Es tiempo de aniversarios en Alemania. A principios de octubre era el XX aniversario de la reunificación oficial de Alemania del Este y Occidental, que simultáneamente se celebraba con un acontecimiento aún más importante: la caída del muro de Berlín en noviembre de 1989, hace 21 años. Aunque Alemania Occidental era por aquél entonces la superpotencia económica de Europa, en general era un jugador más de su liga.

Pero desde su mudanza de Bonn a Berlín tras la reunificación, el gobierno del país cada vez ha ejercido más su voluntad en el campo global. El estilo de Angela Merkel, la canciller conservadora de Alemania desde 2005, ha sido menos beligerante que su predecesor, el social-demócrata Gerhard Schroeder. No obstante, el creciente descontento de los votantes alemanes por considerar que el país está pagando gran parte de la factura de lo que consideran un comportamiento irresponsable por parte de los miembros de la zona euro ha devuelto a la canciller al punto de mira.

A principios de este año Merkel retrasaba la aprobación de las medias de rescate de Grecia (110.000 millones de euros), que finalmente la Unión Europea aprobaba en mayo. A finales de octubre y en parte debido a la potencial amenaza legal de la Corte Constitucional de Alemania, Merkel consiguió la firma de un acuerdo en Bruselas (la sede de la Unión Europea) con efecto en 2013 para modificar el tratado relacionado con el modo en que la UE rescata a los miembros acosados por la deuda. Y cuando su llamado a los acreedores privados para asumir parte de los costes de los rescates futuros hicieron temblar al mercado de bonos y causó malestar a otros líderes europeos, Merkel se mantuvo fiel a sus declaraciones.

Más tarde su partido clarificaba que se estaba refiriendo a la deuda futura, no a la presente, pero aunque así fuese, el profesor de Finanzas de Wharton Franklin Allen sostiene que fue “un rodeo estratégicamente erróneo”. Meter miedo a los potenciales inversores no fomenta precisamente que inviertan en deuda soberana, explica.

Merkel saltaba de nuevo a la primera plana a mediados de noviembre por ser una de las principales voces que pide que Irlanda acepte un rescate de la UE y del Fondo Monetario Internacional (FMI) para calmar las fluctuaciones del mercado que amenazaron con desestabilizar el euro.

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Terreno de juego superior. Mientras, Merkel está trabajando para afianzar la posición de Alemania en un terreno de juego superior. Durante la cumbre de dos días del G-20 en Seúl en noviembre, Merkel recordaba a sus socios comerciales que la crisis económica había sido generada por la especulación. Algunos consideraron sus observaciones como la reacción natural ante las constantes quejas de Estados Unidos y Francia por el enorme superávit comercial alemán –fuente de orgullo en el propio país-, y su propensión a ahorrar en lugar de consumir.

En una entrevista con Financial Times publicada el 8 de noviembre, Merkel rechazaba la propuesta de Estados Unidos de fijar niveles máximos tanto para los déficits como para los superávits comerciales. “El mayor peligro que amenaza a la economía mundial es el proteccionismo, y todavía no estamos tomando suficientes medidas para asegurar un comercio libre genuino”, declaraba en la entrevista.

En parte, la postura de Merkel responde a las presiones políticas en la propia Alemania. Su gobierno de coalición de centro-derecha, formado por el partido Demócrata Cristiano y el Partido Democrático Libre, se está desplomando en los sondeos después de meses de lucha con miembros de la coalición en relación con los recortes fiscales y las protestas públicas sobre la política energética nuclear.

En Alemania también se teme que la legendaria estabilidad y prosperidad del país sean cada vez más vulnerables a las presiones del exterior, en particular la eurozona, mientras se multiplican los casos de países que necesitan un plan de rescate, un temor que se acrecienta con la reciente crisis irlandesa. “Merkel tiene muchas cualidades, pero está en una posición muy complicada”, señala Allen. “Necesita mostrarse dispuesta a actuar por el bien de Euripa, pero esto le está dando muchos problemas en casa”.

Este conflicto necesariamente ha tenido que provocar que Merkel actuase de forma poco inteligente, añade Allen, señalando el retraso que provocó durante la aprobación del paquete de medidas de rescate de Grecia. “Muchos de los problemas europeos han empeorado por el modo en que ha gestionado las cosas”.

No obstante, los analistas reconocen que Alemania tiene grandes motivos para adoptar esa aparente postura de rectitud. Pongamos por caso la capacidad de resistencia del país durante la crisis económica global. Durante seis décadas el país estuvo en constante recesión, y los pedidos de sus grandes socios comerciales, como por ejemplo Estados Unidos, se desplomaron.

Estimular la demanda doméstica contribuiría a la recuperación del país y además sería del agrado de los socios comerciales europeos.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) el crecimiento del PIB fue negativo en 2009, pasando del 1,5 al -5%. Pero Alemania se ha recuperado, y sus productos de alta calidad, como por ejemplo los automóviles o las herramientas y maquinaria, tienen una fuerte demanda en economías emergentes como Brasil y China.

Mientras otras economías –en especial muchos de los países de la zona Euro-, continúan estancadas, los resultados económicos en Alemania son bastante satisfactorios. A mediados de agosto, la oficina estadística federal anunciaba que el PIB del país había crecido 2,3% en el segundo trimestre del año, una cifra que supera con creces toda previsión y que representa la mayor tasa de crecimiento desde la reunificación. El 12 de noviembre se anunciaba que en el tercer trimestre se había producido una fuerte caída, hasta el 0,7%, pero el optimismo sigue intacto y el comité de asesores económicos del país predice un crecimiento del PIB del 3,7% para todo el año 2010 y 2,2% para 2011.

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¿Cómo ha conseguido Alemania hacerlo tan bien mientras el resto de países del mundo sufren? Allen cree que el motivo es que Alemania a adoptado un enfoque diferente al de Estados Unidos.

La estrategia del país se basa en la “prudencia” -esto es, evitar los peligros de la deuda, los grandes déficits y las infladas burbujas inmobiliarias-, y cierta tendencia nacional al ahorro. El resultado es un modelo económico que no está basado en los servicios financieros y la especulación. “Existen grandes diferencias entre el enfoque estadounidenses y alemán, y el de Alemania ha demostrado ser más correcto”, dice Allen.

Gastar, gastar, gastar. El optimismo afecta al gasto en consumo. El 10 de noviembre la oficina estadística federal informaba que el gasto en consumo había aumentado 0,6% en el segundo trimestre del año, después de haberse contraído durante los tres trimestres previos. Con predicciones optimistas de los minoristas para la Navidad, y el comité de asesores económicos del país prediciendo un aumento del 1,6% del gasto en consumo para 2011, los analistas prevén la tanto de las exportaciones como del sector doméstico.

El mercado de trabajo también goza de muy buena salud. Los políticos de la coalición muestran orgullosos las cifras federales mostrando que el desempleo cayó en octubre por debajo de los tres millones por primera vez en 18 años. Ajustada por la estacionalidad, la situación es menos optimista: 3,15 millones de desempleados registrados, o lo que es lo mismo, 7,5% de la fuerza de trabajo. No obstante, en comparación con el 8,2% del pasado año o los más de cinco millones de desempleados en 2005 –o con la tasa media del 10,1% para la zona euro-, son buenas noticias. Se predicen tasas del 7,7% para 2010 y del 7% para 2011.

En opinión de Christian Terwiesch, profesor de Gestión de las Operaciones y de la Información en Wharton nacido en Alemania, es “increíble” que la tasa de desempleo del país sea ahora más baja que la de Estados Unidos –cercana al 10%-, porque tradicionalmente siempre ha sido más elevada.

Es importante resaltar que Alemania ha logrado evitar un importante incremento del desempleo en parte gracias a las reformas introducidas durante la década antes de la crisis, medidas cuyo objetivo era combatir las manifiestas inflexibilidades de su mercado de trabajo.

Como consecuencia de la cooperación entre directivos y comités de trabajadores las subidas salariales se congelaron a cambio de la protección de los empleos. Alemania, dice Terwiesch, tiene la suerte de contar con “sindicatos moderados…. Y el consenso social suele tener más importancia que el clima político”.

También ha tenido importancia un programa que promueve reducir las horas de trabajo y donde las subvenciones se pagan a las empresas que mantienen a sus trabajadores.

El programa, señala Terwiesch, ha ayudado a Alemania a salir de sus peores tiempos. Aunque se ha tenido que pagar un precio –el programa costó más de 8.000 millones de euros sólo este año-, Terwiesch señala que el coste de despedir a gente habría sido mucho más elevado, en especial cuando muchas de esas personas que pierden su trabajo habrían tenido, dada su edad, muchas dificultades para encontrar uno nuevo.

El modelo alemán, orientado hacia las exportaciones y especializado en sofisticados nichos de mercado, ha dejado a sus empresas en una muy buena posición para satisfacer la demanda. Saikat Chaudhuri, professor de Gestión de Wharton que creció en Dusseldorf, dice que la orientación hacia las exportaciones del país en la relativa fortaleza de su recuperación no debería infravalorarse, ya que Alemania fue capaz de beneficiarse de manera prácticamente inmediata de las economías que se primero salieron de la crisis.

“El modelo alemán es fundamentalmente un buen modelo, y su comparativamente rápida recuperación es buena señal de ello”, explica Chaudhuri. “Comparémoslo con el Reino Unido, donde la transformación desde las manufacturas hacia los servicios ha dejado el país en tremendas dificultades a raíz de los problemas en el sector financiero. Con su potente sector manufacturero, Alemania tiene las espaldas cubiertas. Es un equilibrio muy importante”.

No obstante, Chaudhuri cree que Alemania necesita reforzar la demanda doméstica de importaciones; y eso a pesar de que el mercado local es relativamente pequeño. Pero ¿cómo podría hacerse cuando el modelo cooperativo –y sus restricciones sobre los salarios- ha contribuido a la recuperación, basada en las exportaciones, del país?

Analistas señala que las buenas noticias económicas podrían incrementar las demandas de los trabajadores, en especial porque los incrementos salariales en Alemania han sido frecuentemente contrarrestados por la inflación. A finales de agosto, se empezaron a oír voces en el sindicato IG Metal demandando un incremento salarial del 6% para los trabajadores del sector siderúrgico, una subida significativa teniendo en cuenta que el porcentaje pactado el pasado año fue 2%.

También ha habido rumores en otros sindicatos, como por ejemplo el sindicato de los trabajadores del sector público, llamado Verdi. En noviembre Siemens, la empresa de ingeniería y electrónica, seguía la estela de otras empresas prometiendo primas para sus empleados, su primera prima en muchos años.

Estimular la demanda doméstica contribuiría a la recuperación del país y además sería del agrado de los socios comerciales europeos. Pero Terwiesch señala que las demandas salariales son un arma de doble filo. Estimular la demanda doméstica o mantener la fortaleza de sus exportaciones es una decisión compleja, y de todas formas el mercado de las exportaciones sobrepasa en tamaño al doméstico.

 

Esta tensión nos lleva a otro tema: la capacidad de Alemania para diversificar. Terwiesch sostiene que Alemania necesita aprender a adoptar más riesgos y hacerse más innovadora. “Fuera de las áreas en las que tradicionalmente destaca, la capacidad de emprendimiento e innovación son muy débiles y no acompañan al resto de la economía”, dice. “Adoptar algo de riesgo no le haría daño, en especial cuando el entorno global está cambiando y haciéndose más competitivo”. Alemania, sostiene, “debería ser el líder en todas las industrias y fuerte en cada uno de los sectores”.

Esto convertiría al país en un sitio perfecto para, por ejemplo, el desarrollo de 291, las cuales necesitan una tecnología altamente sofisticada, permitiéndole aprovechar las ventajas adquiridas en sectores como el de componentes automovilísticos.

Es más, el gobierno alemán hace bandera de su apoyo a las tecnologías verdes, por ejemplo implementando aranceles que obligan a las empresas de servicios públicos a comprar energía renovable. “El mercado internacional quiere productos alemanes”, señala Terwiesch. “Esto hace muy probable que a Alemania le vayan muy bien las cosas en el mundo verde”.

Migración Este-Oeste. Un enfoque como este también podría pagar dividendos en el tema que más preocupa a Alemania desde su reunificación: la enorme brecha entre las economías oriental y occidental. Aunque sólo unos pocos alemanes del este desearían que los viejos tiempos volviesen (una encuesta reciente mostraba un apoyo del 91% a la reunificación), la enorme disparidad en riqueza y perspectivas de futuro para los orientales son fuente de enormes tensiones, obligando a muchos jóvenes del este a migrar a la otra parte para incrementar sus estándares de vida. En cuanto a los alemanes del oeste, también existen ciertos resentimientos vinculados al coste de la reunificación; en 2009 se transfirieron 80.000 millones de euros al este.

Según diversos expertos, hay muchas cosas que se podrían criticar en relación al modo en que se hizo la reunificación. Allen y Chaudhuri citan los costes de la conversión de la moneda en 1990 y el efecto de la reunificación sobre la industria de Alemania del Este. Tal y como señala Chaudhuri, “Alemania era un país sin deudas… hasta entonces”. Para Allen, el tema más importante es “la distribución poco equitativa de la riqueza”. Pero a Terwiesch le importan más las cosas que sí han salido bien. “Que funcionase fue un increíble logro político”, explica. Debe pasar un tiempo antes de que semejante cambio cultural memorable cristalice. Allen sugiere que se necesitarán de diez a veinte años para que los problemas en el este se resuelvan, así que la migración desde el este hacia el oeste es muy probable que continúe.

Frank Trommler, ex director del programa de humanidades en el American Institute for Contemporary German Studies y profesor de alemán en la Universidad de Pensilvania, dice que aunque la historia ha maldecido las expectativas de una mejor vida para muchos alemanes de este, tiene esperanzas de que las jóvenes generaciones más, que crecerán sin haber experimentado lo que es vivir en un país dividido por un muro. Lo que el este necesita, añade, es una generación joven de empresarios, pero muchos ya se han ido.

Tanto a Trommler como Chaudhuri les gustaría ver cómo los centros de relativa prosperidad del este –alrededores de Dresde-, se convierten en referentes de la innovación de altas tecnologías. El este, dice Trommler, “puede ser innovador, pero se necesitarán no diez años, sino 20 o 30. Alemania Occidental tiene industria tradicional. Sin la industria verde o de altas tecnologías se envía al este, esto podría generar esperanza”. En los alrededores de Bitterfeld y Wolfen, hace tiempo el centro neurálgico de la industria química de Alemania del Este, empiezan a surgir empresas de energías renovables, pero el empleo sigue siendo escaso incluso en la zona.

Chaudhuri está de acuerdo. “El este necesita zonas económicas especiales, no sólo subvenciones”. Esas zonas podrían facilitar la identificación y fomento de ganadores en sectores como los semiconductores o energías alternativas, aunque los cambios necesitan su tiempo. Chaudhuri añade que él cree en el gran potencial del este, en particular en su “fantásticas” instituciones educativas, como las universidades de Humbolt o Jena, que podría beneficiar a sectores orientados hacia la investigación.

Alemania tendrá que enfrentarse a otros muchos retos. El primero es su sistema educativo. Aunque las universidades del país normalmente han tenido en gran estima a los profesores con cualificación técnica, en Alemania se necesitan más años para conseguir la licenciatura que en otros países; asimismo, muy pocas universidades alemanas están dentro de los rankings internacionales. Con semejante sistema, dice Chaudhuri, Alemania “se está pegando un tiro en el pié”.

Terwiesch señala que en Alemania la mayoría de las innovaciones tienen lugar en las empresas, no en las universidades, y el gasto gubernamental en investigación y desarrollo es bajo. Lo que se necesita, dice, es crear una especie de centro neurálgico de innovación del tipo de los que se han creado con enorme éxito en universidades como MIT y Stanford.

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Otro reto es la envejecida y menguante población de Alemania: el número de niños por mujer ha caído por debajo de la tasa de reposición en los 70, y algunas estimaciones afirman que para 20150 la población podría descender hasta los 14 millones (en la actualidad 82 millones). La resultante carga sobre los costes de las pensiones y la escasez de individuos cualificados resulta obvia. Una solución natural seria que Alemania emplease de una forma más eficiente su fuerza de trabajo disponible. Un sistema que no tiene en cuenta las necesidades asociadas al cuidado de los niños es garantía de que las mujeres seguirán estando infra-empleadas, señalan los expertos. Los inmigrantes también están siendo infra utilizados en un país en el que tienen grandes dificultades para conseguir la nacionalidad o para que sus títulos extranjeros se reconozcan. “Se están necesitando mucho tiempo para romper con la tradición de considerar a los inmigrantes como ciudadanos de segunda clase”, dice Trommler.

Tensión teutónica. En la actualidad Alemania está en un momento de cambios, con resultados económicos relativamente buenos en un entorno mundial plagado de dificultades y disfrutando los beneficios de las reformas llevadas a cabo en el pasado; pero también soportando una tensión teutónica en relación con el futuro y su invencible modelo de crecimiento basado en las exportaciones. En este sentido, Merkel (a quien Chaudhuri describe como “político dominante, pero a veces no lo suficiente”) representa muy bien a su electorado, incluso ahora que su popularidad ha caído.

Aunque las relaciones de Alemania con el resto de Europa son bastante tensas en la actualidad, el país sigue entusiasmado con la idea de Europa o de formar parte de la zona Euro. A pesar de tener que aprobar planes de rescate para Grecia, Alemania gana mucho formando parte de la unión. “El euro ha funcionado muy bien para Alemania a pesar de la pérdida de soberanía en materia monetaria”, sostiene Terwiesch. “Como país exportador, es fiero defensor del euro”. Allen sugiere la posibilidad de que Alemania abandone la moneda si Grecia se declarase en suspensión de pagos. Pero Trommler y Chaudhuri, a igual que Terwiesch, consideran que es poco probable.

“El euro es una parte fundamental para conseguir que Europa sea una realidad a pesar de no contar con una estructura política”, señala Trommler. Y como “Alemania quiere estar en el centro de Europa”, seguirá siendo un buen miembro del equipo.