Londres. El primer ministro británico, David Cameron, afrontará este jueves la presión para suavizar su plan de austeridad, reforzar la presencia policial y hacer más para ayudar a las comunidades desfavorecidas, tras días de disturbios que revelaron las tensiones sociales de una economía deprimida.

Los ciudadanos están enfurecidos por el saqueo de productos desde televisores a caramelos, y Cameron hasta ahora ha calificado a los alborotadores como simples delincuentes oportunistas, negando que lo ocurrido estuviera relacionado con las consecuencias de los profundos recortes públicos.

Pero líderes de asociaciones vecinales dijeron que la desigualdad, los recortes en los servicios públicos y el elevado desempleo juvenil tienen también probablemente una parte de la responsabilidad en los peores disturbios vividos en Reino Unido desde hace décadas.

Mientras siguen las tareas de limpieza, el gobierno de coalición entre conservadores y liberales demócratas debe encontrar soluciones rápidas para evitar más violencia al tiempo que afronta los problemas a largo plazo en lo que Cameron llamó "Gran Bretaña quebrada".

"Hay bolsones de nuestra sociedad que no están rotos, sino francamente enfermos", declaró a la prensa.

El aumento en el número de agentes desplegados ayudó a llevar la calma a Londres y otras ciudades inglesas como Manchester y Birmingham el miércoles por la noche, pero cuatro días de desórdenes casi sin oposición han avergonzado a las autoridades y dejado barrios enteros destrozados.

La policía ha arrestado a más de 1.000 personas en Inglaterra, llenando las comisarías y obligando a los tribunales a trabajar todas las noches para procesar cientos de casos. Entre los acusados hay un niño de once años.

No está claro si la calma aguantará, pero el miércoles los problemas se redujeron a apenas alguna escaramuza. Vecinos y comerciantes se unieron para proteger sus barrios.

"Negros, asiáticos, blancos, todos vivimos en la misma comunidad, ¿por qué tenemos que matarnos los unos a los otros ?", preguntó Tariq Jahan, cuyo hijo fue uno de los tres jóvenes musulmanes atropellados y muertos el martes por la noche cuando al parecer trataban de proteger unas propiedades del caos en Birmingham.

"Den un paso adelante si queréis perder a vuestros hijos, si no, por favor, cálmense y vayan a casa", pidió.

Mientras la policía investiga este suceso y otros ocurridos durante los últimos días, la atención probablemente se dirigirá ahora a determinar por qué estallaron y se extendieron los disturbios y saqueos y a estudiar la lentitud de la respuesta policial.