Universia Knowledge Wharton. Sir Harold Evans, editor del combativo Sunday Times de Londres de 1967 a 1981, es uno de los más grandes periodistas de su generación. En 1984, Harry, como prefiere que la llamen, se trasladó a los EE.UU., donde fue nombrado jefe de redacción de The Atlantic Monthly Press, director editorial de U.S News y World Report y, posteriormente, presidente y editor de Random House. El es actualmente editor general de Reuters. Escribió, entre otros libros, “El siglo americano” y “Ellos hicieron América”. Knowledge@Wharton conversó con Evans en su casa de Nueva York —donde vive con su esposa, la ex editora de la revista Vanity Fair, Tina Brown— sobre sus puntos de vista sobre el futuro de Europa.

A continuación, la versión editada de la entrevista.

-En la reseña que hizo del libro recientemente publicado por Ian Kershaw, Ida y vuelta al infierno: Europa 1914-1949, escribió: “¿Por qué Europa se volvió loca durante esos años?” Los cuatro jinetes del Apocalipsis identificados por Kenshaw son: el ascenso del nacionalismo étnico-racista; las demandas de revisionismo territorial; conflicto de clases y una prolongada crisis del capitalismo. En el artículo, usted se pregunta: “¿Volveremos a errar?” En su opinión, ¿qué probabilidad hay de que erremos de nuevo?

-Se cometieron errores en Irak y Siria y tenemos muchas posibilidades de entrometernos donde la prudencia no nos aconseja hacerlo: ambiciones externas de Putin para Rusia, ambiciones chinas en los mares del Sur, la crisis de refugiados, la amenaza yihadista, los terremotos emitidos por los desequilibrios monetarios de la zona euro.

Sí, los cuatro jinetes siguen en sus sillas de montar, pero son menos amenazantes que en la década de 1930 por dos razones: en primer lugar, en 1941, los Estados Unidos, después de décadas de aislacionismo decidió, de acuerdo a sus propios intereses y su idealismo, incorporarse de nuevo al mundo. En segundo lugar, los países europeos destruidos por la guerra fueron dirigidos por políticos con visión realista (Churchill y Bevin, de Gaulle y Adenauer). Ellos estaban listos para ser liderados por EE.UU. en la creación de instituciones económicas y de seguridad que nos dieron seis décadas de paz y prosperidad.

Hay que aferrarse rápidamente a este punto de vista, sobre todo cuando todos desprecian la idea de una Europa unida. Las cosas no están tan mal como en los años que dieron lugar a la Segunda Guerra Mundial. Creo que de aquí a cinco o diez años, se habrá resuelto la crisis de refugiados. Los emigrantes económicos han sido absorbidos o recibidos de nuevo en sus países de origen y los solicitantes de asilo encontrarán refugio en los países dirigidos por políticos capaces de mirar más allá del puesto fronterizo más cercano. Alemania mostró liderazgo económico y moral hasta el punto de avergonzar a los primitivos que cultivan el estilo de los años 30, algunos de los cuales son líderes en Europa.

Lo imponderable en este punto queda por cuenta de Estados Unidos. El presidente Obama ha demostrado ser el líder que se esperaba que fuera en temas transatlánticos, pero cualquier cosa puede suceder si los votantes optan por una persona impulsiva e ignorante como Donald Trump. ¿Armas nucleares? No hay capital nacional que esté completa sin una. Tengo más fe en el electorado estadounidense. Me gustaría poder decir lo mismo del electorado nacionalista ruso y de las masas atemorizadas de China.

Sí, hay riesgos de que Europa falle y entre en otra guerra, pero la sociedad europea parece más madura y menos inflamable que en el pasado. La que era una Alemania del Holocausto es hoy el país más acogedor para los judíos. Y los oponentes más hostiles del yihadismo islámico en Europa y Oriente Medio no son Trump y compañía, sino los musulmanes. Creo que las lecciones de la historia se han aprendido. Es fácil sentir desesperanza al citar de forma selectiva supuestos paralelismos históricos.

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-Vamos a centrarnos en el ascenso del nacionalismo étnico-racista. Hemos observado esta reacción por parte de algunos ciudadanos americanos a la llegada de miles de personas de Oriente Medio y otras partes. ¿Qué comparación hace entre los sentimientos étnicos hoy y los que había en la Europa de entreguerras?

-No se puede negar que existe temor entre los europeos por la llegada de un gran número de inmigrantes musulmanes. Sin embargo, es absurdo hacer que todos los musulmanes sean chivos expiatorios de los ataques terroristas en París, Bruselas y San Bernardino (California). Es trágico cuando el nacionalismo y la identidad étnica se dan la mano. El gobierno húngaro, por ejemplo, se ha comportado de la forma más reaccionaria posible en relación con la afluencia de inmigrantes. Los gobiernos que toleran el odio —y, peor aún, lo impulsan— perecen a causa de ello.

Compare el miedo a la asimilación de nuevas personas con la forma en que Alemania Occidental se unió a los alemanes del Este después de la caída del muro de Berlín. Yo creía que los alemanes del Este estaban adoctrinados por el comunismo después de tantos años en el bloque soviético, y sin embargo, fueron capaces de forjar una comunidad nacional en la nueva Alemania, que se comportó de forma reciente de manera moralmente superior en relación a los migrantes procedentes de Siria y otros lugares.

-¿Pero la integración de los inmigrantes musulmanes en la sociedad europea no es algo mucho más difícil que la integración de los alemanes del Este en una sola nación alemana?

-Estoy de acuerdo en que es algo de magnitud diferente. Sin embargo, hay que distinguir entre el 15% y el 20% que son refugiados, de los cuales el 0,001% podrían ser yihadistas, y el resto.

-El pequeño número de terroristas, sin embargo, sigue siendo una amenaza que puede conducir al caos y con ello sembrar enemistad entre los residentes locales y los emigrantes, ¿verdad?

-Sí, pero lo último que hay que hacer es dar motivos a esta enemistad persiguiendo y discriminando a los musulmanes no radicales. Hay que recordar que muchos de ellos están huyendo de monstruos que secuestraron su religión y asesinaron a sus familias. No aprendamos la lección equivocada de la historia de Europa. Todos queremos que las autoridades europeas capturen terroristas y los lleven ante la justicia, pero no seamos tan torpes de que parezcan mártires de su causa odiosa. Ted Cruz, que perdió ante Trump la nominación del Partido Republicano a la presidencia, propuso una idea loca: debemos vigilar las comunidades musulmanas que ya se han integrado en los EE.UU.. Su siguiente discurso o libro bien podría ser: Cómo crear yihadistas sin salir de casa.

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-Hablemos de conflictos territoriales. Vemos esto en Ucrania y la invasión rusa de Crimea. Al igual que Alemania después del Tratado de Versalles, ¿el presidente Putin no se siente como el derrotado después del fin del comunismo?

-No es sólo Putin. El presidente Gorbachov, último líder de la Unión Soviética, creía que había un entendimiento al final de la Guerra Fría de que la Organización del Tratado del Atlántico Norte no se expandiría hacia el este. Para él, Occidente traicionó este entendimiento. Esto, sin embargo, no justifica las acciones de Putin en Crimea o la concentración de fuerzas en la frontera con el resto de Ucrania. Creo que es un expansionista y que, al invadir la península de Crimea, se rompió el acuerdo en virtud del cual Ucrania era un país independiente.

Yo estaba a favor de una mayor resistencia a las acciones de Putin en Ucrania y he argumentado que la respuesta del presidente Obama recuerda a la inactividad de Estados Unidos (Francia y Reino Unido) en 1936, cuando las tropas alemanas entraron en Renania. Ahora, debemos asegurarnos de que vamos a defender los Estados Bálticos y continuaremos aplicando las sanciones económicas impuestas a Rusia. Que se haga un referéndum en el este de Ucrania para averiguar si las personas quieren, de hecho, formar parte de Rusia.

Una de las dificultades es que la polarización de la política tiene su reflejo en la polarización de las noticias por cable, por lo que nuestros medios de comunicación no son tan útiles como podrían ser para la formación de un consenso nacional de una política exterior inteligente. En cuanto a Internet, es un medio maravilloso para la investigación, pero la proliferación de las redes sociales ha socavado la base económica de la prensa nacional que le permite llevar a cabo las investigaciones y la cobertura de lo que está sucediendo en el extranjero. Privados, debido a los recortes presupuestarios, de reportajes coherentes e independientes, nos encontramos de repente perplejos al darnos cuenta de que el ex primer ministro iraquí, chií Nuri al Maliki, llevó a cabo durante ocho años una venganza contra los sunitas. Ahora tenemos el ISIS en el umbral de nuestra puerta.

Una TV abierta, con menos justificación financiera, ha cerrado muchas oficinas en el extranjero. En la actualidad, un corresponsal equipado con una máquina de viento sale en busca de un grupo de palmeras fotogénicas. La tendencia es que las personas consulten sitios web para confirmar y reconfirmar sus prejuicios sin mucha pérdida de información perturbadora. Todavía hay millones de personas para quienes Sadam planeó el ataque del 11 de septiembre.

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-Los otros dos caballeros de los años 30 fueron el conflicto de clases y la crisis del capitalismo. ¿Se pueden establecer paralelismos con la creciente brecha entre ricos y pobres en Europa y en otros lugares, y el hecho de que muchas economías europeas no se hayan recuperado de la crisis financiera de 2009?

-Sí. Yo creo que la política de austeridad económica impuesta en gran parte de Europa fue un gran error. Es como si el presidente Hoover todavía estuviera vivo. Creo que el Nobel de Economía Robert Solow tenía razón cuando dijo que los gobiernos de la UE lanzaron un salvavidas a Grecia, pero la cuerda era demasiado corta.

Pero me gustaría añadir a la ansiedad en relación a los cuatro jinetes la observación de que el Reino Unido puede votar en un referéndum en junio su salida de la UE. Si se vota la salida, es probable que no sólo tenga como resultado el debilitamiento de la UE, sino también la fragmentación del Reino Unido, ya que los escoceses votarían a favor de permanecer en la UE. Hay un nacionalismo deprimente, primitivo, entre los oponentes del Primer Ministro Cameron y los conservadores.

Boris Johnson, líder del movimiento nacionalista “Get out” [a favor de la salida de la UE del Reino Unido] es un buen tipo, pero también es un oportunista que aprovecharía cualquier oportunidad para hacerse con la corona. Para justificar la publicidad que hace de sí mismo como seguidor de Churchill, debería subirse a su bicicleta y no bajarse hasta llegar a Calais, donde podría ponerse a prueba sorteando los miserables campamentos de refugiados que fueron rechazados en los acantilados blancos de Dover. Sin embargo, los líderes del movimiento “Stay in” [favorecen la permanencia del Reino Unido en la UE] tampoco muestran mucha inspiración.

-Usted comenzó diciendo que era más optimista sobre el futuro de Europa de lo que las circunstancias permiten decir, pero ahora parece pesimista. ¿Cuál es su opinión entonces?

-Yo soy como un hombre que se enfrenta a la mar, si me agarro bien firme al salvavidas y los líderes políticos y los medios de comunicación me tiran con fuerza, voy a llegar a la tierra prometida. Sin embargo, es necesario tener una visión de una Europa unida, de lo contrario se pierde toda esperanza. William Butler Yeats lo resumió brillantemente en su poema “El segundo advenimiento”: “la anarquía se abate sobre el mundo […] los mejores no tienen convicción, y los peores rebosan de febril intensidad”. El candidato presidencial republicano en 1964, Barry Goldwater dijo que el extremismo en defensa de la libertad no es ningún vicio. Voy a parafrasearlo aquí diciendo que el extremismo en defensa de una Europa unida es una virtud.