-El año comenzó con la perspectiva de consolidar un horizonte socialista ¿Hasta qué grado se ha consolidado este objetivo en esta etapa inicial?

-Cuando uno plantea el horizonte, es un camino de largo plazo, de décadas, pero ello requiere varias cosas para que se vayan dando pasos prácticos: un Estado fuerte, un movimiento social fuerte y una capacidad de irradiación del proyecto a otros sectores sociales para consolidar legitimidad y hegemonía histórica. En los tres se han dado pasos interesantes.

En el caso del Estado fuerte se han dado pasos muy importantes, se ha consolidado en más de 30% la presencia del Estado en la economía, que es un elemento decisivo porque esto nos garantiza posibilidad de producción de riquezas y redistribución de riquezas, elementos centrales de este nuevo horizonte. La consolidación de la nacionalización del ámbito eléctrico, junto con el avance en el potenciamiento de otras instancias económicas del Estado, pequeñas y medianas empresas, habla de que se está trabajando. Se pueden hacer cosas más rápidas en el tema de hidrocarburos, de industrialización, quisiéramos avanzar más rápido, pero tiene sus plazos, sus límites técnicos.

-¿Lo segundo?

-Movimiento social fuerte, diverso pero a la vez fuerte, que marca derroteros de nuestras acciones. Existe, está presente, se ha manifestado durante varias actividades, la última el tema del decreto (sobre el incremento de la gasolina) ¿Qué es lo particular de esta presencia del movimiento social? Es la dinámica interna de tensiones, que es bueno, porque de la lucha entre dos líneas o entre tres hay una línea correcta al interior del movimiento popular. Hay un movimiento obrero aún débil, hay que buscar potenciarlo, pero está claro que hay presiones al interior del movimiento social, necesarias, creativas, que enriquecen la dialéctica de la historia revolucionaria y los gobernantes debemos estar muy atentos a ver esas tensiones, a ver la riqueza de esas tensiones. A aprender de ellas y buscar los mecanismos para superarlas.

-¿Y qué pasa con la necesidad de irradiación del proyecto?

-Esta hegemonía histórica se consolida pese a que comienza a asomar la presencia de una derecha política, pero una derecha histérica, bulliciosa, que no es propositiva porque no tiene proyecto. Si revisamos lo que queda, los residuos de Podemos, UN, hasta (Juan) Del Granado, es una derecha que no tiene un proyecto propio, no tiene un proyecto de sociedad, de autonomía, de industrialización distinto. Entonces es una muestra de que esta hegemonía histórica, de cómo el trabajo de la sociedad, la ruta de la sociedad, está enmarcada en esos tres ejes que habíamos mencionado años atrás: plurinacionalidad, autonomía (desconcentración del poder) y economía plural con industrialismo y vivir bien. Esta hegemonía histórica del movimiento indígena campesino está presente. Nunca es definitiva, habrá que seguir trabajando, seguir expandiendo, habrá que seguirla consolidando en sectores medios, pero aun en los momentos conflictivos de fin de año se mostró de que del horizonte del país, del sentido común del país, de la política, la economía y la sociedad, se movía entorno a ese trípode histórico, de momento sólido y expansivo.

-Dada la importancia del segundo eje que menciona. ¿Qué enseñanza le deja al gobierno la última decisión sobre el Decreto 748? ¿No será que la consulta a los sectores debió realizarse antes y no después?

-Las consultas se hicieron en términos generales y en general la idea es proteger los bienes del Estado, términos generales es la exigencia de los movimientos sociales de proteger lo que nos pertenece para que no se vaya afuera, nacionalizar el excedente económico, es decir que la riqueza de un país se territorialice en un país. El contrabando es una de esas cosas, de esta sangría, de esta externalización de los recursos del Estado; entonces el mandato era ‘retengan los recursos’ y en términos generales estábamos cumpliendo ese mandato: retener, nacionalizar, controlar lo que es nuestro y que no se vaya afuera a beneficio privado. Un nivel de consultas generales fue con varios sectores sociales, no solamente con dirigentes, sino también con las bases, cuando explicábamos los efectos del contrabando. No decíamos vamos a subir el precio de la gasolina, pero decíamos que esto nos está afectando y la gente decía sí, hay que ponerle freno a eso. No se entró al detalle técnico de cómo retener, pero se cimentó una conciencia de que el contrabando nos hacía daño, que la diferencia entre mercado interno y externo era tan grande que se daba lugar a un mercado negro, abusivo y que afectaba los recursos del pueblo.

Fueron dos niveles de consulta general que hizo el gobierno, la decisión técnica, cuánto subir y cuándo subir, no lo comunicamos porque se iba a generar una oleada sucesiva especulativa. Se enteraba un grupo de dirigentes o de bases y empezaban a acumular la gasolina desde ese día. Ése era el riesgo, ya en la parte decisoria y técnica es algo que algunas veces no se lo puede informar.

-¿Calcularon otras consecuencias de la medida?

-Está claro que cuando se da, cuando se toma la decisión, hay un efecto inmediato, que ya lo habíamos más o menos calculado: el efecto inflacionario de esta medida y los efectos en los bolsillos de las personas. Inmediatamente, teníamos un conjunto de medidas redistributivas de la riqueza que permitían aminorar los efectos, pero lo que  más afectó, lo sintió la gente, y que modificó el escenario previsible del impacto, fue el incremento abusivo del autotransporte del 100%. Injustificable, pero real, se dio. Aprovecharon fin de año, cuando la gente no protesta tanto, y entonces dijeron: ‘Ahora hacemos nuestro agosto’. Eso generó un estado de mucho malestar. Entonces, éste es un elemento que no lo habíamos calculado en toda su dimensión y que fue el que generó un mayor efecto de rechazo. Si el autotransporte habría actuado con mayor responsabilidad...

-De todos modos Vicepresidente ¿No habrá sido un error abrogar el Decreto 748?

-No, en esto no hay errores. Oír a la gente nunca es un error. Esto es un aprendizaje y nosotros no lo vemos como un error. Como el mandato del pueblo, entendía que el problema era grave para el país, que esos millones de dólares que se iban de subvención y de contrabando podrían ser retenidos para beneficio mayor de la gente, pero había efectos colaterales que eran también demasiado duros, como estos incrementos incontrolables del precio del transporte. Dijeron la medida es buena, pero no ahora, la medida es necesaria, pero no estamos preparados. Ése era el discurso muy sincero que nos decía el pueblo.

-Era buena pero no oportuna, no era el momento...

-Lo que pasa es que en el fondo nadie podía calcular con precisión el conjunto de efectos totales. Ya hubo algunos efectos generales que vimos y que la propia gente lo sabía, pero se generaron otro tipo de efectos que al final fueron muy fuertes y por eso las organizaciones decían: ‘Estamos de acuerdo, pero no lo hagan ahora, dense un tiempo, preparen a la gente’. Lo importante es que la gente entendió que ésta no era una decisión arbitraria en contra de las personas, el gobierno nunca va a tomar una decisión en contra de las personas, del pueblo.

-Si la gente entiende y el ajuste llegará tarde o temprano ¿Ahora cómo se lo va a hacer?

-En primer lugar no va a ser una medida sorpresiva. El pueblo nos ha dicho que en este tema no y lo entendemos. Va a ser, si se da, una medida definida, propuesta, acordada y sugerida por los principales sectores sociales, urbanos y rurales de nuestra sociedad.

-¿Un referéndum?

-No. Hay otras formas de referéndum continuo, que es lo que hace este gobierno. Nosotros hacemos un referéndum cada semana, aunque unos no entienden esta manera de hacer política, pues tienen una mirada bien burocrática de las cosas.

Nosotros hacemos referéndum, nuestra gente, nuestros ministros, nuestros viceministros, el presidente a la cabeza, el vicepresidente, se pasan en asambleas, reuniones, cabildos, encuentros de barrio; entonces nosotros captamos, captamos el estado de ánimo y las pulsiones que están dadas al interior del pueblo boliviano y cualquier otra medida que en algún rato tenga que tomarse, de aquí a cinco años a cuatro o tres, va a ser un hecho deliberado, un hecho discutido, debatido públicamente, en el que la sociedad misma se comprometa a definir los efectos, los alcances de esta decisión. Vamos a ser muy respetuosos, el presidente de hecho ha planteado la necesidad de una gran cumbre social para debatir este tema.

-Este sábado se cumple un año más de la gestión de gobierno de Evo Morales. ¿Cuáles considera que son los principales logros del periodo que concluye y cuáles las principales metas a lograr en el que se inicia?

-El mayor logro es haber consolidado el modelo económico. Pese a los detractores que están en la actitud de la política histérica, existe una economía muy sólida. Por ejemplo la disminución del desempleo, y eso no lo dice el gobierno, sino la gente de la OIT, saquen esa conclusión: la economía con mayor caída del desempleo en los últimos años es obra de un aparato económico en movimiento. Y cuando nos dicen que podemos hacer más, por supuesto que podemos hacer más, pero los resultados son muy contundentes: reservas internacionales de US$10.000 millones y eso no es solamente macroeconomía, es micro. Es una economía en crecimiento, una economía que se diversifica en sus actividades. Entonces hemos consolidado este modelo de desarrollo nacional productivo con el estado a la cabeza, con sectores privados nacionales pequeños, medianos y comunitarios creciendo. Yo diría que ése es el principal logro y el presidente de hecho va a mostrarnos las cifras reveladoras sobre este tema, nuestro modelo de desarrollo nacional productivo exitoso, superior a los anteriores, al neoliberalismo y al nacionalismo revolucionario de los años 50, en sus resultados macros, en sus resultados micros, en sus resultados de distribución de la riqueza.

-¿Además de la consolidación del modelo económico?

-Yo diría que el segundo logro es la construcción de la institucionalidad, de la institucionalidad del nuevo Estado Plurinacional, el trabajo de la Asamblea Legislativa, la construcción de leyes, las leyes estructurales, un cambio mismo en la Asamblea Legislativa para crear esta institucionalidad. Faltan otras 100 por delante, pero se trabajaron leyes muy importantes este año, que colocan a la Asamblea en un papel muy productivo, muy eficiente y muy comprometido con la Constitución Política del Estado, que es un gran logro.

-¿Hay un tercero?

-Mencionaría este despegue de YPFB, despegue interesante, de ajustar contratos, de pelear con la petroleras, de buscar funcionarios y técnicos que le vayan dando vuelta a YPFB, ya se ve un YPFB mucho más sólido. YPFB es hoy la madre de la economía boliviana, Bolivia vive de YPFB, 45% de nuestras exportaciones son de YPFB y eso es triple ingreso para los municipios, doble ingreso para las gobernaciones, es Bono Juancito Pinto, es Renta Dignidad, es Juana Azurduy y nos ha permitido consolidar que somos el país que más dinero entrega, directa e indirectamente, a su población, en América Latina, por encima de Brasil. El 2,5% del PIB del año 2010 ha sido entregado directa e indirectamente a la sociedad, el segundo que en América Latina en distribución de recursos es Brasil, con el 1,7% de distribución de su PIB y luego vienen otros países. Pero Bolivia ocupa la vanguardia en la capacidad distributiva de la riqueza, eso es un gran logro.

-¿Y cuáles han sido los traspiés, las dificultades?

-Industrialización. Hemos tenido atrasos, que tienen que ver también con los hilos técnicos en el tema. Se han dado, se han hecho cosas importantes, pero se podrían haber hecho cosas mucho, mucho más rápidas en ello.

-¿A qué se refiere con dificultades con los hilos técnicos?

-Hemos enfrentado la carencia de cuadros técnicos para asumir los nuevos retos. Por eso es una gran oportunidad para este año, para el 2012, formar cuadros técnicos para la industrialización, cuadros técnicos para el satélite, para el litio, para la agricultura, cuadros técnicos comprometidos con su país y con suficiente conocimiento para poder acelerar estos procesos de gigantescas inversiones que está haciendo el Estado. No se olviden que en cinco años, como nunca pasó en Bolivia, la inversión pública se ha multiplicado por cinco, es una cosa extraordinaria, jamás se había dado en la historia económica de nuestro país.

-¿Y la relación con los movimientos sociales?

-Un tercer reto, que a la vez es debilidad, es el de la conducción de los movimientos sociales. Toda una camada de luchadores sociales, de los sindicatos, de los gremios, de los barrios, hoy ocupa funciones públicas. Gente que se fogueó en marchas, en luchas, en la persecución, en la resistencia, de gran formación política y que en medio de cuadros técnicos conduce, a modo de comisariato político bolchevique. Técnicos con un conductor político, es clave porque son hombres que mantienen la línea del Estado, la línea del gobierno, la línea del pueblo. Rodeados de técnicos, ahí se han incorporado, y ahora son alcaldes, concejales, parlamentarios, asambleístas departamentales, viceministros, ministros, presidente, eso es bueno. Hay una gran presencia e inclusión de sectores populares en el Estado, en la conducción del Estado, así tenía que ser, pero el otro pedazo del Estado, los movimientos sociales, han quedado desguarnecidos con una generación nueva de dirigentes no fogueados en las antiguas luchas, muy rápidamente ascendidos a cargos de conducción y sin todavía una sólida formación ideológico-partidaria.

-¿Cómo afecta esto al proyecto de largo plazo?

-Ahí hay un desfase, hemos dejado parte de la conducción de los movimientos sociales, en niveles intermedios, superiores y medios, a una nueva generación todavía no muy sólida en los principios programáticos de este proceso histórico. Entonces es una debilidad, porque nuestro Estado es un Estado, es un gobierno de movimientos sociales y su fuerza, su continuidad, depende de la vitalidad del movimiento social. No nos imaginamos la continuidad de un proceso de cambio al margen de los movimientos sociales. Tiene que haber una conducción en sus brazos medios e intermedios con una formación y una fluidez ideológica-política, no solamente igual a la de los antiguos dirigentes, sino incluso superior, mayor, más radical, ojalá fuera más radical todavía, para que permita eso profundizar y acelerar los grandes cambios que están en marcha.

-A propósito de eso, ¿qué lección deja lo sucedido en Caranavi, Uncía o Potosí? ¿Hasta qué grado hay que escuchar, hay que darle poder al pueblo?

-Jamás hay que poner en duda el poder del pueblo, siempre hay que entregarlo, nosotros somos el poder del pueblo organizado, no nos imaginamos de otra manera, jamás nos imaginamos como un grupo de funcionarios burócratas del Estado que actúan como una élite aislada de la sociedad. Somos gobierno con el pueblo, con los movimientos sociales y empoderando al pueblo, o no somos gobierno. No valdría la pena tanta lucha, tanto esfuerzo, tanto sacrificio, de otra manera. No nos imaginamos como un estado hegueliano, de una élite de funcionarios portadores de la representación del pueblo, nos imaginamos como un Estado integral, un Estado permanentemente fusionado y  crecientemente disuelto en la propia sociedad. No hay la menor duda de que el pueblo tiene que tener poder, debe y vamos a seguir haciendo todos los esfuerzos para que tenga mucho más poder, todo tipo de poder, el pueblo, no una élite.

-¿Cómo evalúa la relación con tres instituciones: Iglesia, FF.AA. y medios de comunicación?

-Con la Iglesia, desde el libertador Sucre no se había tomado el toro por las astas para construir un Estado moderno y un Estado moderno es un Estado laico. Nadie se animó a desmontar la última de las estructuras coloniales de nuestro país, la fusión entre la Iglesia y el Estado es una herencia colonial. A Sucre le doblaron el brazo, le hicieron retroceder porque la sociedad todavía no estaba preparada, ahora hemos hecho una sana, necesaria, obligada separación en la construcción de nuestra modernidad estatal.

-¿La Iglesia lo ha entendido?

-No, porque hay algunos jerarcas de alto nivel que quieren seguir tratando a Bolivia a la vieja usanza colonial. Que quieren seguir tratando a los bolivianos como pongos. Pero eso se acabó, la gente ya no lo acepta.

-¿Fuerzas Armadas?

-Hemos consolidado una política de Estado de la relación FF.AA.- sociedad y estamos muy orgullosos de aquello. En tiempos de dictadura las FF.AA. se atribuían el tutelaje del país, en tiempos de democracia no había un papel para ellas, los gobiernos de turno las usaban para temas personales, para reprimir, para meter bala en el Chapare, para subordinarlas a personal extranjero. No había un rol para ellas en democracia y nosotros lo hemos construido y nos sentimos muy orgullosos: el rol de las FF.AA. en democracia es la preservación de la institucionalidad democrática y constitucional, la defensa de las riquezas y recursos naturales del país y el potenciamiento del desarrollo.

-¿Y la relación con los medios?

-Hay medios y medios, pero hay una creciente manipulación política de los medios privados, fundamentalmente televisión. Políticos dueños de los medios de comunicación, empresarios que les fue muy mal en las elecciones, que perdieron poder político, que perdieron poder electoral, se han atrincherado en sus medios para hacer, a través de los medios, lo que no son capaces de hacer en la Asamblea Legislativa. Eso es muy grave porque es una prostitución del medio, es un uso desvirtuado de la función del medio, de construcción de sentido común, de formación, de construcción de opinión pública. Algunos medios son partidos políticos extracongresales. Ante la ausencia de partidos políticos de derecha, algunos medios se han convertido en el partido político. Entiendo que es el último refugio de sectores conservadores algunos medios, perdieron el control del gobierno, perdieron el control del Congreso, perdieron el control de las asambleas y ahora se refugian en este último escenario.