El proceso electoral que se celebra este domingo en Brasil llegó a su ecuador en calma, con escasos incidentes y con la mirada puesta en una posible segunda vuelta entre la presidenta Dilma Rousseff y el socialdemócrata Aécio Neves o la ecologista Marina Silva.

Cuando habían transcurrido ya cinco de las nueve horas previstas para que 142,8 millones de electores acudan a las urnas para elegir a un nuevo presidente, los 27 gobernadores y renovar las cámaras federales y regionales, el tribunal electoral registraba unos pocos incidentes, al igual que las autoridades policiales.

Según el Tribunal Superior Electoral, solamente el 0,38 % de las 428.894 urnas electrónicas instaladas en todo el país había tenido algún problema técnico y había sido sustituida de inmediato.

El hecho más grave se registró en Maranhao, estado del noreste de Brasil, en el que un grupo criminal le prendió fuego a cuatro urnas que estaban instaladas en un local de votación antes de su apertura.

Las urnas fueron sustituidas y la Policía sospecha que el ataque está relacionado con una serie de atentados ordenados en los últimos días por bandas de presos que han reaccionado ante medidas adoptadas por las autoridades para intentar reducir su poder.

El presidente del tribunal, magistrado José Antonio Dias Toffoli, dijo en una rueda de prensa que hasta la mitad de la jornada tan sólo ha sido necesario usar una de las urnas manuales tradicionales y votación con papeleta en una mesa de votación.

Ello ocurrió en la ciudad de Santo Antonio, en el estado de Río Grande do Norte, debido a que el jurado responsable por la mesa, por razones aún desconocidas, habilitó la votación manual antes de intentar sustituir la urna electrónica por otra.

Durante la jornada también han sido detenidos al menos 22 candidatos y un centenar de electores por diversas infracciones electorales, referidas en su mayoría al hecho de hacer propaganda política, que está prohibido en Brasil el día de las elecciones.

Los candidatos detenidos aspiraban a cargos en asambleas regionales y fueron liberados una vez que prestaron declaración.

Los principales candidatos presidenciales votaron temprano y dieron como válido el pronóstico de todas las encuestas, las cuales coinciden en que Rousseff ganará este domingo con una votación cercana al 40%, insuficiente para evitar que el pleito se defina en una segunda vuelta.

Los sondeos dicen que Rousseff deberá enfrentarse en esa nueva elección, prevista para el 26 de octubre, al socialdemócrata Neves o la ecologista Silva, a quienes les atribuyen una votación en torno al 24 %.

"Trabajo con la hipótesis de las dos vueltas, pero eso sólo lo decidirán las urnas", declaró Rousseff tras votar en la escuela pública Santos Dumont, de la ciudad de Porto Alegre.

"Quien decide es el pueblo. Sería irrespetuoso decir que prefiero a uno u otro candidato", declaró la presidenta, que vistió el color rojo del oficialista Partido de los Trabajadores (PT).

Neves, mucho más interesado que Rousseff que en el pleito llegue al 26 de octubre, declaró al votar que se siente "confiado" en pasar a una segunda vuelta.

"Veo eso con mucha naturalidad y no parece sorprendente", dijo el candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que votó en la escuela pública Governador Milton Campos, de la ciudad de Belo Horizonte, donde tiene su principal fortín electoral.

Neves acudió a las urnas acompañado por su esposa, Leticia Weber, y por dirigentes del PSDB, y, así como Rousseff escogió el rojo, vistió una camisa del color azul que simboliza a su partido.

Silva, por su parte, votó en una mesa instalada en la sede del Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (Incra) de la ciudad de Río Branco, capital del estado amazónico de Acre, en el que nació hace 56 años.

Llegó al centro de votación arropada por familiares y también apostó para su blusa en el color amarillo que identifica a su candidatura.

"Estoy confiada en que estaré en la segunda vuelta, si Dios y el pueblo brasileño lo quieren", declaró Silva.

Tras votar en Porto Alegre, Rousseff viajó hacia Brasilia, donde esperará por los resultados oficiales.

Neves lo hará en Belo Horizonte y Silva se trasladó desde la remota ciudad amazónica de Río Branco hasta Sao Paulo para aguardar los resultados.

Los 450.000 centros de votación instalados en el país estarán abiertos hasta las 17.00 (20.00 GMT) aunque, por los diversos husos horarios que existen en el extenso territorio brasileño, en los estados del noroeste cerrarán dos horas después.

A partir de ese momento podrán ser divulgados sondeos a pie de urna y también, una vez que cierren las mesas en todo el país, el Tribunal Superior Electoral tiene previsto comenzar a difundir sus primeros boletines con resultados oficiales.