Mayo 2010 no será recordado por la nacionalización de las empresas generadoras de electricidad de Bolivia, sino por el inicio de serios conflictos entre el gobierno del presidente Evo Morales y sectores de trabajadores y campesinos que hasta hace poco constituían una de las bases de su poder. Todo indica que, progresivamente, se está produciendo una fractura entre Evo Morales y los sectores sociales que desestabilizaron a los anteriores gobiernos y lo llevaron a él al poder.

Esta fractura, tiene consecuencias políticas, económicas y sociales. Políticas, porque la hegemonía de Evo en el mundo andino se comienza a diluir. Líderes indígenas, campesinos y de la antigua izquierda, que se habían sometido a su poder, desde su primera elección en 2005, se rebelaron ante la soberbia que demostró con su reelección en diciembre de 2009 y lo enfrentaron en las elecciones de abril 2010, logrando resultando sorprendentes.

Consecuencias económicas, porque el gobierno se enfrenta por primera vez a las limitaciones que han definido la realidad y pobreza de Bolivia desde su fundación. El auge económico que disfrutó y derrochó el gobierno del Movimiento al Socialismo durante el periodo 2006-2008, es una excepción en la historia económica nacional.

Objetivamente, fueron los años de mayores ingresos que ha tenido Bolivia, debido a una combinación de factores como el incremento de los precios internacionales de las materias primas (beneficiándonos con el gas y el petróleo), la multiplicación de los ingresos por remesas (gracias al éxodo histórico de bolivianos durante el mismo periodo) y un nuevo auge de los ingresos por narcotráfico.

Consecuencias sociales, porque la inestabilidad social comienza a crecer. La idea de que había que dejar que el bloqueador llegue a la presidencia para que se acaben los bloqueos de los caminos, los cercos a las ciudades y los enfrentamientos con las fuerzas del orden, se empieza a diluir. Funcionó durante los primeros cuatro años, gracias a la abundancia de recursos económicos. No funcionará cuando en el gobierno tenga que decir "No" a las demandas insatisfechas por las promesas que Evo Morales y su partido realizaron como opositores y durante la campaña para su reelección.

Al escuchar las respuestas que se han dado en estos días a los pedidos de mayor aumento salarial y a los bloqueos campesinos que disputan el lugar donde se instalará una planta de procesamiento de cítricos, uno no puede sino recordar las mismas respuestas que daban los tan vilipendiados gobiernos neoliberales: no se puede gastar todo en salarios; hay que invertir en otros sectores; el gobierno mantendrá el orden público, etc.  

Las protestas de mayo 2010 no fueron manifestaciones de la oposición. Los muertos y los heridos por la represión policial no vinieron de las regiones autonomistas.

Tuvieron origen en las entrañas del mundo que parió al gobierno de Evo Morales. El populismo contraatacará. Nuevas promesas, nuevas ilusiones, más gastos. Al final, la realidad se impondrá.

Esta columna fue publicado inicialmente en el centro de investigación de políticas públicas ElCato.org.