Hace más de un mes, desde el entorno del presidente José Mujica se transmitió una orden que llegó, sobre todo, a todo organismo que se encargue de la seguridad en Uruguay: no hacer olas con el tema Irán.

Por entonces, lo único complicado que vinculaba a Uruguay con Irán eran las denuncias del fiscal argentino Alberto Nisman sobre el atentado a la AMIA de 1994, que tomaron más fuerza cuando a comienzos de año el magistrado apareció muerto, y aún se indaga si fue o no un suicidio. Nisman sostenía que parte del atentado se preparó en una casa de la calle Rivera, de la embajada iraní pero que estaba a nombre de Moshen Rabbani, para el fiscal argentino el principal imputado en la causa por la muerte de 85 personas en la mutual judía argentina.

Por otra parte, se supo que la Secretaría de Inteligencia argentina (exSide) tiene una base en Punta del Este y que a ella asistía el espía Antonio Stiusso, que fue quien le proporcionó la mayoría de la información a Nisman y que viajó de Montevideo a Buenos Aires tres días antes de la muerte del fiscal. Si bien esos eran asuntos viejos relacionados con Irán, había otros más recientes que el gobierno había tapado. En estos días se supo que en diciembre la Cancillería protestó ante la embajada de Irán porque uno de sus diplomáticos, Ahmad Sanat Gol, fue fotografiado y filmado cerca de la exsede de la embajada de Israel justo cuando apareció allí un maletín vacío. La grabación de Ahmad fue realizada por el Mossad, servicio secreto israelí.

En 2013, en un episodio que no tomó estado público, el embajador Hojjatollah Soltani fue cuestionado por la Cancillería por sus dichos antisemitas. Soltani fue trasladado a Venezuela antes de que concluyera su gestión. En Venezuela estuvo también Ahmad y de Venezuela, sostenía Nisman, salió el suicida que voló la Amia.Luego, cuando la sede israelí se mudó al World Trade Center, apareció cerca de allí un explosivo que no estaba listo para estallar. Entonces la Policía empezó a atender un planteo hebreo acerca de que alguien podía estar midiendo los tiempos de reacción. ¿Para qué?

Este domingpo el diario israelí Haaretz, que dio la primera pista sobre la “expulsión” de Ahmad, dijo que sus datos se habían confirmado y agregó: “El alerta en las embajadas israelíes en todo el mundo se ha elevado a niveles máximos desde el asesinato del dirigente de Hezbolá Jihad Mughniyeh y de un general iraní hace dos semanas, en un ataque atribuido a Israel. Se cree que la represalia podría venir en un intento por atacar una embajada israelí en el extranjero”. El diario israelí indicó: “Irán y Hezbollah tienen una red terrorista bien establecida en América del Sur, sobre la base de los emigrantes libaneses chiítas” y que las grandes embajadas de Irán en América del Sur actúan “en la recolección de inteligencia”.

Todo agente sabe que las Cancillerías son nidos de espías, sobre todo en aquellos países que tienen una política exterior agitada.En pocos días se supo de dos acciones del legendario servicio secreto judío. Primero la grabación a Ahmad. Y luego en las últimas horas, cuando dos “técnicos” en seguridad que trajo Israel, interrogaron en Carrasco a cuatro sirios que estaban en tránsito, portando pasaportes falsos. Tras ser interrogados fueron devueltos a Brasil, de dónde venían.

Unos días antes otros siete sirios pasaron por Uruguay, estuvieron dos días y siguieron hacia España, donde pidieron asilo. Todos viajaban con pasaportes falsos de procedencia israelí.
Desde el gobierno se indicó que es “muy difícil” falsificar un pasaporte israelí. Dentro del oficialismo, algunas visiones expresan preocupación por esta serie de “cosas raras” que aparecen de golpe y que ponen al país en una incómoda posición en un tema delicado. “Sabemos de lo que son capaces algunos de estos actores”, dijo una fuente.

Otro problema en temas vinculados a la Cancillería lo agrega el inicio de una investigación judicial para establecer si alguien sabía que los refugiados sirios que están en Uruguay desde octubre ejerció violencia contra sus mujeres e hijos.Cuando los periodistas le preguntaron a Mujica por el caso del iraní, el mandatario, tan afecto a hablar, apenas afirmó: “¿Quién le dijo eso? No voy a hablar”. Mujica había pedido silencio sobre Irán y quizás de allí su sorpesa. No sabía que el dato había surgido en Israel y sería imparable.