El candidato opositor a la presidencia de Brasil, el socialdemócrata Aécio Neves, dio un certero golpe de campaña al presentar en sociedad su alianza con la ambientalista Marina Silva, en un acto plagado de gestos que para el senador representó "un momento histórico" en busca de conseguir "un cambio calificado" en el país.

La presidenta Dilma Rousseff, en tanto, ya recuperada de la indisposición que sufrió tras el segundo debate por televisión con Neves, recibió un apoyo no menos emblemático: el del músico y escritor Chico Buarque, figura central de la cultura brasileña, quien hizo pública su intención de votar a la mandataria en el balotaje del domingo 26.

El encuentro entre Neves y Silva fue en San Pablo y estuvo cargado de simbolismos: el primero le besó las manos a la ex candidata, que lució en el pecho un prendedor de la campaña de su aliado y hasta se soltó el pelo -algo que nunca hace- en el momento del abrazo para la fotografía.

"El movimiento del cambio", definieron casi a coro la concreción del acuerdo. El apoyo puede ser clave a 8 días de la segunda vuelta que Neves protagonizará con la presidenta y aspirante a la reelección Dilma Rousseff, ganadora de la primera vuelta, en la que Silva sumó 21% de los votos. Ahora, los dos postulantes aparecen empatados técnicamente según las encuestas, con una leve ventaja para el senador del PSDB.

"Este es el momento más importante de mi campaña. Dejo de ser candidato de un partido para ser representante de un gran movimiento de transformación, de valores, prioridades y posturas", resaltó Neves en su discurso, en un salón social del barrio de Lapa.

El candidato comparó el respaldo de Silva con la existencia de la Alianza Democrática, el movimiento que comandó la transición a la democracia, después del fin de la dictadura que gobernó el país entre 1964 y 1985.

Tancredo Neves, el abuelo del hoy candidato, fue elegido en 1985 presidente de Brasil en forma indirecta, bajo la tutela de una agonizante dictadura, pero falleció antes de asumir en el cargo, que finalmente quedó para su vicepresidente, José Sarney.

Después de la primera vuelta, la mayoría de los partidos de la coalición que respaldó la candidatura de Silva, incluyendo al Socialista, dieron su apoyo a Neves, pero la dirigente ecologista demoró esa decisión hasta el domingo, y ahora busca convertirse en una pieza clave del nuevo armado que pretende terminar con la gestión del PT.

En el acto, Silva explicó su apoyo a Neves por su compromiso con varios asuntos de su agenda política, como mantener "el compromiso con la macroeconomía y las políticas sociales" y consideró que "sólo es posible hacer algo más grande si nos unimos todos".

"Tenemos que tener humildad para entender que algo grande no se hace a través de un grupo, un partido o una persona", remarcó. Silva detalló que Neves se comprometió a "mantener, mejorar e institucionalizar las conquistas sociales", entre ellas el programa Bolsa Familia, que reciben casi 50 millones de personas y que permitió al Brasil salir del mapa del hambre de la FAO en la última década.

Para la ex candidata, las políticas sociales no deben ser vistas como "favores o dádivas", sino como conquistas del avance democrático. Neves, en tanto, destacó que el programa de Marina Silva incluye regresar a la política de control de inflación inaugurada por la administración de Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), del PSDB, e insistió en que ya no busca la presidencia como candidato "de un solo partido", sino como representante de los anhelos por "transformación".

En su discurso, Silva reservó una crítica que pareció destinada a Rousseff: "nadie que disputa una elección destruyendo a alguien logra vencer", aseveró.

Rousseff, en tanto, ya recuperada de la indisposición que sufrió tras el segundo debate por televisión con Neves, recibió un apoyo no menos emblemático: el del músico y escritor Chico Buarque, figura central de la cultura brasileña, quien hizo pública su intención de votar a la presidenta el domingo 26.

"Voto a Dilma porque confío en ella, por su sensibilidad y compromiso por los más pobres", afirma Buarque en un video en el que reseña que en el 2010 votó a Rousseff "por causa de Lula (Da Silva)" y este año lo hará otra vez "por causa de la propia Dilma".

Histórico militante de izquierda, Buarque argumentó que con Rousseff "los programas de inclusión social serán mantenidos y mejorados" y celebró especialmente la política exterior de los gobiernos del PT, por la que Brasil "no habla en tono grave con Bolivia ni habla fino con Estados Unidos".

Otra carta que mostró el comando de Rousseff fue la declaración del ex presidente del Partido Socialista (por el que fue candidata marina Silva), Roberto Amaral, que renunció a su cargo en desacuerdo con el respaldo de la fuerza a Neves, y ahora hizo público su voto por la postulante.

"No acepto el retroceso que representa Aécio. ni voy a tirar la historia del partido al tacho de la basura", dijo.

Todos los pronunciamientos llegaron después de que Rousseff y Neves protagonizaran el segundo debate antes de la segunda vuelta -faltan otros dos-, esta vez con tonos agresivos en el que las acusaciones de nepotismo y corrupción se mezclaron con ofensas personales.

Los diarios locales llamaron la atención este viernes sobre el nivel de agresión del encuentro, y el plenario del Tribunal Superior Electoral (TSE) ratificó que las propagandas electorales gratuitas en cadena nacional de radio y TV no pueden servir para "atacar" al candidato adversario, y sí para debatir propuestas.

Rousseff sufrió un bajón de presión mientras hacía un balance de ese debate, y este viernes reanudó la campaña con visitas a Florianópolis y Curitiba, mientras Neves, además del acto en San Pablo, pasó por Salvador de Bahía y Joao Pessoa.