Brasilia. El candidato opositor brasileño, José Serra, comenzó su campaña a la presidencia de Brasil como el claro favorito de los mercados financieros, pero su reciente mano dura sobre la política económica ahora despierta las dudas de muchos inversionistas.

Varios inversores y analistas políticos dijeron a Reuters que ahora están más preocupados por Serra que de su principal rival, Dilma Rousseff, abanderada del oficialista Partido de los Trabajadores (PT).

Serra, un político veterano de 68 años y candidato del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), ha preocupado a muchos con declaraciones respecto a ejercer control sobre el Banco Central, rebajar la tasa de interés y aumentar el rol del Estado en la economía.

El aparente cambio de opiniones sobre la campaña presidencial en Brasil podría afectar a los mercados cambiarios y de deuda si Serra continúa teniendo un alto apoyo en los comicios de octubre, dijeron inversores.

"El sistema financiero prefiere secretamente a Rousseff", dijo Tony Volpon, director de investigación de mercados emergentes de las Américas en Nomura Securities, en Nueva York.

Desde muchos puntos de vista, Serra debería ser el favorito de los inversores. Posee un doctorado en economía de la Universidad de Cornell, amplia experiencia en cargos ejecutivos y un partido que abogó por la privatización y las reformas de mercado durante el Gobierno del predecesor del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, Fernando Henrique Cardoso (1995-2002).

Rousseff, en tanto, es una administradora pública y ex guerrillera que nunca antes se ha presentado a cargos de elección popular.

Pese a eso, la ex jefa de Gabinete de Lula ha ganado el apoyo de los inversores, distanciándose de algunas de las propuestas más izquierdistas de su partido.

También ha prometido continuar con las políticas de mercado de Lula, que han ayudado al crecimiento de la economía en los últimos años.

"Ninguno de los candidatos es el sueño de Wall Street, pero Serra representa el mayor riesgo. El trae mayor incertidumbre y oportunidad para el cambio", dijo Alexandre Barros, analista político que sigue la carrera de Serra desde que ambos eran estudiantes y activistas en Sao Paulo en 1962.

Xico Graziano, un alto asesor de Serra, desestimó las preocupaciones de los inversores y dijo a Reuters que "los inversores conocen las cualidades de Serra y el modo en que ve a la economía. No es sorpresa para nadie".

Preocupaciones. Hasta ahora, pocos inversores se han preocupado por las elecciones del 3 de octubre, pues ninguno de los principales candidatos es un populista que amenace la estabilidad económica.

Pero esa sensación de calma está en riesgo en la medida en que se acercan los comicios y los candidatos articulan sus plataformas más claramente.

Serra dijo esta semana que es necesario rebajar la tasa de interés y que el real brasileño está "mega sobrevaluado".

"Respecto a Serra, existe preocupación sobre la moneda y la tasa de interés, aunque creo que él sería más estricto en disciplina fiscal que Rousseff", dijo Reginaldo Alexandre, director de la Asociación de Analistas de Mercado de Capital en Sao Paulo.

Rousseff ha subido consistentemente en los sondeos de opinión, impulsada por una pujante economía y el apoyo del popular Lula, aunque aún no ha logrado una ventaja clara.

"El mercado no ha internalizado en los precios el riesgo de Serra porque cree que Rousseff va a ganar", aseguró Rafael Cortez, analista político de la consultoría brasileña Tendencias.

Si Rousseff no establece una clara ventaja sobre Serra para agosto, "podrías ver movimientos (de mercado) bastante violentos, especialmente para el tipo de cambio", advirtió Volpon.

Rol del Estado. Serra también ha dado señales mezcladas sobre el rol del Estado en la economía. Ha criticado la creación de una nueva petrolera estatal, el uso de fondos estatales para construir un tren de alta velocidad y ha prometido restaurar los poderes a reguladores de la industria.

Sin embargo, también ha aplaudido las medidas de estímulo económico de Lula y ha propuesto un mayor desarrollo económico impulsado por el Estado.

"Favorezco un proyecto nacional de desarrollo para Brasil con activismo gubernamental", sostuvo.

Mientras Serra quiere recortar la burocracia estatal, también quiere aumentar el plan de bienestar de Lula, Bolsa Familia, que muchos de sus partidarios criticaron durante años.

"Rousseff le dice al mercado lo que quiere oír. El mensaje de Serra es más político porque necesita ganar votos", dijo Dany Rappaport, socio de la consultoría financiera InvestPort.