La Conferencia Episcopal Boliviana emitió un documento titulado “Soy yo, no tengan miedo”, donde reflexiona sobre los principales problemas que enfrentan los bolivianos. La frase del Evangelio de San Juan, que citan los obispos, apunta a un sentimiento como el miedo, el que hoy experimenta la mayor parte de la población boliviana y que constituye una afrenta contra la dignidad de la persona humana y que limita sustancialmente su libertad.

Explícitamente, los obispos, dicen: “hay situaciones tensas que crean un ambiente de desconfianza, de recelo ante el otro, de división en nuestras familias y en nuestra sociedad, y que suscitan temores que impiden expresar las ideas con libertad”.

También, destacan, entre otros graves problemas de nuestra sociedad, la manipulación de la justicia con fines políticos, que provoca un ambiente de persecución y sospecha que atemoriza a los ciudadanos; el creciente flagelo del narcotráfico, de la producción y consumo de drogas; la inseguridad ciudadana y la polarización política, que genera un clima de tensión e intolerancia que conspira contra la convivencia pacífica.

Es una lástima que nuestra sociedad se pierda en las distracciones mediáticas que organiza el gobierno y que genera el presidente con sus insólitas explicaciones sobre las causas de la calvicie y la homosexualidad. Lo cierto, es que por acción del gobierno y por culpa de quienes nos enceguecemos por las cortinas de humo, problemas como los indicados, que están destruyendo la cohesión social y el futuro de nuestra sociedad, quedan al margen del debate público.

Sin embargo, aunque no los queramos ver, estos problemas existen y tienen impacto en nuestras vidas y en nuestra viabilidad, como comunidad, como nación y como Estado. El gobierno pasará, como todo lo que tiene que ver con el poder. No obstante, el costo que tendremos que pagar por la desunión, la inseguridad, el narcotráfico y por la pérdida del sentido de justicia y de respeto a los derechos de las personas, podría costar el sacrificio de una a dos generaciones, que verán frustrados sus anhelos de libertad, paz y progreso.

El miedo no es casual. Es un instrumento de control, de dominación e incluso de sometimiento de todo el pueblo, en función de proyectos políticos que no aceptan a la democracia como un pacto de libertad para limitar el poder de los gobernantes y resguardar los derechos de los ciudadanos.

A diferencia de lo que sucedía en los gobiernos totalitarios y/o dictatoriales del siglo pasado, hoy no se somete a las sociedades quitándoles la libertad al conjunto de sus miembros. De una forma más sofisticada, se aplica una especie de terrorismo selectivo que obtiene los mismos objetivos, por el altísimo impacto que tienen en la opinión pública las acciones en contra de un reducido grupo de ciudadanos, gracias a la multiplicación de noticias que canalizan los modernos medios de comunicación.

Tenemos derecho a vivir sin miedo. Pero el primer paso será vencerlo.

Esta columna fue publicado inicialmente en el centro de investigación de políticas públicas ElCato.org.