".

Los políticos y burócratas fueron criticados por su caótica respuesta al desastre de Fukushima y su fracaso a la hora de afrontar los males que asolan Japón desde hace dos décadas.

"No hay liderazgo", dijo la víspera del aniversario Hiroaki Oikawa, un habitante de Ofunato de 56 años que perdió sus dos empresas pesqueras y su vivienda.

Tras una breve tregua, los partidos políticos reanudaron sus disputas, que han provocado que asumieran seis primeros ministros en cinco años y que podrían bloquear una importante reforma fiscal y paralizar otros sectores, como la creación de un organismo de supervisión nuclear más independiente.

Las manifestaciones antinucleares también sirvieron como recordatorio de que muchos quieren una actuación más decidida a la opción preferida por el Gobierno de una reducción gradual de la energía nuclear.

"¿No se han dado cuenta aún de que no es segura?", preguntó el jubilado Sachiyo Katayose, uno de los cerca de 100 manifestantes que se congregaron en el exterior de la sede de Tepco en Tokio.

Tepco, criticada por muchos por su fracaso a la hora de estar preparada para el desastre, volvió a pedir disculpas.

"Todos y cada uno de los miembros de nuestra compañía y su grupo recuerdan el 11 de marzo, y trabajaremos con todo nuestro corazón para solucionar los retos, y la seguridad será nuestra primera prioridad", declaró en un comunicado el presidente de Tepco, Toshio Nishizawa, que conmemoró el aniversario en la central.

La lentitud en la tarea de elaborar planes para la región dañada por el tsunami y contaminada por la radiación está aumentando el malestar de los sobrevivientes, de los cuales unos 326.000 siguen sin hogar, entre ellos 80.000 evacuados de las cercanías de la central.

El desmantelamiento y la limpieza de una zona del tamaño de Luxemburgo llevará décadas, con un costo incalculable y mediante tecnologías aún no desarrolladas.

Los contribuyentes, que afrontan la posibilidad de subidas de impuestos para ayudar a financiar la deuda del país, tendrán que sacar decenas de miles de millones de dólares para apuntalar Tepco, que políticamente sigue siendo poderosa.