Brasilia. Los debates electorales en muchos países se desarrollan en torno a temas de salud, educación y política exterior, pero en Brasil la política monetaria está tomando un rol central.

Eso refleja cuán profundamente la inflación descontrolada de las décadas de 1980 y 1990 ha dejado su huella en la psiquis colectiva del país.

Cualquier brasileño que haya vivido esa época recuerda demasiado bien haber tenido que correr al supermercado antes de que los precios aumentaran al doble frente a sus ojos.

Estos días, los brasileños tienen que lidiar con una de las tasas de interés más altas del mundo, que encarecen el crédito y reducen la inversión en la mayor economía de Latinoamérica.

Los dos candidatos con mayor adhesión en los sondeos de intención de votos, la oficialista Dilma Rousseff y el opositor José Serra, han prometido que mantendrán la autonomía de facto del Banco Central en caso de ser elegidos.

Rousseff, del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) y favorita en los sondeos, ha buscado mostrar explícitamente su respaldo hacia el Banco Central.

Sin embargo, existe la especulación de que la autoridad monetaria ha enfrentado un poco de presión política para reducir la tasa de interés durante el gobierno actual, en el que Rousseff participó como jefa de Gabinete.

Serra, en cambio, ha criticado abiertamente lo que llama tasas "impresionantes".

Política monetaria. La discusión sobre tasas de interés podría darle al próximo gobierno un dolor de cabeza en su intento por encontrar un equilibrio entre el objetivo de bajar las tasas con la necesidad de mantener la inflación contenida.

"Con los candidatos hablando abiertamente sobre política monetaria, el Banco Central tendrá que ser más conservador para probar que es independiente", dijo André Sacconato, economista de la consultoría Tendencias en Sao Paulo.

El peligro es que las tasas suban más, afectando al poder adquisitivo de brasileños comunes que gracias al crédito más barato están solicitando préstamos a niveles sin precedentes.

Ese riesgo parece estar creciendo en la medida en que Rousseff avanza en los sondeos frente a Serra, ex gobernador del estado de Sao Paulo, de cara a la primera ronda de los comicios del 3 de octubre.

Rousseff ha basado su campaña en la continuidad de las políticas del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, cuyo manejo de la economía brasileña lo han hecho enormemente popular tanto entre los brasileños como entre los inversores internacionales.

Los analistas estiman que la ex jefa de Gabinete de Lula tendría una postura más flexible sobre gasto fiscal que su rival, una posición que podría forzar al Banco Central a elevar la tasa de interés.

La tasa de interés referencial de Brasil, Selic, es actualmente de %10,75 anual, más que la de economías avanzadas y el doble de la de algunos países que integran el grupo BRIC -término acuñado en 2001 para describir a las potencias emergentes Brasil, Rusia, India y China.

Serra afirma que un menor gasto gubernamental es clave para reducir la tasa de interés a largo plazo.

El gasto gubernamental representó 20,2% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2008, el más alto entre los países que conforman el BRIC.

El alto nivel de gasto ha reducido el superávit presupuestario primario de Brasil a 2,03% del PIB, mucho menos que la meta de 3,3% del gobierno para fin de año.