Uno de los 33 mineros chilenos atrapados durante 69 días a 700 metros de profundidad el año pasado reveló que durante las primeras 17 jornadas al fondo de la mina, cuando estaban al borde de la inanición, algunos pensaron en comerse al que muriera primero.

La revelación la hizo Samuel Ávalos entrevistado para un documental producido por la chilena Televisión Nacional y la BBC, la televisión pública británica, y transmitido por la estación local, a tres días del primer aniversario del rescate de los "33" como son conocidos mundialmente, informa el portal Emol.

"Esto era una suerte de quién caía primero, en eso estábamos, el que caía primero... los demás íbamos a llegar ahí, igual que los animalitos", dijo Ávalos en un documental emitido este domingo por Televisión Nacional de Chile (TVN), que fue producido en conjunto con la BBC, según el sitio web de La Tercera.

El documental se centró en los primeros 17 días de encierro al fondo del socavón en Copiapó (tercera región de Chile), cuando en la superficie no se sabía si estaban todos vivos -la menor de las posibilidades-, muertos o si había sobrevivientes.

Consultado este lunes por Efe sobre esos comentarios, Samuel Ávalos declinó hacer declaraciones. "No me voy a referir a eso", se limitó a señalar, en un contacto telefónico, agrega la edición digital del periódico paraguayo ABC Color.

El programa era muy esperado porque los mineros hicieron un pacto de no revelar qué había sucedido en ese tiempo, hasta este domingo.

"Esto era una suerte de quién caía primero, en eso estábamos, el que caía primero... los demás íbamos a llegar ahí, igual que los animalitos". Samuel Ávalos.

Una cucharada de pescado al día. El 5 de agosto del 2010 un derrumbe en el inseguro reservorio, 850 kilómetros al norte de Santiago, que no cumplía con medidas de seguridad básicas, como chimeneas de escape, atrapó a los mineros por más de dos meses.

Los trabajadores alcanzaron a huir al fondo de la mina cuando empezó el derrumbe, y allí permanecieron en el llamado refugio, una especie de pequeña habitación de roca, con una mesa y un cajón que debía contener alimentos para que todos pudieran alimentarse al menos por dos días. Pero la realidad era distinta a la teoría y sólo encontraron algunos paquetes de galleta, leche, y unas pocas latas de pescado.

Al principio comieron a diario, pero al percatarse que el rescate demoraría, racionaron al máximo el alimento y hacia el final de esos 17 días de pesadilla, sólo comían una pequeña cucharada de pescado.

Todos habían bajado muchos kilos, ya presentaban problemas dentales y de hongos en la piel, pues el ambiente en que estaban era un horno con un 90% de humedad y un promedio de 40 grados centígrados de calor.

La inanición ya les impedía desplazarse con normalidad en el refugio y en los pocos túneles despejados por los que podían caminar. Sin embargo, el grupo no estaba deshidratado porque tenían el agua sucia con que se enfriaban las máquinas.

Avalos dijo que pensaban que, obviamente, la situación era más complicada para los más ancianos, varios de ellos enfermos.

"Esto era una suerte de quién caía primero, en eso estábamos, el que caía primero... los demás íbamos a llegar ahí, igual que los animalitos", afirmó.

Rumor. La versión de que los mineros habían pensado en comerse a algún compañero había circulado antes, pero siempre fue negada por varios, como Omar Reygadas, quien dijo que cuando se habló del tema durante esos primeros 17 días de encierro, era sólo una broma.

En una nota transmitida el mismo domingo en el noticiario central de Televisión Nacional, Reygadas dijo que en broma habían hablado de comerse a su compañero Claudio Yáñez, porque estaba más delgado que los otros mineros.

"Era como comerse el marco de una bicicleta, estaba tan delgado", afirmó.

El corresponsal en Chile del diario británico The Guardian, Jonathan Franklin, autor del libro "33 hombres", apuntó esa misma idea. "Con o sin comida, tenía que salir de ahí. Tenía que pensar en qué minero iba a colapsar primero y empecé a pensar en cómo me lo iba a comer. No tenía vergüenza, no tenía miedo", aseguró Franklin que le relató el minero Mario Sepúlveda, el más popular del grupo.