Brasilia. La candidata oficialista a la presidencia de Brasil, Dilma Rousseff, está perdiendo impulso a pocas semanas del balotaje debido a escándalos de corrupción y sus posturas sobre temas sociales, que redujeron su ventaja a cuatro puntos porcentuales, según un sondeo divulgado el jueves.

El sondeo más reciente de la encuestadora Sensus fue el último en mostrar la reducción del apoyo a Rousseff desde la ventaja de 20 puntos que tenía sobre su rival, el candidato opositor José Serra, a fines de agosto.

Rousseff tiene un 46,8% de intención de voto, mientras que Serra cuenta con 42,7% de las preferencias, de acuerdo al sondeo de Sensus. El balotaje tendrá lugar el 31 de octubre.

Clesio Andrade, director de la Confederación Nacional de Transportes, que encargó el sondeo, calificó el resultado como un "empate técnico" tras tomar en consideración el margen de error de más o menos 2,2 puntos porcentuales.

Otros sondeos recientes han mostrado que Rousseff lleva una ventaja de entre seis y ocho puntos porcentuales.

Sin embargo, la tendencia general se mantiene: Rousseff, considerada durante meses como la favorita para ganar las elecciones, está sufriendo una erosión clara en su apoyo, lo que ha dado nuevos bríos a la campaña de Serra y podría forzar a los mercados financieros a repensar una elección que muchos daban por acabada.

A Rousseff, de 62 años, le faltó poco para ganar los comicios en la primera ronda el 3 de octubre, pero acusaciones de tráfico de influencias que involucraron a una ex asesora y su apoyo en el pasado a la despenalización del aborto le costó votos a último momento.

Eso le ha restado brillo a una campaña que fue dominada previamente por la pujante economía de Brasil y la inmensa popularidad del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien escogió personalmente a Rousseff como su sucesora.

"Ha habido una deconstrucción de la imagen (de Rousseff)", dijo Ricardo Guedes, director de Sensus.

Foco en temas sociales. Serra ha criticado la falta de experiencia ejecutiva de Rousseff y no tener una identidad propia, más allá de apoyo de Lula.

Rousseff ha dedicado buena parte de la última semana a reunirse con líderes de la Iglesia en un esfuerzo por asegurarles que no cambiará las leyes existentes en Brasil, que consideran el aborto ilegal en la mayoría de los casos.

El foco sobre temas sociales y la corrupción han diluido el principal mensaje de Rousseff: que está mejor posicionada para continuar con el actual estado de prosperidad que ha sacado de la pobreza extrema a más de 20 millones de brasileños desde que Lula asumió el mando del país en 2003.

Se prevé que ni Serra ni Rousseff se desvíen demasiado de la actual mezcla de políticas económicas de centroizquierda, aunque se cree que el primero sería más estricto en lo que se refiere a cuentas fiscales.

Sus declaraciones respecto de que la moneda, el real, está sobrevalorada podrían causar volatilidad en el mercado si reduce aún más su brecha con Rousseff en los sondeos.

Excluyendo los sufragios en blanco y nulos, el sondeo de Sensus le da a Rousseff 52,3% de los votos, mientras que Serra tiene 47,7%.

Para el nuevo sondeo se entrevistaron a 2.000 personas entre el 11 y el 13 de octubre.