Bogotá. Con su mensaje contra la corrupción, el candidato independiente Antanas Mockus ganó más de 3 millones de votos y el segundo lugar en la primera vuelta de la elección presidencial de Colombia.

Ahora intenta derrotar la corriente política tradicional y los pronósticos que lo dan como perdedor de la segunda vuelta, el 20 de junio.

Su rival, el candidato oficialista Juan Manuel Santos, obtuvo en la primera vuelta más del doble de sus votos para ser el favorito para ganar la elección y suceder al presidente Álvaro Uribe, quien dejará el poder tras dos periodos dominados por la guerra contra rebeldes izquierdistas.

Una mirada al mapa electoral muestra la difícil tarea que enfrenta Mockus. El excéntrico ex alcalde de Bogotá sólo ganó en uno de los 32 departamentos de Colombia, Putumayo, una zona selvática del sur del país caracterizada por la presencia de narcotraficantes, guerrilleros, pobreza y corrupción.

Rodeado por personas con camisetas verdes y con su símbolo de girasol, hizo campaña esta semana en Putumayo con un llamado a sus partidarios a conquistar abstencionistas e independientes para que lo apoyen y voten contra la política tradicional.

"Estoy proponiendo algo completamente diferente, yo no he venido aquí para ofrecerles cosas", dijo frente a cientos de personas reunidas en una calle de Puerto Asís, un pueblo polvoriento y caluroso cerca de la frontera con Ecuador.

Uribe, un firme aliado de Estados Unidos, se retirará con una guerrilla diezmada y una creciente inversión impulsada por sus políticas de seguridad y a favor de los empresarios.

Pero los votantes claman por empleo, salud, educación, mientras cuestionan escándalos que afectaron su segundo mandato como la supuesta adjudicación irregular de subsidios agrícolas, interceptaciones telefónicas a magistrados y ejecuciones extrajudiciales de jóvenes de parte de efectivos del Ejército.

A menos de dos semanas de la votación, Santos -político cercano a Uribe y experimentado tecnócrata- está muy por delante de Mockus en sondeos de intención de voto y recibió el apoyo de dos grandes partidos cuyos candidatos perdieron en la primera vuelta.

Con un estilo más de predicador que de político, Mockus goza del apoyo y la simpatía de jóvenes y de la clase media con su discurso en el que promete mantener la línea dura de Uribe contra la guerrilla. También se comprometió a acabar con la corrupción y la "politiquería".

Campaña sucia Asesores de Mockus denunciaron que fueron objeto de una campaña sucia por parte de seguidores de Santos, que lo presentaron como débil en la política de seguridad y con la intención de recortar programas de asistencia social.

Pero Mockus, hijo de inmigrantes lituanos, ha dicho que las falsas acusaciones en su contra asustaron a votantes, a lo cual se sumaron declaraciones erradas sobre el manejo de las tensas relaciones con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y su intención de subir los impuestos.

Su reto es disuadir a los electores a que voten independientemente sin tener en cuenta las órdenes de los jefes de los partidos aliados con Santos.

"En el fútbol no está permitido cambiar camisetas, pero en política sí", dijo el ex alcalde de Bogotá, un matemático y filósofo de 58 años.

Ninguno de los dos candidatos se alejará de la estrategia de seguridad de Uribe ni de las políticas pro empresariales que miles de colombianos agradecen porque permitieron reducir los atentados y secuestros que a diario se registraban en el país.

Santos, quien como ministro de Defensa consiguió los más exitosos golpes contra las izquierdistas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), es favorito para derrotar a Mockus, quien parecía un contendor más fuerte para la primera vuelta.

Pero el candidato oficialista enfrenta el desafío de Mockus, que con su discurso de transparencia, honestidad, decencia y lucha contra la corrupción conquistó a un importante número de electores aprovechando el descontento por los escándalos del Gobierno de Uribe.

Santos reinició su campaña el fin de semana pasado con comunidades pobres del sur de Bogotá.

Atrás quedaron las constantes referencias a las FARC que fueron remplazadas por promesas de trabajo, vivienda, salud y educación, los temas sensibles y que más preocupan a los colombianos.

"En cuatro años quiero ser recordado por ser el Gobierno de trabajo, trabajo y más trabajo", dijo Santos ante una multitud que lo aclamó en una iglesia cubierta con carteles del Partido de la U.

"Queremos poner a Colombia a trabajar", agregó el candidato, quien pertenece a una de las familias más influyentes de Colombia y quien logró el apoyo de los partidos Conservador, Cambio Radical y una parte del Liberal.

Esos apoyos le garantizarían una sólida victoria en la segunda vuelta y su gobernabilidad con una amplia mayoría en el Congreso y una oposición representada sólo en los Partidos Verde y el izquierdista Polo Democrático.

Los verdes, que ganaron sólo nueve de los 265 asientos en el Congreso durante los comicios legislativos de marzo, descartaron cualquier alianza con otros partidos tradicionales, incluso con el izquierdista Polo Democrático.

"Si lo soñamos, lo logramos", dijo Mockus a la pequeña multitud en el Putumayo, que gritaba "no robar, no mentir, Mockus presidente".