Brasil. Las elecciones generales del próximo año en Brasil estarán marcadas por una profunda incertidumbre debido al rechazo de la población a los políticos tradicionales y por las causas judiciales que salpican a algunos de los aspirantes, manifestaron analistas.

A decir de los expertos, la expectativa de que el proceso electoral ofrezca una salida legitimada a las crisis políticas y económicas de los últimos tres años, está empañada por el desconocimiento de quienes serán los principales competidores.

Brasil buscará dar vuelta a la página del turbulento período que siguió a la reelección de Dilma Rousseff en 2014 y su posterior destitución en agosto de 2016, así como al gobierno de su sucesor, Michel Temer.

El ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010) lidera por amplia ventaja las preferencias del electorado en los sondeos, pero el líder del Partido de los Trabajadores (centro izquierda) corre un serio riesgo de ver inhibida su candidatura.

Condenado en primera instancia por haber recibido supuestamente favores indebidos de una empresa constructora, si el fallo es confirmado por un tribunal de Porto Alegre el 24 de enero, el ex mandatario no podrá postularse.

Para el doctor en Ciencias Políticas, Luciano Dias, de CAC Consultoría, el escenario que predomina es que el ex presidente no sea candidato, porque la condena sería confirmada, dejándolo fuera de la carrera presidencial.

"La agenda reformista creo que va a continuar, más allá de quién sea electo. Incluso, el propio ex presidente Lula mostró en el pasado que podría defender causas impopulares, como cuando mantuvo impuestos al consumo en su gobierno a contramano de la posición de su propio partido", dijo un analista.

"Eso implica que él quedará encasillado en la Ley de la Ficha Limpia, lo que significa inelegibilidad en Brasil (por un plazo de ocho años). Pero Lula va ser un protagonista porque el PT controla alrededor de 12% del voto nacional", expresó Dias a Xinhua.

"Si sumamos a todos los partidos de izquierda en Brasil, aún tienen alrededor de un 20% de los votos. Naturalmente Lula será un líder importante, pero eso es independiente de que sea o no candidato", dijo el autor de libros y artículos sobre política, historia y administración pública brasileña.

En tanto, Ricardo Caldas, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Brasilia (UnB), consideró que "el escenario principal es un escenario fragmentado", en especial si la Justicia confirma la condena del ex presidente.

"En caso de que Lula no pueda postularse, eso va a distribuir votos entre muchos candidatos. Para mí, la novedad sería que él fuera absuelto, pero es lo menos probable", estimó.

"Si su condena es confirmada, creo que eso va a provocar un gran daño a su candidatura", señaló.

Dias apuntó que el favorito natural de las elecciones brasileñas es el gobernador de Sao Paulo, Geraldo Alckmin, porque tiene a su favor el elector políticamente más educado, en el estado más populoso de Brasil, cerca de un cuarto del padrón nacional.

El experto agregó que esa condición potencia las oportunidades del gobernador paulista, del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB, de centro), pero también debe hacer frente a denuncias de graves irregularidades en contratos públicos en Sao Paulo.

Alckmin es un político de centro conocido por los brasileños. Estuvo cerca de llegar a la Presidencia. Fue derrotado por estrecho margen en la segunda vuelta de las presidenciales de 2006, en las que Lula da Silva obtuvo la reelección.

En las encuestas, sin embargo, detrás de Lula da Silva aparece el ex militar y diputado Jair Bolsonaro.

"Bolsonaro realmente es una sorpresa, está por encima de lo que se puede esperar de un candidato de esas características. Es difícil decir si él va a mantener ese nivel de votos cuando la campaña realmente comience", apuntó el analista Dias.

Otra variante sería una candidatura explícitamente apoyada por el gobierno de Temer, que ganaría impulso a partir de la esperada aceleración del crecimiento económico el año próximo.

Ambos analistas coincidieron en señalar que, más allá de los nombres, la disputa central en la elección debe ocurrir entre un candidato que defienda la agenda de reformas iniciada por Temer y otro que se presente como opositor, aunque sea parcialmente.

Para Caldas, junto a un candidato "reformista", puede ganar fuerza un candidato moderado de centro izquierda, que incorpore parte de esa agenda aunque no sea totalmente favorable a las reformas.

"La agenda reformista creo que va a continuar, más allá de quién sea electo. Incluso, el propio ex presidente Lula mostró en el pasado que podría defender causas impopulares, como cuando mantuvo impuestos al consumo en su gobierno a contramano de la posición de su propio partido", recordó el maestro en Ciencia Política.