La Paz. Sorprendiendo a propios y ajenos, el gobierno de Evo Morales decretó el fin de semana un alza de hasta 83% en los combustibles, una medida que ayudaría a las cuentas de Bolivia pero echaría leña al fuego de la inflación y golpearía los bolsillos de la gente.

El anuncio dejó casi paralizada a Bolivia por una huelga de transportes en rechazo a la medida, irritó a los sindicatos aliados del presidente izquierdista Morales y preocupaba a los ciudadanos del país sudamericano.

A continuación, algunas preguntas y respuestas sobre la medida.

¿Qué busca Evo Morales? El gobierno ha dicho que busca impulsar la producción de crudo inyectando atractivo al precio local del barril para que inviertan petroleras transnacionales.

Pero los especialistas no ven al mercado boliviano muy seductor tras las nacionalizaciones de la industria del gas natural -que obligó a empresas como Repsol-YPF y Petrobras a entregar una mayor parte de los ingresos al Estado- y los planes de Morales de aumentar el rol estatal en la economía.

El alza en los precios de los combustibles busca además recortar subsidios gubernamentales, un viejo lastre que sólo este año le costó unos US$380 millones al Estado, monto que equivale a cerca de 2% del Producto Interno Bruto (PIB) del país.

El presidente Morales, en su primera aparición pública después del anuncio, dijo que la medida no buscaba dañar a ningún sector ni a los trabajadores, sino que apuntaba a frenar "la sangría" para la economía que significaban los subsidios a los combustibles.

Los precios de la mayoría de los combustibles se mantenían congelados desde hacía una década.

¿Por qué ahora? El gobierno asegura que es un buen momento para hacer el ajuste porque goza de sanas cuentas fiscales y la economía sigue en expansión. Sin embargo, los datos muestran que la economía ha empezado a perder dinamismo.

La semana pasada el gobierno admitió que el país no logrará la meta de crecimiento económico de 4,5% ni tampoco con la de inflación para este año, luego de que el PIB se expandió 6,3% en 2009 en medio de la crisis global y de registrar una inflación casi nula.

¿Qué consecuencias económicas trae el anuncio? El aumento en los combustibles ayudaría a las cuentas fiscales, pero acarrea un impacto inflacionario a toda la cadena productiva y a los bolsillos de los bolivianos.

El efecto en los precios de distintos productos por el aumento de los combustibles puede llegar a mediano plazo hasta a 20%, reconoció el ministro de Economía, Luis Arce.

Bolivia despediría 2010 con una inflación de 7%, cifra de la cual al menos un punto sería consecuencia directa del alza de combustibles, según estimaciones del mismo Arce.

El gobierno, que esperaba dialogar con los distintos sectores, aprobó el fin de semana congelar las tarifas del gas licuado doméstico, agua potable, electricidad y telefonía para amortiguar el golpe de las gasolinas.

Además buscará incrementar los salarios en un porcentaje mayor al de la inflación que registre en 2010.

¿Qué riesgos políticos desata la medida? El anuncio del gobierno de Morales tomó por sorpresa a los distintos sectores. Los transportistas fueron los primeros en salir a las calles y casi paralizar la ciudad con una huelga por tiempo indefinido en reclamo de que se les permita aumentar sus tarifas.

El anuncio no tardó en causar tensiones en aliados políticos del gobierno, algo que podría erosionar la base de apoyo del presidente.

La poderosa Central Obrera Boliviana (COB) criticó el "maldito gasolinazo", no fue a un encuentro convocado por el mandatario para discutir el alza y pidió que se dé marcha atrás con el decreto del incremento.

Las calles de La Paz estaban tranquilas este lunes, las gasolineras funcionaban normalmente y no se registraban protestas. Pero el malestar podría crecer en los próximos días con las amenazas de protestas de los sindicatos.

¿Qué podría pasar en los próximos días? Los ciudadanos pueden llegar a las calles si el gobierno aprueba un alza muy fuerte en las tarifas de los transportes o si los precios en los mercados y supermercados se disparan, algo que golpearía especialmente a la población pobre, un estrato donde Morales cimienta su popularidad.

En 2004, el entonces presidente Carlos Mesa aumentó el precio del diésel y desató protestas que fueron el caldo de cultivo para un movimiento autonomista en la región de Santa Cruz, liderado por grandes empresarios agropecuarios.

"Si uno mira en perspectiva, el tema económico se convierte en un factor desestabilizante, en anteriores procesos ha significado un quiebre entre el Gobierno y los sectores más afectados", dijo la analista Marité Zegada a una radio local.