China y EE.UU., dos de las naciones y las economías más grandes del mundo, comparten muchos intereses a pesar de tener también diferencias. Pero para que prosperen los lazos bilaterales, los responsables de ambos países tienen que centrar su energía en buscar la base común, en vez de actuar de manera imprudente buscando lucrarse egoístamente.

Dado el significado global de los lazos China-EEUU, el actual séptimo Diálogo Estratégico y Económico China-EE.UU. (S&ED, siglas en inglés), que se está celebrando en Washington, ha llamado la atención a nivel mundial.

Mientras que muchos titulares de los medios de comunicación se centran en temas candentes como la ciberseguridad y el Mar Meridional de China, los lazos entre China y EE.UU. son claramente mucho más complejos y multifacéticos, e incluso en áreas donde ambas partes no están de acuerdo, existen maneras para reducir las fricciones.

Sobre el tema de la ciberseguridad, un problema recurrente es que algunos políticos estadounidenses no dudan en culpar rápidamente a China por cualquier supuesta violación que pueda dañar los intereses de EEUU, el indiscutible gigante nº1 en el mundo cibernético.

El habitual juego de apuntar con el dedo siempre está falto de pruebas concretas, y ha erosionado la confianza estratégica entre China y EE.UU., una de las relaciones bilaterales más importantes del mundo.

Para invertir esta tendencia, la parte estadounidense debe acabar con las acusaciones injustificadas contra China. A largo plazo, China y EEUU deberían trabajar juntos para establecer de manera conjunta las normas y los mecanismos de aplicación que deben guiar su uso del ciberespacio, para que ambas partes puedan navegar mejor por este dominio aún inexplorado.

Sobre el asunto del Mar Meridional de China, la principal preocupación de EE.UU. es la libertad de navegación por la zona, al menos según las declaraciones oficiales estadounidenses.

Como todo el mundo sabe, las disputas territoriales en el Mar Meridional de China nunca han impedido el libre tránsito de embarcaciones, ni la obstrucción de las principales rutas de transporte. Teniendo en cuenta que China es el mayor comerciante en la región, el país tiene más razones que nadie para mantener la libertad de navegación en el Mar Meridional de China.

EE.UU., que no es uno de los demandantes de las disputas sobre el Mar Meridional de China, debería acabar con este enfoque desequilibrado de presionar a China mientras mima a otros demandantes como Vietnam y Filipinas.

Pero esto no quiere decir que Beijing no de la bienvenida a un rol constructivo por parte de Washington en Asia, ya que, como ya ha dejado claro el presidente chino, Xi Jinping, la región Asia-Pacífico es suficientemente grande para acomodar a ambas partes.

Un desarrollo sin contratiempos de los lazos entre China y EEUU ayudaría no solo a los dos países sino a todo el mundo, y cualquier serio retroceso en sus relaciones será causa de preocupación mundial.

Se espera que Washington esté en la misma página que Beijing en cuanto a la construcción de un nuevo tipo de relaciones entre principales potencias basada en la cooperación de beneficio y respeto mutuos, en vez de en la confrontación y en los juegos de suma cero.