La Paz. Bolivia inició este domingo las celebraciones del año nuevo indígena, un evento que ganó atención internacional desde la llegada a la presidencia de Evo Morales y que acaba de recibir el insólito respaldo del principal líder de la oposición conservadora.

Las celebraciones culminarán la madrugada de este lunes, feriado nacional, cuando los aymaras -etnia a la que pertenece Morales- reciban en las ruinas precolombinas de Tiwanacu a su año 5518, en coincidencia con el solsticio de invierno del hemisferio sur.

Paralelamente, los indígenas del oriente darán la bienvenida al "lucero del alba", como denominan al nacimiento del día cada 21 de junio.

"Todos los que vivimos en el sur del planeta tierra tenemos nuestro año nuevo el 21 de junio (...), no es sólo año nuevo aymara, es año nuevo andino-amazónico", dijo Morales este domingo ante centenares de líderes indígenas que juraron sus mandatos tradicionales por su cambio de año.

Morales dijo que la formaba parte de un proceso de "recuperación de identidad" proclamado por una Constitución plurinacional que garantiza a los indígenas acceso a los poderes legislativo, judicial y electoral.

Apoyo a celebraciones de principal opositor. El primer mandatario indígena desató gran polémica hace un año cuando decretó feriado nacional el 21 de junio por el año nuevo indígena, pero las críticas desaparecieron casi totalmente en los últimos días desde que el gobernador del distrito oriental de Santa Cruz, Rubén Costas, anunciara que acataría el feriado.

Costas, considerado un importante opositor a Morales, dijo que celebrará el año nuevo indígena junto con delegaciones de guaraníes y de otras etnias de tierras bajas que recibirán al "lucero del alba" en las ruinas de Samaipata, consideradas por investigadores un bastión inexpugnable de los pueblos de tierras bajas contra el avance del imperio incaico.

Morales, quien inició en enero su segundo mandato quinquenal, dijo que la celebración del 21 de junio formaba parte de un proceso de "recuperación de identidad" proclamado por una Constitución plurinacional que garantiza a los indígenas acceso a los poderes legislativo, judicial y electoral.

El mandatario, que impulsa una política de nacionalizaciones para poner fin a la crónica pobreza del país, renovó su promesa de impulsar una industrialización acelerada aunque respetuosa de la "pachamama", o madre tierra.