Buenos Aires. El Congreso argentino está sacando del cajón el espinoso debate sobre los impuestos a la exportación agrícola, que dos años atrás sacudió al país, pero esta vez podría alcanzar un punto medio entre los planes de la oposición más dura y las ideas del gobierno.

Los analistas creen que, pese a ser minoría en el Congreso, el sólido bloque oficialista podría negociar un recorte marginal del tributo si acuerda con grupos de legisladores dispuestos a aceptar una baja leve

Esta semana, mientras una comisión dará sus sugerencias sobre el futuro de un vasto conjunto de atribuciones legislativas cedidas al gobierno, incluyendo el impuesto a las exportaciones agrícolas, los diputados opositores empezarán a tratar de consensuar una reducción del gravamen.

El impuesto de 35% aplicado a la retención de soja permitió recaudar unos US$4.000 millones entre y mayo.

Estos movimientos reabrieron un debate sobre los impuestos a las exportaciones del sector rural, conocidos como "retenciones", que alcanzará su clímax en agosto, cuando vencerá la delegación de facultades legislativas al Ejecutivo y la autoridad para fijar el tributo volvería al Congreso.

Ese podría ser un momento de alta tensión si todos los diputados de la oposición buscaran una fuerte baja de retenciones, como habían insinuado hace un año, y el gobierno los enfrentara, siguiendo su línea tradicional, para defender su poder y los amplios ingresos de la soja.

Pero "sería difícil que la oposición forme mayoría para tomar una decisión sobre las retenciones", dijo Alejandro Bonvecchi, profesor del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Torcuato Di Tella, destacando los intereses diversos de distintos sectores.

Si bien el peronismo federal -una rama disidente del oficialismo-, el partido PRO de centroderecha y la Coalición Cívica (CC) de centroizquierda podrían impulsar una rebaja fuerte de las retenciones, la izquierda no la acompañaría y el partido de centro UCR parece tener su propia división.

El Frente para la Victoria (FPV), fracción gobernante del peronismo, perdió el control del Congreso en las elecciones de 2009. El peronismo federal, junto con el PRO, la CC y la UCR se habían mostrado como un bloque unido dominante tras los comicios, pero ese impulso se ha disipado.

"Trámite cruento".  La tasa impositiva aplicada a las exportaciones de soja, el principal cultivo argentino, es de 35%. La recaudación total por derechos de exportación, de los cuales la soja es central, fue de unos 16.000 millones de pesos (unos US$4.000 millones) entre enero y mayo.

El peronismo federal, el PRO y la CC tienen proyectos de recortes relativamente grandes para la retención a la soja, incluso su posible eliminación. En cambio, algunos diputados radicales con peso en la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados consieran rebajas más moderadas.

"Una negociación es posible, pero su trámite podría ser cruento", dijo Bonvecchi. "El gobierno quiere acercarse al campo para recuperar aunque sea algo de los votos que perdió en zonas rurales el año pasado, por lo que estaría dispuesto a aceptar alguna reducción de las retenciones", agregó.

El revés que sufrió el FP de la presidenta Cristina Fernández en la votación legislativa del año pasado fue especialmente doloroso en provincias que habían apoyado al gobierno anterior, encabezado por su marido, Néstor Kirchner.

Recuperar votos. Ahora, el kirchnerismo está determinado a recuperar esos votos con miras a las elecciones generales del 2011.

Un compromiso en las retenciones eliminaría el riesgo de una crisis como la de  2008, cuando un intento de Fernández para elevarlas fracasó ante una revuelta fiscal que incluyó huelgas y cortes de rutas de productores agropecuarios que afectaron por meses a la economía local y perturbaron al suministro argentino de soja.

Mientras que Fernández veía una medida legítima para redistribuir la ganancia de una elite rural rica y buscaba afianzar su poder en el primer año de mandato, muchos argentinos simpatizaban con "ruralistas" de clase media rebelados contra un alza impositiva excesiva.

Ahora, el gobierno podría aceptar alguna reducción de impuestos a las exportaciones de trigo y maíz, "lo que le permitiría manejar las decisiones (...) del impuesto a la exportación de soja, que representa la mayor parte", dijo Daniel Kerner, analista político de Eurasia, en Nueva York.