Con más canas pero con el mismo aspecto jovial y vital de siempre, Carlos Mesa dispara las ideas a ráfagas, haciendo gala de la rapidez mental y locuacidad propia de los grandes oradores. Efe lo entrevista en la capital mexicana donde acudió para presentar el libro “Soliloquio del conquistador”, centrado en la figura de Hernán Cortés y que él define como “una reflexión desde la novela de lo que significó el proceso de la conquista de América” y sobre “la evidencia de que tú no puedes cortar la historia en pedazos y elegir la que te guste y olvidar la que no te gusta”.  

-¿Por qué cree que la figura de Cortés en México sigue siendo tan controvertida?

-Tanto México como Perú y Bolivia no hemos resuelto cuentas con la historia. Es uno de los casos más extraños (que existe). No hay ningún francés que se ponga a cuestionar a Julio César porque llevó a Vercingétorix de rodillas y desnudo frente a él. Ni los españoles están en conflicto con el Imperio Romano. Los americanos tenemos un conflicto con la conquista porque no lo hemos resuelto, porque miramos el futuro con un espejo retrovisor.  

Hay que cerrar cuentas con el pasado y reconocer que Cortés es, en un sentido, un fundador, un fundador violento que llevó el terror y que hizo cosas injustas. Pero también los aztecas hicieron cosas terribles: las Guerras Floridas contra los pueblos a los que sojuzgaron… Los tlaxcaltecas no se aliaron con Cortés por el gusto parcial que tenían por él, se aliaron  porque estaban absolutamente sometidos por los aztecas.

La historia no es de blancos y negros, de buenos y malos, de héroes y villanos, y creo que Hernán Cortés fue un hombre de su tiempo, quizás el primer renacentista de España.

-¿Quinientos años es tiempo suficiente para cerrar heridas?

-Yo creo que sí. Precisamente por eso es que la novela trata de establecer una explicación que no sea anclarse en el pasado, sino entenderlo, y entender el pasado es asumirlo con todo lo bueno y lo malo que tuvo.

-Hablaba usted de la importancia del mestizaje. En América Latina, ¿hasta qué punto ese es un tema resuelto?

-Creo que estamos en el camino de transición más importante de la historia reciente. En el caso de Bolivia y un presidente indígena marca una transición, una transición que cierra una página, no que la abre.

Bolivia tuvo una revolución como la tuvo México y el presidente de Bolivia cierra ese camino de construcción de igualdad. Todavía tenemos en América Latina un profundo sustrato racista que va a costar generaciones cambiar, pero tener a los indígenas en el centro de la acción política, en el centro de las decisiones, como protagonistas de la economía, muestra lo que va a vivir Guatemala, lo que está viviendo de alguna manera Ecuador, lo que vivirá Perú, lo que tiene que vivir México, en proporciones distintas. El camino de la conquista de la igualdad es un camino en el que hoy se está avanzando más que nunca.

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-Hace casi una década desde que usted abandonó el poder en Bolivia. ¿Por qué cree que no pudo tener una participación más prolongada en todo ese proceso de cambio que se estaba dando en su país?

-Uno, porque era independiente, no tenía partido político; dos, porque concebía la política con cierta ingenuidad; y tres, porque estábamos en los umbrales de una transformación que no podía llevar adelante alguien por intermedio. Es decir, yo no soy indígena y Bolivia necesitaba ese cambio representado por alguien como el presidente Morales.  

En consecuencia, no es que yo no llevara adelante transformaciones importantes, hicimos un referéndum de hidrocarburos que prácticamente los nacionalizó; llevamos adelante un respeto a los derechos humanos; resolví el tema de la crisis económica; convoqué a la Asamblea Constituyente y al referéndum de autonomías, que hizo posible el siguiente gobierno.  

Me siento satisfecho de lo que hice, lo hice en paz, evitando un conflicto que pudo ser una guerra interna y abrí las puertas para un camino de transformación que tiene sus luces y sombras... pero esa es otra historia.

-¿Cree usted que el haber dado voz a los autonomistas de Santa Cruz, porque usted fue el primero que lo hizo, pudo haber sido el principio y el fin de su gobierno?

-Era inevitable que en ese momento de tensiones tan fuertes yo estuviera atrapado en dos tenazas que tenía que ver con reivindicaciones radicales que luego se decantaron en la racionalidad.  

El ‘quiero esto inmediatamente y hacerlo de la manera más absoluta’ no fue lo que hizo el siguiente gobierno en el ámbito de los hidrocarburos, ni lo que hizo el proceso autonómico en el ámbito de las reivindicaciones. Por cierto, no era verdad como se pensaba que había una tensión que podía romper a Bolivia. Está mucho más fácil que se quiebre Cataluña de España que se quiebre Santa Cruz de Bolivia.

El país no estuvo en el nivel del quiebre, estuvo representado por tensiones políticas que se expresaron regionalmente. Todavía las regiones tienen diferencias, pero hoy en día somos una nación autonómica, aunque la autonomía no está planteada a plenitud.

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LA DÉCADA DE LA BONANZA ECONÓMICA EN AMÉRICA DEL SUR

-¿Hasta qué punto ha cambiado Bolivia respecto a la que usted gobernó en materia económica?

-La bonanza económica no es de Bolivia, es de América del Sur. América del Sur ha vivido la década más espectacular de su historia económica con ventaja, y eso implica que si tú vendías el gas como lo vendía yo, a 1,2 dólares el millar de pies cúbicos, el presidente Morales lo vende entre 9 y 13. Y eso vale para Bolivia, para Brasil, para Argentina, para Ecuador.

La bonanza sudamericana es independiente de tu tendencia ideológica. Tan bien le va al Perú liberal, como a la Bolivia estatista. Eso no quiere decir que sea lo político lo que marca la diferencia, sino la bonanza económica. Cómo lo administras, y Bolivia y Perú lo han administrado bien, cada cual con su propia lógica, te demuestra que si manejas bien la macroeconomía puedes ser estatista o ser liberal y tener buenos resultados.

-Cuando llegó al poder Morales en Bolivia se hablaba del giro a la izquierda de América Latina y coincidió con el inicio de esta bonanza económica. Teniendo en cuenta la aparente desaceleración de las economías sudamericanas, ¿cree que puede haber un cambio de tendencia?

-Creo que ahora vamos en un giro al centro. No creo que vayamos a volver al liberalismo radical, ni vamos a mantenernos en el estatismo del socialismo del siglo XXI. Mi opinión es que vamos hacia un centro en el que el estado juega un papel muy importante, donde hay una lógica de la macroeconomía bien manejada y donde hay una flexibilidad para entender que estamos en un mercado internacional abierto a la economía de mercado.

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-¿Significa que puede haber cambios en las elecciones en Brasil?

-Es una buena pregunta. Brasil tiene la posibilidad de que la señora Rousseff repita o que entre el señor Aecio Neves. Si entra Aecio Neves, ese es un giro que ya se marcaría con claridad en la dirección que estoy mencionando. Si se mantiene Dilma Rousseff mi impresión es que ella va a tener que incentivar el crecimiento, que en el caso de Brasil está un poco detenido.

Consultado luego por el caso de Uruguay, que es otro de los países que está a punto de celebrar elecciones, Mesa considera que, pase lo que pase entre los candidatos Luis Lacalle Pou y Tabaré Vázquez, el camino será el mismo, hacia el centro.

Por último, aunque al principio de la entrevista el ex presidente advertiá de que no hablaría de las elecciones en su país, la historia le lleva inexorablemente del pasado al presente cuando vuelve a equiparar la Revolución Mexicana de 1910 con la Revolución boliviana de 1952, que considera “una revolución de verdad”.  

“El presidente Evo Morales cierra la página de la Revolución del 52. Termina de incorporar todos los caminos de incorporación de los indígenas siendo el Presidente y estableciendo una ley contra el racismo y la igualdad, una constitución plurinacional. Es decir, el 52 abre la página y el presidente Morales la cierra”.

-¿La página se va a cerrar dentro de cinco años o va a continuar?

-Es complicado. Hablar de los próximos cinco años es muy difícil porque entramos en un ciclo económico distinto al que el Presidente (Morales) ha conocido hasta hoy y, por lo tanto, hay que conocer cómo responde a ese desafío.