Ciudad de Guatemala. El Salvador, Guatemala y Honduras buscan convencer a Washington de respaldar un plan de US$20.000 millones para frenar la emigración masiva hacia Estados Unidos desde la violenta y empobrecida región centroamericana, según un documento obtenido por Reuters.

Los cancilleres de estos países -conocidos como el Triángulo del Norte- estarán la semana próxima en la capital de Estados Unidos para recabar apoyos de senadores al proyecto "Alianza para la Prosperidad" y evitar que el aporte inicial ofrecido por el presidente Barack Obama sea recortado por el Congreso.

El mandatario norteamericano recibió en abril el plan para revitalizar la región en cinco años durante una cumbre continental en Panamá.

"Esta alianza nos posicionará como una nueva región emergente al 2020 (pero) será indispensable la participación de otros países aliados, sector privado, organismo multilaterales y socios de desarrollo de la región", dice el informe si dar más detalles sobre cómo se financiará el plan.

Obama ya había pedido al Congreso unos US$3.000 millones a tres años para la región, luego de que una avalancha de menores centroamericanos no acompañados sacudiera la frontera sur de Estados Unidos el año pasado. Pero los legisladores podrían autorizar sólo un tercio de ese monto.

Para abatir la pobreza, que acosa al 43% de la población en Centroamérica frente al 30% promedio en Latinoamérica, el plan prevé inversiones por US$7.000 millones en desarrollo social, creación de empleos, salud, educación, vivienda y transferencias directas a la población.

"Lo que temo, y seré muy honesta, es que nos van a autorizar solo la parte de seguridad y decir que lo demás no es necesario. Y esa es la receta para el fracaso", dijo la subsecretaria de Estado para América Latina, Roberta Jacobson, esta semana.

Si se cumplieran sus pronósticos, sería otro recorte al plan original en el que se proponía que Washington pusiera US$5.000 millones y los tres países centroamericanos un monto igual, lo que dejaría el resto a financiar con organismos multilaterales y el sector privado.

El aporte norteamericano es considerado vital "para apalancar las inversiones públicas y privadas necesarias para el éxito", según el documento refrendado por los tres gobiernos.

No quedó claro de inmediato si los cancilleres planean reunirse con otras posibles fuentes de financiamiento.

Generar arraigo. El plan detalla el destino de los fondos y fija ambiciosas metas para garantizar que la inversión logre "generar arraigo" y frenar el éxodo en una región que según el Banco Interamericano de Desarrollo tiene tres millones de migrantes potenciales.

Los objetivos para el 2020 incluyen la creación de 600.000 nuevos empleos, una reducción de homicidios del 10% y un impulso económico adicional de hasta el 3,5% para reactivar los tres países con menor potencial de crecimiento de Centroamérica, según el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Los gobiernos quieren destinar unos US$12.000 millones al sector productivo, agrícola e infraestructuras. Y buscan interconectar sus mercados energéticos a partir de 2016, lo que generaría ahorros de hasta un 35% en cinco años para atraer inversiones y facilitar el comercio intrarregional.

Para abatir la pobreza, que acosa al 43% de la población en Centroamérica frente al 30% promedio en Latinoamérica, el plan prevé inversiones por US$7.000 millones en desarrollo social, creación de empleos, salud, educación, vivienda y transferencias directas a la población.

En el frente de justicia y orden, proponen destinar US$1.000 millones a mejorar los sistemas preventivos y formar unos 70.000 policías para lidiar con las crisis de inseguridad del Triángulo Norte, que alberga a tres de los cinco países más peligrosos del mundo, según Naciones Unidas (ONU).

El proyecto también contempla disminuir la burocracia, dotar de más transparencia al sector público y frenar la malversación, justo cuando varios escándalos de corrupción han puesto a los gobiernos regionales bajo una fuerte presión popular.