Sao Paulo. La elección presidencial en Brasil, que hace tres semanas parecía ser un triunfo seguro para la candidata oficialista, Dilma Rousseff, ahora parece en duda mientras crece la inquietud por sus cambios de opinión en temas sociales y un caso de corrupción en su entorno.

Rousseff aún tiene una ventaja clara de 8 puntos porcentuales sobre su rival, el opositor José Serra, para la segunda vuelta del 31 de octubre, según las últimas encuestas.

Pero el tono sorprendentemente combativo que usaron en un debate televisado el domingo, el primero desde la primera ronda electoral celebrada el 3 de octubre en el que ninguno logró la mayoría requerida para ganar, mostró claramente que, para ambos, el resultado está en duda.

Rousseff, visiblemente enojada por el reciente surgimiento como temas de campaña del aborto y de su fe en Dios, por momentos parecía la menos favorita puesto que no sólo fue la primera en atacar, sino que acusó a Serra de utilizar "mentiras" y "calumnias" para achicar una diferencia que llegó a 20 puntos porcentuales a fines de agosto.

"Usted tiene que tener cuidado de no quedar como que tiene mil caras", dijo, apuntándolo con el dedo.

Pero el mayor problema que enfrenta Rousseff es que la campaña se ha alejado de los temas fuertes de su partido como han sido los buenos resultados en materia económica durante los últimos ocho años, cuando unos 20 millones de brasileños salieron de la pobreza y el país se convirtió en uno de los "mimados" de los inversores externos.

Por su parte, Serra, con una energía y confianza que hasta ahora no había mostrado, insistió en las contradictorias declaraciones de su rival en temas sociales.

Rousseff se desdijo de comentarios que hizo en entrevistas pasadas en las que apoyó la despenalización del aborto. Las imágenes se convirtieron en un furor en YouTube en Brasil y llevaron a muchos votantes cristianos evangélicos y católicos a cambiar su opinión en los días finales de la primera ronda electoral.

La estrategia de Serra ahora es usar esas declaraciones no sólo para generar más dudas entre los votantes, sino también para tildar a Rousseff, una ex guerrillera marxista que compite por primera vez en una elección, como una mentirosa y radical.

"Esto no es una calumnia. Son cosas que dijo (...) y usted tiene que hacerse responsable de ellas", respondió Serra durante el debate del domingo a la noche.

Luego de una discusión en la que la voz de Rousseff se quebró de la furia, Serra miró a la cámara, sonrió y dijo serenamente: "Tengo que decir, estoy sorprendido por su agresividad (...) Ella está mostrando quién es realmente, ¿no es cierto?".

La diferencia entre los dos candidatos comenzó a achicarse el mes pasado luego de las revelaciones de un supuesto pago de coimas que involucró a una ex colaboradora de Rousseff, en un caso que revivió otros escándalos de corrupción durante los ocho años de Gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Hasta ahora, los mercados financieros habían minimizado la importancia de la elección, ya que el resultado parecía claro y ambos candidatos prometieron respetar la fusión de programas sociales y cuidadosa gestión económica que convirtió a Brasil en uno de los mercados emergentes de mayor crecimiento.

Sin embargo, los inversores podrían empezar a prestar más atención a la segunda vuelta.

La insistencia de Serra en que el real brasileño está sobrevaluado podría provocar volatilidad en los mercados de divisas extranjeros si se acerca a Rousseff en los sondeos.

En tanto, el uso por parte de Rousseff de la compañía petrolera estatal Petrobras como una herramienta política podría perturbar a algunos inversores y sugerir que la campaña ha ingresado en una fase más populista.

La candidata presentó la reciente oferta de acciones de la firma como un triunfo, en parte porque incrementó el control del Estado en la compañía, un comentario que podría impactar negativamente entre aquellos que temen que su Gobierno se vuelque más a la izquierda que el de Lula, su benefactor político.

El declarado apoyo del presidente saliente sigue siendo su arma más poderosa, sobre todo en el empobrecido nordeste brasileño, donde su popularidad es mayor y Rousseff tiene la mayor ventaja en las encuestas.

La candidata oficialista puede consolarse con el hecho de que, aun en la semana más dura de su campaña, logró mantener una ventaja de ocho puntos porcentuales según un sondeo de Datafolha, la encuestadora más respetada del país.

Serra enfrenta sus propios desafíos, incluyendo una reputación de elitista y el mal desempeño económico de su partido PSDB durante la década de 1990, un período que sentó las bases de la actual prosperidad brasileña pero también desencadenó numerosas crisis.

Rousseff ahora intentará presentar la elección como un referendo sobre el Gobierno de Lula versus el de su antecesor Fernando Henrique Cardoso, del PSDB.

El domingo, criticó varias veces a Serra por encabezar las privatizaciones de industrias claves cuando fue ministro de Planificación de Cardoso y lo acusó de querer subastar el petróleo recientemente descubierto a las compañías extranjeras.

Serra le respondió defendiendo su experiencia como una ventaja y usando la principal fortaleza de Rousseff -el apoyo de Lula- como otra señal de que es una peligrosa desconocida.

"Al menos el pueblo brasileño sabe que yo tengo opiniones propias", dijo Serra. "No me escondo en la sombra de otros", enfatizó.