Excelsior.com.mx. La cooperación de seguridad entre México y Estados Unidos seguirá al margen de quien sea electo, pero en ausencia de convenios formales, esa colaboración continuará sobre “la inestable fundación” de relaciones personales y “similaridades” en la comprensión de intereses mutuos, consideró la especialista Pamela Starr.

En un análisis publicado por la prestigiosa revista Foreign Affairs, del Consejo de Relaciones Exteriores de Nueva York, la autora indicó que un cambio en la política antidrogas hacia un mayor énfasis en detener la violencia, como parecen destacar los tres principales candidatos, puede crear tensiones con Estados Unidos, donde la política oficial es detener el flujo de narcóticos.

Starr señaló que los cambios que pueden tener lugar también en el aparato estadounidense, llevarán a un periodo rocoso en la relación, pues “tomará tiempo para que los nuevos actores desarrollen el mismo grado de confianza mutua que actualmente facilita la cooperación efectiva”.

En el texto señaló que la cooperación bilateral sobre seguridad ha sido “cercana y eficiente” durante el periodo del presidente Felipe Calderón, sobre todo porque “un país que tradicionalmente ha visto a Estados Unidos como la principal amenaza a su seguridad nacional ha aceptado a su vecino del norte como socio en la batalla contra el crimen organizado”.

Pero advirtió que esa situación, reflejada en el intercambio de información de inteligencia estadunidense y la colaboración del muy nacionalista aparato militar mexicano, “puede cambiar después de la elección”.

Starr puntualizó que “la reciente era de cooperación descansa sobre una inusual coincidencia de intereses nacionales y cercanas amistades personales, más que sobre la base de un grupo codificado y permanente de acuerdos formales”.

En ese contexto, sería deseable la creación de una mayor institucionalización de esos vínculos, más allá del grupo consultivo creado a partir de la Iniciativa Mérida.

En todo caso, consideró que la transición a un nuevo régimen podría dañar la confianza entre los dos países, en detrimento de la cooperación de seguridad, puesto que al prevalecer la “química personal y los intereses comunes”, la colaboración bilateral es vulnerable a los cambios políticos y de personal que se espera con el cambio de gobierno.

La analista, catedrática de Relaciones Internacionales y Diplomacia Pública en la Universidad de California del Sur (USC), recordó que los principales candidatos presidenciales mexicanos han prometido redefinir las prioridades de seguridad mexicanas, con un mayor enfoque en combatir el crimen organizado en vez del flujo de drogas.

Esa nueva actitud es comprensible, sobre todo a la vista de la opinión pública mexicana, que enfatiza la necesidad de reducir el crimen y la violencia, y aunque favorecen el uso de los militares hasta que haya una policía efectiva, considera que la actual estrategia gubernamental no ha sido efectiva, señaló.

Destacó, en ese sentido, que desde que el presidente Calderón declaró la guerra al narcotráfico, el país ha registrado “un brutal aumento en la brutalidad y la frecuencia de los asesinatos relacionados con drogas, con más de 50 mil muertos y una explosión de secuestros, corruptelas, extorsión y robos”.

Starr señaló que los discursos de los principales candidatos han sido un tanto superficiales, pero los tres han coincidido más o menos en tres cambios de política: mejorar los sistemas de persecución judicial y penitenciario, mantener el uso de la fuerza para combatir al crimen organizado aunque de una forma “mas enfocada”, sobre la base de “la demostrada incapacidad para combatir a todos los grupos criminales en frentes múltiples”.

“La nueva administración concentrará más bien sus limitados recursos sobre las regiones y las actividades mas violentas del país”, y buscará una mayor colaboración entre la sociedad y las autoridades en zonas particulares para enfrentar a grupos específicos. “Dado que varias policías municipales estadunidenses han tenido un gran éxito con tal fórmula, esa estrategia ofrece otra oportunidad de cooperación bilateral”, escribió.

Por último, la analista indicó que el tercer cambio político anticipado puede constituirse en un problema para la relación bilateral, toda vez que los tres han prometido cambiar el enfoque de la batalla contra el narcotráfico a detener la violencia asociada con el crimen organizado.

“Esta percepción modificada del interés nacional de México puede producir tensiones con Washington, donde el detener el flujo de drogas hacia Estados Unidos continúa como la principal prioridad”, apuntó Pamela Starr.