Brasilia. El principal socio de coalición de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, pareció tomar distancia de una reyerta con el partido oficialista, pero dijo que quería un mayor espacio en la toma de decisiones del nuevo Gobierno.

Las señales de reconciliación tuvieron lugar luego de una lucha por el poder entre el centrista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) y el Partido de los Trabajadores (PT) de Rousseff por preciados puestos en el nuevo gobierno y en empresas estatales.

La disputa amenazó con desestabilizar a la coalición de centro izquierda de 10 partidos de Rousseff sólo días después de que asumió su mandato, y podría haber puesto en riesgo su agenda legislativa.

El PMDB se quejó de que no se le habían dado suficientes cargos en el nuevo gobierno, lo que provocó que Rousseff dejara pendientes nuevas designaciones esta semana.

En un intento por presionar a Rousseff, el PMDB amenazó con impulsar un aumento del salario mínimo más allá de un modesto incremento de 5,9% a 540 reales (US$319), lo que habría minado el plan de su gobierno de reducir el gasto público descontrolado.

Sin embargo, el vicepresidente Michel Temer dijo este martes que su partido no se enfrentaría al gobierno en esa propuesta.

"El PMDB no se opondrá a la propuesta del gobierno si no puede ir más allá de 540 reales", dijo Temer a la prensa en Sao Paulo.

El ministro de Hacienda, Guido Mantega, había advertido que Rousseff vetaría cualquier incremento del salario mínimo que fuera más allá de la propuesta actual.

Presidencia de la Cámara. El PMDB también cumplirá con su promesa de apoyar al PT en su intento por ocupar la presidencia de la Cámara de Diputados, aseguró Temer.

Ese cargo es esencial para que Rousseff pueda lograr la aprobación de proyectos de ley claves, incluida una reforma propuesta al aparatoso sistema tributario que entorpece el clima de inversiones de Brasil.

Sin embargo, el PMDB, que tiene el mayor número de escaños en el Senado y es la segunda mayor fuerza en la Cámara baja, exigió participar en reuniones de gabinete regulares sobre temas políticos, reveló Temer.

Los analistas afirman que la temprana disputa muestra lo volátil que es el apoyo político a Rousseff, pese a que probablemente ella y Temer resolverán sus diferencias en el corto plazo.

Incluso su enormemente popular predecesor, Luiz Inácio Lula da Silva, vio frustradas grandes iniciativas legislativas por la intransigencia de sus aliados.

"Acostúmbrense. Habrá mucho ruido político en los próximos cuatro años", dijo André Pereira Cesar, un consultor político con sede en Brasilia.

"Los conflictos, amenazas, acusaciones, Dilma necesitará todas las habilidades de negociación que pueda reunir", añadió.

Rousseff, de 63 años, ocupa un cargo de elección popular por primera vez, después de que ejerció una carrera como una respetada tecnócrata gubernamental.