La Paz. El presidente izquierdista de Bolivia, Evo Morales, tendría que olvidarse de sus ambiciones de hegemonía tras los comicios regionales de este domingo, que dejaron un sabor agridulce en las hace poco victoriosas huestes oficialistas.

Medios y analistas señalaron este lunes que, en unos comicios en los que todos encontraron motivos para celebrar, el partido Movimiento al Socialismo (MAS) de Morales avanzó departamentos -donde se eligieron los primeros gobiernos autonómicos-, pero recibió dolorosas cachetadas en las ciudades.

Según proyecciones de la mayoría de cadenas privadas de televisión -única fuente de resultados a falta de cifras oficiales-, el MAS ganó las gobernaciones de seis de los nueve departamentos mientras la oposición se hizo con las alcaldías de siete de las 10 ciudades más importantes.

Analistas coincidieron en que los resultados de este domingo no pusieron en riesgo, aunque sí señalaron límites, a la "revolución" indigenista y socialista de Morales, quien inició en enero su segundo mandato con 64% de respaldo electoral y mayoría calificada en las dos cámaras legislativas.

"El Presidente creyó que el pueblo lo iba a seguir a pie juntillas, que el aparato del MAS era imparable, pero ahora tiene que saber que éste en un país ultrademocrático, en el que la soberbia es un pecado capital", dijo la principal conductora y analista de la cadena radial Erbol, Amalia Pando.

Morales "sintió tras su arrolladora reelección que estaba en condiciones de acaparar todo el poder pero ahora sabe que el pueblo quiere un equilibrio", agregó.

Carlos Hugo Molina, un experto en autonomías radicado en Santa Cruz, dijo que los comicios configuraron "una presencia territorial diferenciada del Estado boliviano, donde el altiplano (occidental) sigue siendo de los grupos indígenas más radicales, a diferencia del oriente, la Amazonía y el Chaco".

En su opinión, el MAS sigue siendo la mayor fuerza política del país pero no puede ignorar el duro golpe de haber fracasado en su intento de ganar las alcaldías de La Paz, su plaza fuerte en comicios nacionales, y Oruro, capital del departamento homónimo donde nació el presidente.

El variopinto resultado regional afectó poco al escenario nacional, en el que Morales conserva una fuerza legislativa más que suficiente para aprobar leyes orgánicas judiciales, electorales y de autonomías para continuar la "refundación" enmarcada en la Constitución "plurinacional" y socialista aprobada en el 2009.

Esa carta magna, influenciada en parte por los procesos izquierdistas de Cuba y Venezuela, dio poderes políticos extraordinarios a los pueblos indígenas y consolidó la política de estatización abierta con la nacionalización, en 2006, de la industria de gas que abastece a Argentina y Brasil.

Espacio para todos. En línea con las cinco votaciones nacionales anteriores ganadas cómodamente por Morales, los electores bolivianos sellaron este domingo triunfos oficialistas en las primeras gobernaciones autónomas de seis departamentos, el doble que hace cuatro años, incluido La Paz, el más poblado del país.

Pero el impulso oficialista no alcanzó para destronar a la oposición de las gobernaciones de los feudos derechistas de Santa Cruz, Tarija y Beni.

La oposición y el centroizquierdista Movimiento Sin Miedo (MSM), hasta hace poco aliado del MAS, ganaron las alcaldías de siete de las 10 ciudades más importantes.

"Ni el MAS logró el control hegemónico del poder ni la oposición logró revertir la supremacía masista en las urnas. Los bolivianos votaron ayer (domingo) por el equilibrio de la balanza política", resumió el diario La Razón en su informe central sobre los comicios.

Otro rotativo, La Prensa, opinó que la ciudadanía mostró que "no está de acuerdo con proyectos hegemónicos ni con opositores bloqueadores", en tanto que El Diario, decano de la prensa boliviana, sostuvo que "los triunfos opositores frenan el plan hegemónico del MAS".

Morales, quien había apoyado personalmente a los candidatos oficialistas con promesas de grandes inversiones, dijo el mismo domingo en la noche que el MAS había avanzado en comparación con las elecciones regionales del 2004 y el 2005, pero confesó que "no ganó todo lo que pretendía".

Dejando atrás su discurso de confrontación, llamó a un trabajo coordinado entre el poder nacional y los poderes locales, lo que fue aceptado de inmediato por el reelecto gobernador derechista de Santa Cruz, Rubén Costas.

La prueba de la calidad de estas intenciones pasará en las próximas semanas por la oficialista Asamblea Legislativa nacional, donde debe debatirse una ley orgánica que regulará las flamantes autonomías.