Manama. Las fuerzas de Bahréin, apoyadas por tropas enviadas por Arabia Saudita, emplearon el miércoles gases lacrimógenos, tanques y helicópteros para desalojar a los manifestantes de un céntrico cruce en la capital, provocando una inusual crítica de su aliado Estados Unidos.

Hasta seis personas murieron en la violencia, en medio de un conflicto que es parte de las hostilidades regionales entre los países suníes del Golfo árabe y el no árabe y chií Irán.

El presidente estadounidense, Barack Obama, llamó a los reyes de Arabia Saudita, un aliado estratégico en Oriente Medio, y de Bahréin, que alberga la Quinta Flota de la Marina estadounidense, y pidió calma.

La secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, declaró que Bahréin y los aliados del Golfo que enviaron soldados para apoyar a la familia real suní están en el camino equivocado.

"Creemos que lo que está ocurriendo en Bahréin es alarmante. Pensamos que no hay una respuesta de seguridad para las aspiraciones y demandas de los manifestantes", dijo en una entrevista con CBS.

Un miembro del Parlamento del mayor grupo chií de la oposición denunció el ataque del Gobierno como una declaración de guerra contra la comunidad chií.

"Esta es una guerra de aniquilación. Esto no ocurre aún en las guerras y es inaceptable", dijo Abdel Jalil Khalil, jefe del bloque parlamentario Wefaq, de 18 miembros.

"Los vi disparar en frente de mis propios ojos", agregó.

Un movimiento joven desafiante, que había estado liderando las protestas en Bahréin, no pudo conducir una manifestación en el cruce Perla debido a que el Ejército prohibió todas las marchas y reuniones e impuso un toque de queda desde las 1600 hasta las 0400 hora local (1300 a 0100 GMT) a lo largo de una amplia zona de la capital Manama.

Una fuente de Reuters vio tanques y vehículos blindados dirigirse hacia la zona de la Calle Budaya, donde iba a realizarse la protesta.

El subsecretario de Estado estadounidense Jeff Feltman fue enviado a Bahréin para impulsar conversaciones que resuelven la crisis.

Más del 60 por ciento de los bahreiníes son chiíes que se quejan de discriminación a manos de la familia real suní. Las peticiones de fin de la monarquía han alarmado a la minoría suní, que teme que la revuelta pueda beneficiar a Irán.

El presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, dijo que la represión en Bahréin es "injustificable e irreparable".

"Hoy, somos testigos del grado de presión impuesto sobre la mayoría del pueblo en Bahréin", declaró de acuerdo a la televisión estatal.

Los helicópteros sobrevolaban la zona del cruce Perla, que se ha convertido en símbolo del levantamiento de la mayoría chií de la isla, mientras grupos de jóvenes tiraban bombas incendiarias contra la policía y se dispersaban cuando los agentes lanzaban gases lacrimógenos.

El área fue desalojada en dos horas, pero los manifestantes golpearon a dos policías en sus autos cuando se retiraban.

Una fuente médica dijo que decenas de personas fueron trasladadas al Hospital Internacional de Bahréin con heridas de balas de goma y perdigones o por haber inhalado gases lacrimógenos, todas armas usadas por la policía. Una persona tenía una herida de bala.

El ministro de Salud chií renunció por la ofensiva y el ministro de Vivienda está boicoteando al gabinete, de acuerdo al diario opositor Al Wasat, que también ha sido atacado.

La represión del gobierno suní de Bahréin contra los manifestantes chiíes promovió el descontento en la comunidad chií de Irak, exacerbando las tensiones sectarias que han prolongado y agravado la guerra en el país.

El primer ministro chií de Irak criticó el ataque y el clérigo Moqtada al-Sadr convocó a protestas. En Líbano, los seguidores del grupo Hezbollah también expresaron su solidaridad con la comunidad chií en Bahréin.

Bahréin ha sufrido sus peores disturbios desde la década de 1990 cuando los manifestantes tomaron las calles el mes pasado, inspirados por las revueltas que derrocaron a los dirigentes de Egipto y Túnez.