Brasilia, EFE. Desde que Hugo Chávez llegó al poder en Venezuela, Brasil ejerció de "moderador" de su explosivo carácter y supo enfriar diversos conflictos, sobre todo por la "mano diplomática" de Luiz Inácio Lula da Silva, uno de sus mejores consejeros y amigos.

Chávez, que admitió siempre la influencia que Lula había cobrado "en su vida", solía situarlo entre los grandes líderes latinoamericanos y en una conversación con Efe en la ciudad brasileña de Manaos, hace nueve años, confesó que poco sabía de él hasta que se lo mencionó el cubano Fidel Castro.

Recordó en esa ocasión que, en 1994, nueve meses después de dejar la prisión a la que fue condenado por su intentona golpista de 1992, visitó a Castro en La Habana por primera vez y esté le recomendó: "Si tu quieres hacer política sigue a Lula. Ese es el hombre".

También dijo que conoció finalmente a Lula en 1996 en San Salvador, durante un encuentro del Foro de Sao Paulo, grupo que congrega a partidos de izquierdas de América Latina y al que su Movimiento Bolivariano comenzaba a acercarse.

"Conversamos unos pocos minutos, pero Fidel tenía razón. Era el hombre", apuntó Chávez, quien dos años después de aquel primer encuentro con Lula se convirtió en presidente de Venezuela.

Ya en el gobierno, fortaleció sus relaciones con el Brasil que en la época presidía Fernando Henrique Cardoso, de quien reveló que fue el primer líder latinoamericano que intentó aproximarlo con el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush.

Pese al rechazo de muchos sectores internos, Lula también fue un ferviente defensor del ingreso de Venezuela al Mercosur, concretado el año pasado, y en opinión de muchos observadores políticos, uno de los motivos también era tratar de mantener a Chávez bajo "cierto control".

"Cardoso quiso, pero fue imposible", dijo posteriormente Chávez, quien se acercó aún más a Brasil desde enero del 2003, cuando Lula asumió la Presidencia.

Venezuela vivía en ese momento una enorme convulsión social en medio de un "paro petrolero" convocado por la oposición que casi había paralizado al país y la primera decisión de Lula en política exterior fue proponer la creación de un "Grupo de Países Amigos" que mediara entre Chávez y sus adversarios.

El grupo lo integraron Brasil, México, Chile, España, Portugal y hasta Estados Unidos, país que Chávez aceptó a regañadientes por consejo de Lula, quien le decía que no podían estar sólo "sus amigos".

La actuación diplomática de esos países, auxiliados por la OEA, fue clave para la celebración del referendo "revocatorio" que la oposición consiguió convocar para agosto de 2004 y en el que Chávez fue ratificado en el cargo por el 58 por ciento de los venezolanos.

"Que nadie siembre dudas ahora sobre ese proceso" y sobre "la legitimidad" de Chávez, sostuvo Lula después del referendo, tras el cual instó a los venezolanos a entender que "no hay vencedores ni vencidos" y que "todos deben celebrar".

Más allá del plano interno, el Brasil de Lula fue un constante "bombero" en las por momentos incendiarias relaciones de Chávez con la región, en especial ante recurrentes conflictos con Colombia y el propio Estados Unidos.

Para analistas latinoamericanos, ese papel de Brasil fue uno de los factores que llevó a Lula a proponer e impulsar la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que además de promover la integración serviría para "contener" al líder bolivariano y su creciente influencia regional.

Pese al rechazo de muchos sectores internos, Lula también fue un ferviente defensor del ingreso de Venezuela al Mercosur, concretado el año pasado, y en opinión de muchos observadores políticos, uno de los motivos también era tratar de mantener a Chávez bajo "cierto control".

Esa intención pudo haber estado escondida en una aclaración que repetía el antiguo canciller de Lula, Celso Amorim, quien más de una vez puntualizó que "se trata de que Venezuela entre al Mercosur y no de que el Mercosur entre a Venezuela".

En América Latina también fueron motivo constante de análisis y debate los diferentes "modelos" propuestos por Lula y Chávez, uno marcado por el pragmatismo y el otro por la beligerante ruptura.

Esa discusión cobró cuerpo incluso en procesos electorales, como el que llevó al poder en Perú en 2011 al nacionalista Ollanta Humala, quien en su campaña se vio casi forzado a definirse entre uno y otro y se identificó claramente con el líder brasileño.

Las diferencias entre ambos hasta fueron citadas en otros debates, centrados en la forma en que lidiaron con la información desde que supieron que sufrían un cáncer.

Lula, desde que le fue detectado un tumor en la laringe, decidió que todo se tratase con una transparencia absoluta y que los médicos que le atendieron difundieran comunicados oficiales y precisos.

En el caso de Chávez, el secretismo, la desconfianza y la falta de información fiable fueron la norma y generaron conjeturas de todo tipo hasta su muerte este martes en Caracas.