Brasilia. La candidata oficialista a la presidencia de Brasil, Dilma Rousseff, debe ganar la confianza de votantes preocupados por casos de corrupción en su círculo interno y sus opiniones sobre el aborto, pero aún es la clara favorita para ganar en la segunda ronda de las elecciones.

Rousseff y sus partidarios estaban visiblemente decepcionados luego de que obtuvo 46,9% de los votos en las elecciones presidenciales del domingo, menos que la mayoría que necesitaba para evitar un balotaje el 31 de octubre contra el principal candidato opositor, José Serra, que sumó 32,6% de adhesión popular.

Sin embargo, Rousseff, de 62 años, aún cuenta por lejos con la mayor ventaja en la campaña: el apoyo del enormemente popular presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien la escogió personalmente para ser su sucesora.

Se espera que la ex jefa de gabinete de Lula continúe con las políticas económicas estables que han llevado a Brasil a convertirse en uno de los países favoritos de los inversores extranjeros y que han sacado a 20 millones de personas de la extrema pobreza en el país con cerca de 193 millones de habitantes.

Lula dijo este domingo que dedicaría las próximas semanas a hacer campaña a favor de su protegida política.

"Repentinamente, la carrera (presidencial) está de vuelta", dijo Neil Shearing, economista de mercados emergentes en Capital Economics, en Londres.

Grandes oscilaciones en el mercado son improbables, dado que se espera tanto Serra como Rousseff continúen con las responsables políticas de administración fiscal de Lula.

Sin embargo, Shearing dijo que sus distintas visiones sobre reformas estructurales, como la forma de hacer más eficiente la onerosa carga impositiva de Brasil, por ejemplo, podría causar algunas "preocupaciones de mercado" si los sondeos oscilan en las próximas semanas.

Rousseff, una ex líder guerrillera en la década de 1960 quien se convirtió con el paso del tiempo en una pragmática funcionaria pública de carrera vio disminuir su ventaja en los sondeos en las últimas dos semanas luego de la propagación por internet de videos suyos mostrando comentarios en que parece favorecer la despenalización del aborto.

El aborto es ilegal en Brasil, un país con una gran población católica, excepto en casos de violación o si la vida de la madre está en riesgo.

El lunes por la mañana, la búsqueda de videos con los nombres "Dilma" y "aborto" habían registrado más de dos millones de solicitudes en el popular sitio de videos YouTube.

Votantes religiosos. Los comentarios de Rousseff parecen haber enfadado a muchos votantes religiosos, especialmente a cristianos evangélicos que están creciendo en poder e influencia en Brasil.

Muchos optaron por su correligionaria evangélica Marina Silva, la candidata del Partido Verde (PV) que obtuvo 19,3% de los votos y cuyo apoyo ahora es buscado activamente por Rousseff y Serra.

La aparición de temas sociales en una campaña que había sido definida en su mayor parte por la pujante economía brasileña pareció tomar a Rousseff, y a muchos brasileños, por sorpresa.

"La controversia por el aborto fue decisiva", publicó el periódico local O Estado de S. Paulo en primera página, en su edición del lunes.

El diario citó a Gilberto Carvalho, un alto asesor de Lula, diciendo que Rousseff "debería haberse reunido antes" con líderes de la Iglesia para reafirmar su apoyo a leyes existentes, como lo hizo la semana pasada.

"Subestimamos los rumores", sostuvo.

Rousseff también tendrá que responder por un reciente escándalo de corrupción que involucró a una ex asesora, que renunció a su cargo como jefa de Gabinete de Lula tras ser acusada de tráfico de influencias.

Lula desestimó las posibilidades de que Rousseff pierda en el balotaje y recordó el domingo que él también pasó a segunda vuelta en el 2002 y en el 2006 y que surgió con un enérgico mandato en ambas ocasiones.

El mandatario ha dicho que su protegida es la mejor candidata para continuar con el reciente crecimiento económico de Brasil, que se espera que supere el 7 por ciento este año y que persiga proyectos de infraestructura necesarios en el marco de los preparativos para el Mundial de fútbol 2014 y los Juegos Olímpicos 2016.

Reputación elitista. Serra, mientras tanto, tiene problemas propios.

El ex gobernador del estado de Sao Paulo dio declaraciones triunfales la noche del domingo, que sonó casi como un discurso de victoria.

Sin embargo, la baja de Rousseff benefició a Marina Silva más que a Serra y su apoyo electoral ha permanecido en torno a 30% durante semanas.

Serra y su Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que gobernó Brasil durante un difícil período de privatizaciones y dificultades en el mercado entre 1995 y 2003, cuando Lula asumió la presidencia, tendrán que deshacerse de su reputación de elitistas si quiere ganar una mayoría de los votos.

El electorado brasileño está cada vez más dominado por una emergente clase media, que ha aumentado en más de 30 millones de personas desde que Lula llegó al poder y que ahora abarca a casi la mitad de la población del país.

Ese bloque, conocido en Brasil como "Clase C", con ingresos familiares de entre 665 y 2.820 dólares mensuales, mostró poco entusiasmo por Serra hasta ahora, pero los sondeos muestran que su apoyo a Rousseff disminuyó en la primera ronda.

La mejor opción para Serra, de 68 años, sería aliarse con Silva o su Partido Verde. Ella dijo que no apoyará formalmente a ninguno de los candidatos aún en disputa, pero sus seguidores la observarán de cerca por cualquier señal que indique a cuál de los dos respalda.