Pocos juristas en el mundo despiertan tantas pasiones y generan semejante magnetismo entre los círculos políticos y los medios de comunicación. Asesor de Luis Moreno Campo en la Fiscalía de la Corte Penal Internacional, Baltasar Garzón saltó al estrellato en la defensa de los derechos humanos cuando ordenó la detención del ex dictador chileno Augusto Pinochet. Ahora, en medio de un ambiente de controversia por el proceso que afronta en su país, ha sido incluso tentado por el gobierno colombiano para que trabaje como asesor en materia de derechos humanos.

No ha decidido si aceptará, pero le reconoció a El Espectador que “sería un honor estar en Colombia para hacerlo”. Invitado de honor a la conmemoración de los 40 años del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), habló con este diario sobre el fenómeno Wikileaks, del que también dice haber sido víctima, y de su visión sobre los DD.HH. en el país.

-¿Cómo evalúa la propuesta del presidente Santos para asesorarlo en DD.HH.?

-Mire, yo creo que… no quiero tampoco opinar sobre ello porque no hay nada concreto, pero mi compromiso con Colombia viene de mucho tiempo atrás, antes de que el señor Santos fuera presidente. Creo que es un momento muy oportuno para que todos sumemos y contribuyamos a que las cosas cambien, a que las cosas mejoren, y si desde ese contexto, desde mi independencia y autonomía yo puedo contribuir, será un honor para mí estar en Colombia para hacerlo. Desde luego sin renunciar para nada a mi trayectoria, a mi forma de pensar, de actuar y a mi compromiso clarísimamente establecido con la sociedad civil. Desde el ámbito internacional y teniendo en cuenta que vivimos en una comunidad universal, los problemas de cualquier país son los problemas de cualquier otro y en ese contexto universal e internacional debemos de contribuir.

-Es decir, que va a aceptar...

-No es cuestión de aceptar o no, sino de que sea posible llevarla a cabo con esos condicionamientos. Por tanto, una vez que tenga realidad, si llega a tenerlo, podemos hablar. De momento lo que nos concita aquí es el 40 aniversario del CRIC.

-¿Y cómo sería esa asesoría en plena era de revelaciones de Wikileaks sobre asuntos de derechos humanos?

-En cuanto al problema de Wikileaks, está hablando con alguien que ha sido víctima de esas informaciones. Es un fenómeno muy grave el que se ha producido, de alcance global y que en cada momento y en cada lugar debe ser estudiado con detenimiento. No me gusta y tampoco quiero opinar sobre el particular, porque sin todos los datos se genera mucha confusión, no todos los cables que hayan aparecido tienen el mismo contenido, ni la misma trascendencia. En cada momento, en cada lugar, en cada caso debe estudiarse en profundidad.

-¿Cuál es su percepción sobre Colombia en DD.HH.?

-Se podría decir que se han hecho muchas cosas, pero está todo por hacer. El esfuerzo de las organizaciones humanitarias y de derechos humanos es muy grande. Las instituciones están haciendo un papel relevante. Organizaciones como el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) están colaborando, pero siempre en materia de derechos humanos está todo por realizar. Tengo la esperanza de que poco a poco se vaya consiguiendo una mayor reducción de las violaciones sistemáticas masivas de esos derechos fundamentales, y sobre todo hay un área que me preocupa: las comunidades indígenas, los desplazamientos, la violencia de género.

-¿Por qué su interés por los indígenas del Cauca?

-Desde hace muchos años, allá por el año 91, formo parte de una fundación para el apoyo indígena de Iberoamérica. Desarrollamos iniciativas y proyectos humanitarios en Bolivia, Ecuador, México y Colombia. Luego, a través de iniciativas universitarias de Cali y de Manuel Ramiro Muñoz, que es un profesor representante de la Unesco y que trabaja con comunidades indígenas y afrodescendientes, me fui vinculando más y llevo más de diez años cooperando, sobre todo porque me preocupa el fenómeno de las nacionalidades de los pueblos indígenas, la marginación en la que han vivido en muchas partes del mundo y el desinterés por parte de las sociedades en las que viven por la defensa de sus derechos y por su reivindicaciones, que creo que son legítimas como pueblos originarios y dueños del territorio donde se encuentran.