Aproximadamente 90 hondureños ingresan ilegalmente a Estados Unidos desde México diariamente cruzando el río Bravo cerca de McAllen, Texas, según el consulado de Honduras.

Muchos dicen a funcionarios de inmigración que los riesgos del viaje son mucho menores en comparación a la situación que se vive en su país, el cual reporta la tasa de homicidios más alta del mundo. Además han viajado a Estados Unidos decenas de miles de personas de El Salvador y Guatemala escapando de la violencia.

Las familias son llevadas después a la Estación Central en McAllen antes de ser liberados bajo su propia responsabilidad. Aunque la mayoría de los viajeros tienen dinero suficiente para comprar boletos de autobús para reunirse con familiares en ciudades de Estados Unidos, muchos no tienen dónde permanecer antes de que partan los autobuses, y la mayoría de ellos necesita descansar, atención médica y sustento.

En el gobierno local y asociaciones caritativas recae la responsabilidad de acoger a los visitantes no invitados. Rechazo a fondos La jerarquía republicana fustigó ayer al presidente Barack Obama por pedir fondos de emergencia para afrontar la crisis en la frontera, señalando que el presidente había causado el problema y ahora quería que el Congreso aceptara más de lo mismo.

“No le daremos al presidente un cheque en blanco”, dijo el presidente de la cámara, John Boehner, a medida que escalaba en el Congreso la disputa en torno a los miles de menores centroamericanos no acompañados que cruzan la frontera desde México. “Este es un problema causado por el presidente”.

Boehner habló con la prensa poco después que el presidente del bloque republicano en el Senado, Mitch McConnell, formuló la misma crítica. “Se diría que está pidiendo un cheque en blanco, uno que le permita mantener su actual política fracasada”, dijo McConnell. “Queremos asegurarnos de que reciba las herramientas adecuadas para ayudarle a resolver el problema. Y eso no es lo que hemos visto hasta ahora por parte del presidente”.

La Casa Blanca defendió el pedido de recursos. “Hay una necesidad clara y urgente”, dijo el secretario de prensa Josh Earnest a los periodistas que viajaban con el presidente en Texas. “Presentamos una propuesta muy concreta sobre los recursos adicionales que se necesitan y cuánto costarían”.

En la víspera, Obama pidió al Congreso desde Dallas que tome una decisión inmediata sobre su pedido de US$3.700 millones en fondos de emergencia para contener la marea creciente de menores provenientes de El Salvador, Honduras y Guatemala.

Obama contraataca. Ante un escenario potencialmente incómodo en la frontera de Texas con México, el presidente Barack Obama trató de dar vuelta al debate político sobre la oleada de niños inmigrantes al plantearlo como una cuestión de voluntad por parte los republicanos para abordar el problema, y no en la decisión del mandatario de evitar una oportunidad para ver la crisis de primera mano.

Para lograrlo, Obama recurrió a uno de sus principales críticos, el gobernador republicano de Texas, Rick Perry, para hacerle ver su punto de vista. Tras reunirse con Perry el miércoles en Dallas, el presidente sugirió que no había tanta diferencia entre los llamados de Perry pidiendo ayuda adicional en la frontera y la petición de casi US$4.000 millones que Obama presentó ante el Congreso.