Sao Paulo. La candidata oficialista a la presidencia de Brasil, Dilma Rousseff, inició este lunes una nueva etapa de su campaña ante una de las audiencias más escépticas y dijo a líderes empresariales que sólo la "justicia social" puede hacer que el país logre el nivel de nación desarrollada.

Las campañas presidenciales sólo comienzan con toda su fuerza en Brasil tras al fin del Mundial de fútbol cada cuatro años, y la derrota de la selección nacional ante Holanda este viernes significa que muchos votantes están comenzando a prestar atención por primera vez a las elecciones de octubre.

Pese a la economía en crecimiento y a la extrema popularidad del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, Rousseff aún lucha con su principal contendor, el opositor José Serra, en la mayoría de los sondeos de intención de voto.

La ex jefa de gabinete de Lula dijo ante un grupo de alrededor de 500 ejecutivos en Sao Paulo que construiría sobre las estables políticas macroeconómicas del Gobierno actual y realizaría reformas tributarias y de educación, entre otras, para hacer a Brasil más competitivo internacionalmente.

Sao Paulo es un bastión de Serra y el mensaje de Rousseff parecía dirigido a mitigar preocupaciones de que pudiera ser menos propensa que su rival a políticas de mercado, al mismo tiempo que reafirmó que prioridades del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) serán centrales en su Gobierno.

"Lo que necesitamos es una elevada tasa de desarrollo y de justicia social", afirmó Rousseff, una economista convertida en servidora pública de carrera que nunca antes se ha presentado a cargos de elección popular.

La candidata dijo que la economía de Brasil, que creció 9% en el primer trimestre, sólo logrará un estatus de país desarrollado en el futuro si "se de la capacidad de participar (...) a todas las categorías sociales".

Rousseff habló a continuación de los 34 millones de brasileños que aún viven en la pobreza y advirtió que "no es suficiente tener una alta tasa de crecimiento del PIB".

Sin embargo, concluyó mezclando la retórica social con un giro pro-empresarial, manifestando a la audiencia que "si gobernamos para todos los sectores (...) resultará en un mercado interno más fuerte".

"Ese es el desafío que enfrentamos. Estoy lista para compartir este desafío con ustedes", agregó.

Reforma tributaria. Empresarios presentes en el encuentro recibieron cálidamente el mensaje de Rousseff, pero expresaron algunos de los mismos recelos que parecen estar impidiendo un mayor avance de la candidata en las encuestas: que no tendrá el poder ni el carisma de Lula y será incapaz de lograr la aprobación de la ley necesaria para hacer sustentable el crecimiento económico sin encender la inflación.

"Brasil está muy bien, pero no podemos seguir creciendo a estas tasas sin estas reformas", dijo Cristiano Roriz Camara, director de planificación estratégica para la compañía Jaime Camara.

"Sería bueno tener más detalles respecto a cómo planea hacer eso", agregó.

Un sondeo realizado durante el evento mostró que los impuestos son la principal preocupación entre miembros de la audiencia, con 85% de ellos diciendo que impedían el crecimiento de sus empresas.

Rousseff concordó con que el sistema tributario brasileño es "caótico" y prometió realizar cambios, aunque no ofreció detalles ni plazos en caso de que sea elegida presidente.

La encuesta realizada durante el evento también mostró una tasa de aprobación significativamente mayor entre la audiencia hacia el gobierno estatal de Sao Paulo que hacia el Gobierno federal, lo que equivale a un voto de confianza en Serra, que hasta hace poco era el gobernador del estado.