La Habana. La Iglesia Católica quiere que los cambios en Cuba experimenten un "aterrizaje suave", dijo el martes el arzobispo de Miami, Thomas Wenski, en una emotiva misa en la Catedral de La Habana en la que abogó por la reconciliación de los cubanos separados por el diferendo político que dura medio siglo.

El Papa Benedicto XVI, que cerrará el miércoles su visita de tres días a la isla, ha pedido a los cubanos construir una sociedad más abierta y justa, disparando las expectativas de que la Iglesia pueda profundizar los cambios económicos iniciados por el Gobierno de Raúl Castro.

Wenski llegó al país caribeño con unos 800 residentes de Florida, Estados Unidos, donde vive la mayor comunidad de exiliados cubanos en el exterior, muchos de los cuales nunca habían regresado tras el triunfo de la revolución liderada por Fidel Castro en 1959.

"La Iglesia desea un aterrizaje suave, pero un aterrizaje que abra a un futuro de esperanza", dijo el arzobispo de 62 años, vestido con una sotana morada y que leyó su enérgica homilía en una tableta electrónica.

Centenares de cubano-estadounidenses escucharon emocionados la misa de Wenski, quien consideró que sería un error salir de un modelo marxista para caer en las garras del consumismo voraz al que la Iglesia culpa de la actual crisis económica y moral en el mundo.

"Salir de un materialismo ideológico para caer luego en un materialismo fáctico, como en muchas sociedades occidentales, no será tampoco digno del hombre", dijo el prelado, que encabeza el Comité de Asuntos Internacionales de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos.

El religioso defendió con vehemencia la necesidad de buscar puntos de encuentro entre los cubanos divididos por las creencias políticas para lograr una gran reconciliación nacional tras décadas de desconfianza entre los que marcharon al exilio y los que quedaron en la isla.

"Ha sido maravilloso. Estoy muy emocionada de regresar y encontrar a la gente tan cariñosas y amables con todos nosotros", dijo Laura Fabar, una abogada basada en Miami que regresa por primera vez desde que salio con sus padres de Cuba en 1960. "El problema siempre ha sido la política", agregó.

El poder del amor. El propio Wenski, estadounidense hijo de emigrantes polacos, ha sentido en carne propia el conflicto ideológico que divide a los cubanos. Sus esfuerzos por tender puentes entre compatriotas han sido alabados por los moderados y criticado por los que siguen defendiendo la línea dura contra al Gobierno comunista.

Carlos Saladrigas es un buen ejemplo de cómo a lo largo de los años se han ido derritiendo las posturas más rígidas.

Este cubano-americano de 61 años lideró un boicot que frustró un viaje organizado por Wenski para asistir a la histórica visita del Papa Juan Pablo II a Cuba en 1998. Catorce años después, llega con un contundente mensaje de unidad.

"(La) política inmovilista ha sido un fracaso para Cuba. Una política de aislamiento, es una política contraproducente", Saladrigas, un exitoso hombre de negocios que durante años fue considerado una de las voces más críticas con la revolución socialista.

Ahora pide que desde ambas orillas se "mire al futuro" y se ponga fin a décadas de enfrentamiento ideológico entre La Habana y Washington.

"Al fin y al cabo, los gobiernos van y los gobiernos vienen, lo gobiernos cambian y pasan. Los pueblos no", agregó el empresario, que preside el Grupo de Estudios Cubanos, basado en Miami, y que se opone al embargo económico y comercial que sostiene Estados Unidos contra Cuba desde hace 50 años.

Algunos han interpretado las reformas emprendidas por Raúl Castro, que buscan reanimar la economía de la isla sin renegar del socialismo, como el primer paso hacia cambios de mayor calado en el orden político.

Sin embargo, el gobierno ha sido enfático al defender su sistema político de partido único, control estatal de los medios de comunicación y apego al ideario marxista.

"En Cuba no va a haber reforma política", dijo tajante el martes Marino Murillo, uno de los vicepresidentes cubanos y supervisor de las transformaciones económicas que han ampliado el emprendimiento privado en la isla y permitido a los cubanos comprar y vender autos y casas por primera vez en décadas.

Wenski, que ha encabezado el mayor peregrinaje de emigrados cubanos a la isla, quiso dejar un mensaje retador contra las posiciones extremas a ambos lados del Estrecho de Florida.

"A los que están embriagados por el amor al poder, la Iglesia da un testimonio de esperanza. Quisiera proponer al mundo y al pueblo cubano el poder del amor", sentenció, desatando un torrente de aplausos que reverberó en la Catedral por varios minutos.