El resultado de las municipales dejó en evidencia, una vez más, la distancia que existe entre los ministros presidenciables Andrés Allamand (Defensa) y Laurence Golborne (Obras Públicas).

Y no se trata sólo de estilos, como la decisión de marginarse en el caso del primero de la campaña municipal y de apoyar a quienes competían por la Alianza en el caso del segundo, sino que en definiciones políticas a la hora de enfrentar la derrota que sufrió la Coalición.

El primero en llegar a Palacio y luego en enfrentar los desfavorables resultados fue Allamand, quien buscó dar una imagen de estadista: hizo el análisis macro, sin entrar en el detalle de las comunas.

Y un hecho no menor. Su análisis en el patio de Los Naranjos culminó con efusivos aplausos de sus asesores y un abrazo de su esposa, la ex diputada UDI Marcela Cubillos.

“Ésta no ha sido una buena elección para la centroderecha y el gobierno”, abrió los fuegos Allamand.

El ex senador RN, que sabe de traspiés electorales, señaló que “he aprendido que, en política, siempre hay que ganar con humildad y cuando se enfrenta la derrota, hay que tener con mayor fuerza convicciones. Tengo la plena certeza de que el proyecto de la centroderecha es plenamente válido para Chile y que si las cosas las hacemos bien, con unidad y coraje y sin derrotismo, es posible revertir un resultado que ha sido adverso”.

Tras señalar que se debe hacer un “mea culpa” respecto de por qué no se logró motivar a la ciudadanía, Allamand expresó que no sería él quién analizaría los errores que condujeron a este resultado. Asimismo, declinó referirse a casos específicos de comunas.

Mensajes. A renglón seguido y luego de expresar preocupación por la alta abstención, el ministro de Defensa lanzó una serie de mensajes implícitos a su sector con miras a la definición del candidato presidencial de la Coalición.

“Aquí se demostró el fracaso rotundo de las encuestas y de la política en la que se toman decisiones con cargo a encuestas que finalmente no dan pie en bola. Lo que se ha demostrado es que candidatos a los que no se les atribuía ninguna posibilidad de triunfo, han conseguido éxitos notables”, aseveró Allamand.

Si bien sus palabras se referían al tema municipal, no es menos cierto que apuntaban a la dirigencia gremialista, que –en más de una ocasión- ha señalado que se debe privilegiar a quién mejor marque en las encuestas.

En el caso del oficialismo, el presidenciable que aparece con mejores opciones -en los sondeos de opinión- frente a la casi segura carta de la oposición, Michelle Bachelet, es Golborne.

Respecto de su opción presidencial, Allamand buscó marcar diferencias con Golborne, al señalar que “mientras sea ministro de Defensa, me mantendré estrictamente abocado a mis tareas ministeriales”.

Y lanzó el golpe de gracia al señalar que “la gente ha valorado que el ministro de Defensa no se haya involucrado en esta campaña”.

En la práctica, en el entorno de Allamand, fue bien evaluada su determinación de no acompañar a candidatos durante la campaña, pues se evitó correr el riesgo de que el fracaso se traspasara a su imagen.

Dciha situación sí podría ocurrir en el caso de Golborne, quien respaldó -entre otros- a Zalaquett, Joaquín Lavín León, Sol Letelier, Daniel Escobar y Emilio Armstrong. Todos perdieron frente a los postulantes de la oposición.

Asimismo, Allamand expresó que “la ciudadanía no quiere campañas sin contenido, donde lo único que aparecen son palomas, donde no se diferencian los proyectos y no se plantean con claridad cuáles son las alternativas para el país”.

“Los candidatos que tuvieron convicción, que pusieron por delante sus ideas, que plantearon a sus electores una visión y un proyecto han salido adelante”, agregó.

Y en un mensaje a los ex alcaldes de Providencia, Cristián Labbé, y de Santiago, Pablo Zalaquett, sentenció que “la humildad siempre es importante en la vida y en política cuando no se es humilde, se pagan las consecuencias”.

Tiraje de la chimenea. Poco después, en el mismo escenario, el titular de OO.PP. dijo que tras la derrota de la Alianza, hay “un par de lecciones que sacar: el resultado es una demostración clara de que la desunión no conduce a ninguna parte, que cuando hay cohesión y coherencia de propósitos se logran más resultados y está en ir directamente hacia los problemas que la gente tiene”.

Es que Golborne sabe que su fortaleza es aparecer como independiente y cercano a la gente, asunto que ha buscado explotar en su recorrido por diferentes comunas del país.

A su juicio y a diferencia de lo que opina Allamand, “en la vida no hay derrotas ni triunfos absolutos. La Coalición va a sacar 38% de los votos, es una situación importante. Hay que hacer una revisión”.

“Hay que hacer un análisis detallado para atender a esa señal que nos ha dado la ciudadanía. Es necesaria una renovación en la política, llevamos 20 ó 30 años en un mismo ciclo. La sociedad está cambiando y eso amerita una visión distinta con una proyección nueva”, expresó.

Sus palabras pueden ser interpretadas como un mensaje a quienes lideraron el proceso de derrota de la dictadura y la transición, como el mismo Allamand, respecto de la necesidad de un tiraje de la chimenea en política.

Luego de señalar que “el gobierno no está en tela de juicio”, Golborne declinó “polemizar” con Allamand, argumentando que “uno de los graves errores en la política es este afán de seguir polemizando respecto de lo que una persona hace o no hace”.

“Uno es libre de tomar las decisiones que estime conveniente en su vida y no podemos discutir cuál es acertada y cuál no. Cada cual se comporta de la manera que considere correctas. La humildad no tiene relevancia”, señaló en respuesta a la prescindencia de Allamand en este proceso y la crítica del ex senador RN a candidatos que resultaron derrotados.

Agregó que “hay que pensar en proyectos colectivos. Creo en proyectos comunes y tengo la firme intención de colaborar en un proyecto de la Coalición por el Cambio para llegar a la Presidencia en 2014. Quién conduzca ese proyecto, será algo que se verá en su momento”.

Terminada su intervención, Golborne se retiró en compañía de sus asesores y se dirigió a la plaza de la Constitución para tomar su automóvil particular y dirigirse a la casa de Zalaquett.

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