Han pasado 25 años desde que los hermanos Santiago y Andrés Restrepo Arismendy fueron desaparecidos por agentes del extinto Servicio de Investigación Criminal (SIC), sin que hasta el momento las diferentes cúpulas que han pasado por la institución policial den pistas de dónde están los cuerpos.

En diciembre del 2011, basándose en la versión del ex policía Salomón Castillo Pantoja, la Fiscalía General del Estado ordenó la exhumación de tres osamentas que fueron enterradas en el cementerio de El Batán en días posteriores al 8 de enero de 1988, fecha en que desaparecieron los jóvenes.

Sin embargo, en octubre pasado, los análisis determinaron que las muestras de ADN extraídas de los huesos recuperados no coincidían con el perfil genético de Pedro Restrepo, padre de los desaparecidos.

Ramiro Román, abogado de la familia, indicó que desde entonces no ha habido mayores avances en la Fiscalía. “Decidimos mandar un escrito (en noviembre pasado) manifestando que las diligencias que está realizando la Fiscalía son repetitivas porque se insiste en tomar versiones a personas que ya dieron su declaración. La investigación debe ser dirigida a la aparición de los cuerpos, que fue la promesa del Estado”.

A Pedro Restrepo la exhumación de las osamentas de El Batán no le causó mayores expectativas. Dijo que en este cuarto de siglo que lleva luchando por saber en qué lugar están sus hijos ha escuchado de todo.

“Hay gente que da su versión de buena fe por ayudar, otros que lo hacen por ganar notoriedad y también hay las versiones que buscan desviar la atención. Pero creemos en el testimonio del exagente Hugo España Torres, que ha sido analizado y confirmado por una comisión internacional y la Corte Suprema de Justicia”, señaló.

Según España, la noche del 8 de enero de 1988 se encontraba en el SIC cuando el sargento Guillermo Llerena (fallecido) le entregó a dos chicos. Llerena habría llevado al mayor a otro lugar y lo regresó más tarde “en muy malas condiciones”.

El agente, que ahora vive en Londres bajo el programa de testigos protegidos, aseguró que entre el 11 de enero y la madrugada del 12, junto a Camilo Badillo, Llerena y otro policía al que identificó como el Chocolate, retiraron dos fundas con cuerpos de unas cavernas de Guápulo y luego las llevaron hasta la laguna de Yambo, en Cotopaxi, donde las lanzaron.

Pero buzos internacionales que exploraron la laguna en el 2009 no pudieron encontrar los cuerpos, algo que para Restrepo no significa que no hayan sido echados en ese lugar y luego retirados del sitio.

Alexis Ponce, activista de los Derechos Humanos que acompañó desde 1990 a los padres de los desaparecidos en los plantones que hicieron cada miércoles en los exteriores del palacio de gobierno, dijo que otro de los factores para que no se esclarezca el caso es el espíritu de cuerpo que hay en la Policía.

“No se ha podido conocer toda la verdad porque lamentablemente no se ha podido sanear la institución policial. Las nuevas afirmaciones que aparecen forman parte de la enorme cadena de impunidad que busca confundir a la opinión pública”, expresó Ponce.

Restrepo señaló que incluso hoy en día habría aún intentos por parte de ciertos exuniformados para posicionar diversas versiones sobre la suerte de los dos adolescentes.

“Llegué a saber que, luego de la presentación de la película Con mi corazón en Yambo (de María Fernanda Restrepo), el general Gustavo Gallegos y el general Gilberto Molina pidieron una cita con el Ministerio del Interior. Allí se reunieron por unas cuatro horas y trataron de demostrar lo indemostrable al decir que se trató de un accidente”, contó.

Para la familia Restrepo, la sola aceptación de la reunión constituye un absurdo, más cuando se trata de dos policías que fueron vinculados en el caso. Molina fue sentenciado a dos años de prisión, en tanto que Gallegos luego de las investigaciones fue sobreseído.