Colombia es, por estos días, una de las estrellas de América Latina. Previo a la crisis de 2008 mostró crecimientos por encima de 6%, y si bien ese dinamismo se redujo drásticamente ante dichas turbulencias, ha ido retomando fuerza con expansiones del PIB por sobre el 4%. Importante ha sido en ello la inversión extranjera y el boom en materias energética y minera.

Sin embargo, ese avance de la actividad económica no ha tenido un correlato significativo en cuanto a distribución de ingresos, calidad de la educación y, por cierto, en movilidad social. Colombia se enfrenta, en este escenario, a la misma paradoja que viven Brasil, Chile y Perú.

Al analizar esta situación, Carlo Tognato, doctor en ciencias políticas de la Universidad de California e investigador del Centro de Estudios Sociales de la Universidad Nacional de Colombia, señala que uno de los frenos a la movilidad en el país cafetero dice relación con las brechas que genera el sistema educativo. De hecho, no hay que olvidar que en esa nación, al igual que en Chile, las demandas estudiantiles han ocupado un sitio importante en la agenda.

A diferencia de la enseñanza pública, los mejores colegios privados están arriba de los rankings nacionales porque “tienen una metodología orientada a las competencias, desarrollando una serie de capacidades. Permiten, a quien acceden a ellos, cosechar los beneficios del crecimiento y del mercado global”, asegura, y agrega que este hecho termina rebotando en los ciclos posteriores de la formación. Por ello, el también economista advierte que algo similar ocurre en el plano universitario.

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-En este contexto, ¿se puede hablar de movilidad social?

-Mi sensación es que la movilidad es bastante reducida. Posiblemente la haya entre los estratos 3 y 4 (capas medias, considerando que la estratificación socioeconómica en ese país va del 1 al 6, donde el 6 es la clase alta). Los grupos 5 y 6 son relativamente intercambiables. No obstante, el tipo de movilidad como la conocemos en otros lugares, como Estados Unidos, acá es un sueño.

Hay movilidad en el sentido de las pautas de consumo. Por ejemplo, hoy hay más acceso a los carros (autos). Es cierto que se ha visto un gran crecimiento y que hay un boom petrolero y minero, pero aún la cantidad de personas que se están beneficiando de eso no es tan amplia.

Hay movilidad en el sentido de las pautas de consumo. Por ejemplo, hoy hay más acceso a los carros.

-¿Esta escasa movilidad responde al modelo económico adoptado?

-No estoy de acuerdo. Me parece que antes de la apertura y de la exposición de este país a la globalización, ya había una brecha entre la educación pública y privada, por lo menos en los colegios. Por otro lado, hasta la década de 1960 accedían a las universidades públicas múltiples clases sociales; después, estas instituciones se convirtieron en terreno de encuentros, desencuentros y choques por los movimientos estudiantiles, reivindicaciones políticas y cercanías a otras formas de lucha que, posteriormente, se consolidaron. Entonces, hubo una progresiva migración de algunas capas sociales hacia las universidades privadas.

Quisiera hacer un paréntesis y destacar que existen en Colombia las llamadas universidades de garaje, que satisfacen algo de la demanda de los estratos 3 y 4, especialmente de aquellos que no pueden acceder a las privadas o que no pasan los exámenes para las públicas. No son mecanismos de movilidad debido a la escasa calidad de la educación que ofrecen.

Con todo, yo no pensaría que esto es responsabilidad del modelo neoliberal. Creo que, en parte, es producto de la incapacidad de ciertas instituciones de interpretar los desafíos que la globalización les impone; lo mismo con el sistema educativo, que no ha elaborado del todo las respuestas para trabajar en completar las competencias que no están desarrolladas.

-¿Qué políticas le parecen necesarias para estimular la movilidad?

-Una gran inversión en capital humano y, sobre todo, una mejora de la oferta educativa del sector público (…) Pero estas inversiones, para llenar la brecha entre instituciones privadas y las públicas, tienen que ser orientadas en una dirección definida. De lo contrario, la mayor inversión no necesariamente va a arrojar los resultados que se desean.