El canciller Ricardo Patiño empezó la entrevista con este diario pidiendo no centrar la conversación en el juicio que enfrenta al presidente Rafael Correa con El Universo.

El encuentro estuvo precedido por una comida en el restaurante ecuatoriano Paralelo Cero. Compartió mesa con periodistas de cinco medios de comunicación españoles y este periódico en el último día de su visita a España como parte de su gira euroasiática.

- ¿Qué buscaba la bancada oficialista con la aprobación de una resolución sobre el 30 de septiembre del 2010 (30–S) en la Asamblea, que al final no prosperó?
A propósito del primer aniversario de ese intento de golpe de Estado era importante dejarlo afianzado institucionalmente.

- ¿Y de paso culpar a la prensa de ser parte de una conspiración contra el presidente Rafael Correa?
No conozco el texto, yo no lo he manejado.

- ¿Por qué insistir ante la comunidad internacional con la idea de que en el 30-S hubo un intento de golpe de Estado?
No, la mayor parte de los países ha entendido que se trató de un golpe de Estado. En este primer aniversario, Unasur hizo una declaración en ese sentido. A nivel interno tiene que quedar claro lo que pasó ese día. Una revuelta policial, si es por temas salariales o gremiales tiene sus límites. Pero en este caso, se cerraron aeropuertos, se dejó desprotegida a la población... y se secuestró al presidente..., dispararon contra él, lo intentaron matar...

- ¿Quiénes son los cerebros del 30-S?
Hay muchos indicios. Los borrachitos del hotel Le Parc (en referencia a legisladores de la oposición) deben decir qué estaban haciendo en medio de la confusión. Hubo una reunión previa en Miami donde participaron los Isaías, Mario Rivadeneira (uno de los principales tenedores de deuda), el exdirector de Inteligencia, Mario Pazmiño, conocido como una persona cercana a la CIA y Lucio Gutiérrez.

- ¿El hecho de que al frente de la investigación esté el nuevo fiscal y amigo del mandatario, Galo Chiriboga, les garantiza que se esclarezca lo ocurrido?
Espero que sí. Los procesos anteriores no estuvieron bien encaminados.

- ¿No cree que ese día el que se expuso fue el presidente?
La inteligencia no estaba en nuestras manos. No teníamos esa información. Había infiltración de otros organismos de inteligencia internacional que tenían control sobre nuestra Policía y particularmente sobre la inteligencia de Ecuador.

- ¿A quién se refiere?
Dejemos eso para los historiadores. Soy el canciller, debo ser prudente en las cosas que digo.

- ¿Un año después, han sido depurados esos fallos de inteligencia?
No suficientemente. Falta mucho por ser corregido, pero estamos en ello.

- ¿No cree que la imagen del país se ha afectado en el exterior por las denuncias de organismos de la vulneración de la libertad de expresión?
En las entrevistas que he mantenido no he sentido que por las opiniones de esos organismos la posición de nuestro gobierno haya sido vulnerada.

Sí hay una preocupación por lo que está pasando en términos de lo que se ha dicho del presidente. Hay gente en el mundo que aprecia su gestión y rechaza que se le diga lo que se le dice muchas veces a través de los medios.

La libertad de expresión está absolutamente respetada, tanto es así que se le pueden decir todas las barbaridades.

- ¿Y el rosario de insultos del presidente?
No, lo que hemos hecho, y yo también me pongo en ese plano, es contestar a los medios.

- ¿Por qué en embajadas como la de España hay casos de algún funcionario que tiene rango de ministro, pero no puede estar acreditado ante las autoridades españolas porque no tiene nacionalidad ecuatoriana y ocupan ese puesto por ser amigos del canciller?
Los funcionarios están en sus puestos porque quienes tomamos las decisiones confiamos en ellos, porque son amigos nuestros. En su pregunta usted incluye un juicio que es equivocado al decir que el único mérito es ser amiga del canciller.

- No es un juicio, es una realidad.
Es suficiente. Su grosería está a flor de piel.