Los treinta segundos de la conversación privada entre el presidente José Mujica y el intendente de Florida, Carlos Enciso, captados por un micrófono del servicio de prensa de la Presidencia de Uruguay, revelaron algo más que los calificativos de “vieja” y “terca” para Cristina Fernández de Kirchner, y de “tuerto” para al difunto jefe de Estado argentino, Néstor Kirchner.

El mandatario también susurró al jefe comunal blanco que para “conseguir algo” con Argentina, antes se debía dialogar con Brasil. Con eso, Mujica terminó de sincerar su pérdida de esperanzas con el gobierno K, que tanto palo en la rueda ha metido en la agenda bilateral.

Desde hace un tiempo, pero con más intensidad ahora, el presidente inclina la estrategia de relaciones regionales hacia Brasil, con quien mantiene un vínculo fluido y de donde cree obtener más resultados concretos. Así lo explicó ayer a El Observador una fuente del cuerpo diplomático uruguayo, que participa de forma directa en las conversaciones con el gobierno argentino.

El viernes pasado, cuando a un lado y otro del Río de la Plata la polémica por los dichos de Mujica estaba en la cresta de la ola, en Torre Ejecutiva el presidente uruguayo reunió a su canciller, Luis Almagro, y a su equipo más cercano para decidir qué hacer. Allí, según relataron a El Observador fuentes oficiales, el gobierno resolvió continuar en silencio y no pedir disculpas. En caliente, un día antes en Florida, Mujica había dicho que no recorrería todo el mundo para pedir disculpas. Y así procedió.

Pero las cosas cambiaron en una semana. El presidente se convenció que mantenerse quieto sin hacer olas no era suficiente. Este jueves, en su audición de la radio privada M24, pidió disculpas a la presidenta argentina, a quien horas más tarde le hizo llegar una carta personal. Al aire en la mañana, en el espacio llamado Habla el presidente, Mujica adelantó el argumento de sus disculpas que había incluido en la misiva.

“Debo pedir sentidas disculpas, a quienes pude lastimar, en estos días por mis dichos. Y sobre todo, que son como nosotros integrantes del sueño de patria grandes y federal”. Explicó que los términos en los que se refirió a Cristina y Néstor son propios de un lenguaje adquirido en su pasado en hogares pobres y cumpliendo pena en calabozos, durante la última dictadura (1973-1984). En ese intento de justificación, además, Mujica aludió a Carlos Gardel y lo que el cantante de tangos dejó “del bajo” en el modo de hablar de los habitantes de Uruguay y Argentina.

“Desde entonces reinan entre nosotros los sobrenombres: mono, camello, lagarto, tuerto, rengo, etcétera”, comentó. También Mujica criticó a la prensa y a su libre “juego de mercado”, nuevamente sin mencionar que su conversación privada con Enciso fue difundida a través de internet por la Secretaría de Comunicación Institucional de Presidencia (ex Sepredi).

Uruguay, sin embargo, no puede apartarse del todo de Argentina. En la agenda bilateral hay temas de gran importancia que no pueden solucionarse sin la voluntad de Buenos Aires. Hay ejemplos como el dragado del canal Martín García, que permitiría a los buques salir de puertos uruguayos cargados a tope para exportar productos. También el monitoreo conjunto de la planta de UPM (ex Botnia), pero sobre todo el intercambio comercial de productos como textiles. Hay industrias uruguayas que necesitan del mercado del vecino país .

El miércoles, Mujica asistió a una actividad del sindicato de metalúrgicos. Allí agradeció a los trabajadores organizados por recuperar empresas fundidas, y reflotó un acuerdo ya firmado con Brasil, por el cual se permitirá el libre pasaje de personas y mercaderías por la frontera con ese país. En junio de 2012, cuando en Río de Janeiro el presidente firmó ese acuerdo con Dilma Rousseff, comentó a El Observador: “Si no puedo bailar contigo, bailo con otro. Ahora es mano a mano con Brasil”.