Bogotá. Un ataque con una poderosa bomba ejecutado por guerrilleros de las FARC contra un cuartel de la policía en Colombia dejó el miércoles 7 personas muertas y 62 heridas, en medio de un recrudecimiento de las hostilidades de los rebeldes, informaron las autoridades.

La agresión, la más grave de las últimas semanas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), tuvo como blanco el cuartel de la policía del municipio de Tumaco, un puerto ubicado sobre la costa Pacífica, en el departamento de Nariño.

El ataque se produjo el mismo día en el que los rebeldes anunciaron el aplazamiento de la liberación de seis efectivos de las fuerzas de seguridad secuestrados desde hace más de una década.

"Estamos lamentando y condenando este execrable crimen que se ha cometido contra la Policía Nacional y la población civil", dijo a periodistas el secretario de Gobierno del departamento de Nariño, José Vicente Obando.

La Dirección General de la Policía informó que entre las víctimas fatales se encuentran cuatro uniformados y tres civiles.

La explosión de la bomba, al parecer escondida en una motocicleta, causó destrozos en el cuartel policial y en varias edificaciones cercanas.

La Fuerza Aérea envió un avión C-130 para evacuar a los heridos más graves a hospitales de ciudades cercanas como Cali.

Las FARC, consideradas como una organización terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea, han intensificado sus ataques en las últimas semanas, como parte de una estrategia para demostrar su poder militar, de acuerdo con fuentes de seguridad y analistas.

Aunque el grupo rebelde ha sido debilitado por una ofensiva militar apoyada por Estados Unidos, aún tiene la capacidad de realizar ataques de gran impacto.

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, calificó el ataque como "una demostración de desespero" de la guerrilla en medio de la ofensiva militar que soporta.

El Gobierno colombiano ha descartado la posibilidad de iniciar un diálogo de paz con las FARC hasta que los rebeldes liberen a todos los secuestrados, suspendan sus ataques y anuncien su disposición de deponer las armas.

Pero el grupo guerrillero ha rechazado las exigencias por considerarlas como una rendición, lo que mantiene alejada la posibilidad inmediata de una salida negociada a la confrontación de casi cinco décadas.