En cada esquina de un barrio y en las calles existen "soldados" de la revolución usados por el régimen para ayudar a garantizar la subsistencia del sistema.

Ellos son los miembros de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), instruidos para diversas misiones, ya sea resolver un problema menor en la comunidad o servir como eslabón de la inteligencia cubana para detectar cualquier atentado antirrevolucionario.

Los "cederristas" son auténticas autoridades en la isla; aparecieron el 28 de septiembre de 1962, a iniciativa del entonces presidente Fidel Castro.

En el museo dedicado al CDR, en la avenida Obispo, se indica que existen más de 120.000 personas que integran estas organizaciones en las doce provincias de Cuba.

La membresía ha ido aumentado con el tiempo, ya que el año de su creación se contabilizaron uno 50.000 miembros.

Los CDR están minuciosamente organizados. Existe un representante de esta entidad en cada barrio y los mismos conforman una directiva en una cuadra.

Un policía termina siendo coordinador de los CDR de varias cuadras.

La estructura superior la integran los comités de provincias y los nacionales.

Esta organización puede desarrollar tareas simples como gestionar que se restablezca el fluido eléctrico o servicio de agua en un barrio.

También motiva a la población a ser activa en la participación ciudadana y coordinar jornadas de salud, entre otras labores.

Vigías. Pero también sirven como vigilantes de que no se estén fraguando actividades consideradas desestabilizadoras en los sectores donde están asignados.

Los considerados ojos y oídos de la revolución deben conocer con quién platica el vecino, qué actividades hace fuera de su barrio y la opinión que tiene sobre el gobierno.

Es así que un derecho inherente al ser humano, como es el de la privacidad, en Cuba es relativo, por no decir desconocido por la autoridad.

Cuando detectan alguna situación irregular la reportan ya sea a un policía o a sus superiores dentro de la institución, para que estos hagan lo mismo con las autoridades.

"Puede ser que tengas un amigo de la infancia y si este es del CDR y se da cuenta que estás haciendo algo ilegal te va a denunciar sin importar que te conozca", aseveró un vecino de Centro Habana, un concurrido sector de la capital cubana.

Otra situación de la que están pendientes es de detectar la planificación de grupos de cubanos que quieran emigrar sin la autorización.

Quien sale de esa nación sin permiso y es capturado se le imputan delitos criminales.

Los barrios no solo son vigilados por los "cederistas", pues entre cuadra y cuadra existen cámaras de seguridad que graban todas las actividades de los vecinos.

A los CDR se les ha criticado por ser grupos de choque que intimidan y hasta agreden físicamente a las personas consideradas enemigas de la revolución.

Debilidades. Los Comités de Defensa de la Revolución no son infalibles, eso lo comprobó El Heraldo.

A diez metros de un CDR, específicamente el número 2, con el nombre de Juan Abrahantes, en la Habana Vieja , existe una venta clandestina de puros que opera a vista y paciencia de los vecinos, pero extrañamente la institución vigilante no actúa.

El Heraldo entró a una pequeña bodega donde están almacenados los puros para adquirir un imitación los famosos Cohíba.

"Métalos dentro de la bolsa del pantalón para que no los mire nadie", dice el comerciante ilegal después de recibir los US$10 de pago por el producto, una caja de media docena de puros.

Luego, con el producto guardado como se recomendó, se pasó frente a esa sede del CDR y en ningún momento alguien de ese sitio se acercó a preguntarnos algo.

Algunas personas creen que ciertos "cederistas" reciben dinero de los traficantes de puros para operar sin molestias.