No hay dudas de que el nuevo acuerdo bilateral que han firmado los presidentes de Estados Unidos, Barack Obama, y de Rusia, Dimitri Medvedev, para el control y la reducción del número de armas nucleares, debe ser mirado globalmente con entusiasmo.

A este respecto, es invaluable que ambos mandatarios hayan  acordado reducir sus respectivos stocks en casi un tercio. Así, Estados Unidos con 2.100 y Rusia con 2.600 armas nucleares de carácter estratégico, deberán, una vez ratificada esta iniciativa, no sobrepasar cada uno las 1.550 de ellas.

Esta noticia, por el momento, descomprime en algo el sistema internacional que, como lo establece el artículo VI del Tratado de No-Proliferación, podrá intentar presionar para dar un nuevo y potente paso hacia la reducción y eliminación total del armamento nuclear.

Este acuerdo era esperado y necesario. Por un lado, permite terminar con el vacío que se estaba produciendo al haber quedado sin efecto el antiguo Tratado de 1991 para la Reducción y Limitación de Armas Ofensivas Estratégicas (Start en sus siglas en inglés), en diciembre de 2009. Una situación que comprometía directamente la seguridad de ambas naciones y dejaba abierta la posibilidad de reiniciar una nueva y no deseada carrera nuclear.

Por el contrario, este nuevo escenario debería presionar a aquellos países que tienen un desarrollo nuclear o intentan llegar a tenerlo,  considerados problemáticos y potencialmente peligrosos, como Corea del Norte e Irán, a dar un paso en la misma dirección de la eliminación y no proliferación.

Por otro lado, se requería de una sólida señal con miras a la próxima Conferencia de Revisión del Tratado de No-proliferación y Desarme, a efectuarse en mayo de 2010. Es sabido que la Conferencia de Revisión 2005 había terminado en un fracaso, un discreto resultado que especialmente ahora no se quiere repetir, cuando se requiere tener una reunión con logros significativos. Es que la inexistencia de un acuerdo que reemplace al Start de 1991, es el peor antecedente para la organización de la Conferencia.

Dar y proyectar logros en el objetivo de la eliminación y contención del armamento nuclear pareciera ser de sumo transcendente. No tan solo existe una necesidad de rescatar a la Conferencia de Revisión del TNP, sino que además adelantarse a las situaciones que el mundo cree que deberán marcar su agenda internacional para 2025. A este respecto, el National Intelligence Council (NIC) advierte interesantes, así como preocupantes certezas e incertidumbres, las cuales podrían marcar el futuro del uso de la energía nuclear (pacífica y militar).

Para el NIC preocupa la existencia de un sistema multipolar, la reducción relativa del poder global de EE.UU., la mayor población mundial y el crecimiento económico, variables que presionarán la demanda de energía, alimento y agua potable, y por consiguiente, el aumento de capacidad destructiva y letal de los conflictos.

Del mismo modo, habrá que resolver una serie de incertidumbres: si la transición energética que se pretende antes de 2025, reemplazará las fuentes de petróleo y gas por las de energía renovable; visualizar con cierta certeza si el cambio climático ocurrirá y dónde tendrá su mayor efecto; observar si la globalización ideológica terminará disuadiendo a China y Rusia a implantar democracias del tipo occidental, y resolver si en Medio Oriente -si Irán llega a ser un actor nuclear militar- ocurrirá o no una proliferación nuclear generalizada.

Por todo lo anterior, este nuevo acuerdo ha sido globalmente definido como un esencial primer paso hacia el desarme global nuclear. Lo importante ahora es que la próxima Conferencia de Revisión del TNP alcance un acuerdo significativo que le permita seguir siendo el más importante referente para la contención y eliminación del arsenal nuclear del mundo.

Por lo visto, los esfuerzos de Barack Obama, y su nueva estrategia nuclear, pueden llegar a ser un gran referente.