El FBI acusó este jueves a las agencias de inteligencia de Rusia de interferir en la elección presidencial del 2016 en Estados Unidos, divulgando el reporte más definitivo hasta la fecha sobre el tema, que incluye muestras de código malicioso que habría sido utilizado en una campaña de ataques informáticos.

Desde mediados del 2015, el Servicio Federal de Seguridad (FSB) de Rusia, envió correos electrónicos con enlaces a código malicioso a más de 1.000 receptores, incluidos blancos del Gobierno de Estados Unidos, dijo la Oficina Federal de Investigación en un reporte de 13 páginas elaborado en conjunto con el Departamento de Seguridad Nacional.

Si bien el Departamento de Seguridad Nacional y la Oficina del Director Nacional de Inteligencia han dicho que Rusia estuvo detrás de los ataques de piratas informáticos registrados en octubre, el reporte es el primer análisis técnico detallado que entrega el Gobierno y el primer documento oficial del FBI.

Rusia ha negado reiteradamente las acusaciones de ataques informáticos.

El FBI emitió su reporte el mismo día que el presidente Barack Obama anunció una serie de medidas de represalia, incluida la expulsión de 35 operativos de inteligencia rusos y sanciones contra el Departamento Central de Inteligencia (GRU) y el FSB. El Kremlin criticó las acciones por considerarlas ilegales y prometió una respuesta "adecuada".

Según el reporte del FBI, entre los grupos afectados por los ataques informáticos estaban el Comité Nacional Demócrata (DNC, por su sigla en inglés), que fue infiltrado nuevamente a comienzos del 2016, por el GRU.

El reporte corrobora en los hallazgos de empresas privadas, como CrowdStrike, que investigó los ataques contra el DNC y otros lugares, y es un vistazo previo de una evaluación más detallada de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos que el presidente Barack Obama ordenó completar antes de que deje el poder en enero, dijo una fuente con conocimiento del tema.

Mucha de la información entregada en el reporte no es nueva, dijo la fuente, lo que refleja las dificultades de atribuir públicamente los ataques cibernéticos sin revelar a fuentes secretas o los métodos utilizados por el Gobierno.