Washington. La Cámara de Representantes de Estados Unidos se dirigía este domingo a una estrecha votación de una extensa reforma al sistema de salud, mientras los líderes demócratas pronostican una victoria para la mayor prioridad doméstica del presidente Barack Obama.

Tras un turbulento día de de reuniones a puertas cerradas, conversaciones urgentes en los pasillos de la Cámara y una visita de Obama al Capitolio, los líderes demócratas estaban confiados en haber conseguido los 216 votos necesarios para aprobar la ley de salud, frente a una compacta oposición republicana.

"Claramente, creemos que tenemos los votos", afirmó a periodistas el sábado el líder demócrata de la Cámara baja, Steny Hoyer. "Esperamos tener los votos para aprobar el proyecto de ley del Senado", remarcó.

La Cámara baja votará por separado el domingo por la tarde sobre la versión de la reforma aprobada por el Senado, que de recibir luz verde se convertiría en ley cuando Obama la promulgue. Además, someterá a votación un paquete de cambios a la legislación impulsados por los representantes demócratas.

Bajo la presión de los republicanos y algunos demócratas, los líderes del partido dejaron de lado un plan para aprobar la versión del Senado, impopular entre algunos demócratas de la Cámara baja, sin una votación directa.

Obama fue al Capitolio para reunir apoyo y llamó a los demócratas de la Cámara a "levantarse" y llevar adelante lo que reconoció podría ser una votación políticamente difícil, a puertas de las elecciones legislativas de noviembre.

"Sé bajo qué presión están", dijo Obama a los demócratas. "Este es uno de esos momentos. Esta es una de esas veces en las que pueden decirse a sí mismos honestamente: 'Maldición, esto es exactamente por lo que vine aquí'", señaló el presidente.

Mayor cambio desde Medicare. Las votaciones terminarán con una batalla política de nueve meses sobre la reforma, que podría llevar a los mayores cambios en el sistema de salud estadounidense de US$2,5 billones desde la creación en 1995 del programa Medicare, administrado por el gobierno, para ancianos y discapacitados.

La reforma expandiría la cobertura a 32 millones de estadounidenses sin seguro y prohibiría prácticas actuales de las aseguradoras, como rechazar la cobertura a quienes posean condiciones médicas pre-existentes.

La legislación requerirá que todos los estadounidenses posean un seguro de salud, pero entrega subsidios para ayudar a trabajadores de bajos ingresos a pagar el suyo, y crea bolsas donde individuos y grupos puedan revisar y comparar planes de seguros.

La aprobación de la ley es clave para Obama, cuya situación política y agenda legislativa podrían depender de su éxito. Los niveles públicos de aprobación de Obama han caído en picada a cerca del 50 por ciento, según varios sondeos, debido al amargo debate sobre la reforma de atención médica.

Los críticos republicanos dicen que la ley es impopular y una intrusión en el sector de salud que aumentará los costos, incrementará el déficit de presupuesto y reducirá las alternativas de los pacientes.

"El pueblo estadounidense está haciendo oir sus voces, aquí en el Capitolio y en todo Estados Unidos", dijo el líder republicano de la Cámara, John Boehner. "Es tiempo de que los demócratas de Washington escuchen", sostuvo.

Si los representantes aprueban el paquete de cambios a la versión del Senado, éste deberá someterlos a votación la semana próxima.

El líder demócrata de la Cámara alta, Harry Reid, se unió a Obama durante un mitin y dijo a los legisladores demócratas que tenía un compromiso de una "buena mayoría" en el Senado de 100 escaños para aprobar los cambios al plan de reforma.