Río de Janeiro. Para hacerse una idea de los obstáculos burocráticos que enfrenta Brasil, sirve el ejemplo de la acería Gerdau, que emplea a cerca de 200 personas para manejar sus impuestos, mientras que el mismo trabajo en la sede de Canadá es realizado por una persona y a media jornada.

Brasil ha surgido como un mercado emergente junto a China y la India, pero el "viejo Brasil" vive con una burocracia que enfurece a inversores extranjeros, empresas e individuos y paraliza su dinamismo económico.

Reformar la maraña de leyes y regulaciones es central para el debate sobre el rol del Estado que está dando forma a la carrera presidencial que culminará en las elecciones de octubre.

La excesiva burocracia impide que compañías inviertan en áreas como infraestructura, necesaria para que Brasil eleve su potencial de crecimiento.

El promedio de 120 días que se necesita para el inicio de una empresa y complejas leyes laborales que hacen de la contratación de trabajadores una onerosa tarea hacen improbable que el próximo Google sea brasileño.

La burocracia alimenta a la corrupción y asegura que la enorme economía informal de Brasil siga creciendo.

"Brasil tendrá que reducir su burocracia porque, si no lo hace, perderá su competitividad en poco tiempo", advirtió Joao Geraldo Piquet Carneiro, director del Instituto Helio Beltrao, que realiza campañas contra la excesiva burocracia.

"Las oportunidades para inversiones (globales) en los próximos años serán múltiples y el peso de la burocracia hará la diferencia", agregó.

Elecciones. Una pregunta clave que se hacen los inversores antes de las elecciones es cuál de los dos candidatos tiene más probabilidad de impulsar reformas económicas de "segunda generación" después de que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva deje el poder.

La economía de Brasil saltó 9% interanual en el primer trimestre de 2010, pero no puede crecer más de 5% a largo plazo sin reformas estructurales, según economistas.

Aún no está claro qué tanto tratarán de reducir la burocracia la candidata oficialista Dilma Rousseff y el abanderado de la oposición José Serra, aunque el segundo se perfila más como partidario de un Estado menos aparatoso.

Rousseff, quien como ex jefa de Gabinete de Lula tiene un conocimiento directo del modo en que funciona la burocracia, ha hablado sobre la necesidad de reformar el "caótico" sistema tributario de Brasil y de reducir la carga sobre las inversiones.

Serra, quien estableció un programa de desburocratización cuando fue gobernador del estado de Sao Paulo, ha señalado que Brasil tiene la mayor carga impositiva entre las grandes economías emergentes.

"Es una agenda microeconómica con la que el próximo presidente tendrá que lidiar", dijo Christopher Garman, analista jefe para Latinoamérica de Eurasia Group en Washington.

"Hay enormes cuellos de botella en la capacidad del Gobierno para ejecutar programas de infraestructura y este es un problema particularmente agudo en los preparativos para el Mundial (del 2014) y los (Juegos) Olímpicos (del 2016)", agregó.

Garman sostuvo que Serra probablemente combatiría mejor la burocracia debido a sus antecedentes en Sao Paulo y el fuerte equipo de tecnócratas que lo asesoran, pero de igual modo ambos candidatos darían prioridad a una reforma.