Retirado de la vida política activa, César Gaviria no ha dejado de estar activo. Reparte su tiempo dando conferencias, escribiendo sus memorias, participando en ONG y dedicado a las inversiones en arte. “Ésta es una actividad que me ayuda a diversificar mi vida pública”, dice el ex presidente de Colombia (1990-1994) y ex secretario general de la Organización de Estados Americanos (1994-2004). “Pero es algo lateral de mi vida, lo realizo con mi hija María Paz quien es la profesional en el tema”. 

Gaviria, si bien no quiere sobrevalorar su ojo artístico, sigue siendo un observador privilegiado de la situación política del hemisferio. Desde que en 2009 presentó, junto al ex presidente de México Ernesto Zedillo, y al ex presidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso, una propuesta para cambiar la estrategia en el combate de las drogas que terminase con la criminalización del consumo, se ha transformado en uno de los mayores críticos de la estrategia prohibicionista que domina en todo el hemisferio. Además, como uno de los responsables de la aprobación de la Carta Democrática Interamericana en la Asamblea de la OEA, hace justo 10 años, Gaviria sigue de cerca los procesos democráticos de América Latina y sus principales amenazas. Desde Bogotá, César Gaviria conversó sobre estos y otros temas con Felipe Aldunate M., director editorial de AméricaEconomía.  

- La propuesta que presentó junto a los ex presidentes Zedillo y Cardoso en febrero de 2009 fue interpretado por muchos como un llamado a la legalización de las drogas, lo que generó rechazo por varios sectores.

- Nuestra propuesta no es la legalización. Se trata de un enfoque distinto: darle al consumo de drogas el tratamiento de un problema de salud y no uno criminal. Cuando haces ese cambio de foco, se abren una gran cantidad de alternativas de acción que permiten disminuir el consumo y enfrentar el problema. Eso es muy diferente a legalizar. En Estados Unidos, en cambio, lo que se está imponiendo hoy es la legalización, porque Estados Unidos está con una política que tiene su atractivo y que es el prohibicionismo total. Como se han negado a mirar las experiencias europeas del lado del consumo, entonces la gente que sabe que la política está fracasando, se mueve a la legalización que es el otro extremo. Se trata de una política libertaria que crea la idea de que las drogas no hacen daño para la cual hay una enorme cantidad de preguntas a las que no hay cómo responder.

- Regulación es otra cosa…

- Lo razonable es que la marihuana, la cannabis, se trate con regulación. No con legalización, sino que con regulación. Que se hagan una serie de normas que permitan regular y no legalizar. No estamos proponiendo que se permita cualquier clase de cultivos o cualquier clase de consumo. La propuesta consiste en tratarla como una droga que hace daño y que necesita una regulación. Las otras drogas obviamente necesitan un tratamiento diferente. En Europa hay muchas experiencias distintas que observar. Pero hoy, el único país europeo que mete a la cárcel a la gente por el consumo de drogas es Suecia. Ninguno de los otros países lo hace, aunque todos tienen diferentes políticas. El caso más reciente es el de Portugal que ha sido supremamente exitoso, que ha permitido que todas las personas que consumen drogas tengan acceso al sistema de salud y el sistema de salud las apoya. Si transitoriamente hay que dar drogas a quienes se están tratando se las da. Con eso se discriminaliza gran parte del negocio de las drogas.

- ¿Se trata de una regulación similar a la del cigarrillo o al del alcohol?

- Eso se puede plantear sólo para el caso de la marihuana. En Estados Unidos hay 100 millones de personas que han fumado marihuana durante su vida. Es decir, hay 100 millones de personas que son criminales o que lo fueron en algún momento. Es una desproporción. Meter a la cárcel a un muchacho durante cinco años por consumir marihuana por segunda vez, tal como sucede en gran parte de los estados de Estados Unidos, significa gastarse casi medio millón de dólares. Y la persona cuando sale de la cárcel, sale peor de cómo entró. El 60% de los prisioneros que habitan en las cárceles de Estados Unidos fuma marihuana. Entonces los meten en la cárcel para que fumen marihuana en la cárcel. Es un absoluto despropósito.

- De hecho hay tres presidentes de EEUU que han dicho que fumaron marihuana en algún momento: Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama.

- Claro, si fumar marihuana se volvió una costumbre de esa sociedad. Inclusive más allá del tabaco. Por tanto, deben enfrentarlo de una manera más realista. El prohibicionismo actual es completamente desligado de la realidad, completamente ajena a lo que pasa en el país. Por eso se está dando una legalización por la puerta de atrás ya en muchos estados de la Unión, empezando por California. El referendo que se tomó allá no era si se tomaba o no una decisión. Era para regularizar algo que ya está sucediendo.

- La regulación por sí sola no basta, no obstante.

La parte clave de esto es que si uno no ayuda a la gente, si no le da acceso al sistema de salud, si no la apoya, la gente puede terminar cometiendo crímenes para conseguir plata para comprar drogas. Por eso la despenalización, o la descriminalización es apenas una parte de la solución.

- ¿Es real el avance político del tema en EEUU o lo de California, donde la propuesta perdió en el referéndum, es sólo un intento aislado?

- Son muchos los estados que han apuntado a la misma política que California. Ya hay 16 o 17 estados que están en la misma.

- Es decir, una legalización por la puerta de atrás como usted dice…

- Exactamente.

- ¿Y por qué no usan la palabra legalización?

- Sencillamente por qué cuando hablas de legalización hay mil preguntas que no tienes cómo contestar. Por eso es mucho más inteligente hablar de regulación que de legalización. Todas las drogas hacen daño, y uno no puede ser indiferente frente al consumo de las drogas. Tampoco les puedes dar el mismo tratamiento a cada droga ya que está comprobado que la marihuana no hace mucho más daño que el alcohol o que el tabaco. Obviamente no se puede permitir que los niños la consuman, no se puede permitir que los médicos, que los pilotos, que uno maneje bajo los efectos de la marihuana. Hay que ponerle impuestos. Hay mil cosas por regular. 

- ¿No viola esto convenciones de Naciones Unidas en el tema?

- No hay nada en las convenciones de Naciones Unidas que obligue a un país a penalizar el consumo de drogas. La prueba es que los países europeos lo han hecho y nadie ha invocado que estén violando las convenciones de Naciones Unidas.

EL PROBLEMA DEL CONSUMO DOMÉSTICO

- En América Latina, los problemas vinculados al consumo son crecientes.

- Eso nos preocupa. Gran parte de la violencia que hay en América Latina se debe al consumo local de droga. El mejor ejemplo de esto es Brasil. Las propias autoridades brasileñas llegaron a la conclusión de que los problemas graves de seguridad en Sao Paulo, en Rio, estaban relacionados con consumo local de drogas. El consumo local de drogas es una fuente de violencia muy grande. Y si lo es en Brasil, no hay ninguna razón para pensar que no lo sea en Bogotá, o en el DF. O en Caracas.

- ¿América Latina también debiese avanzar hacia una regulación?

- Sí. No estoy diciendo que debamos abandonar la lucha contra el tráfico de drogas. Lo que digo es que en materia de consumo, América Latina debiese moverse más a mirar las experiencias de Europa que son las relevantes y que vale la pena examinar porque han conducido a que haya mucho menos violencia, a que no se convierta en una pesadilla de la sociedad como de hecho no lo es en muchos países europeos.

- ¿Por qué este tema siempre lo apoyan ex presidentes como usted y no presidentes en ejercicio?

- Mmm, el tema de reexaminar el tema de las drogas es bastante reciente. Todos estábamos casados en su momento con el prohibicionismo como política. Lo que sucede es que han transcurridos tantos años y se ha avanzado tan poco en la solución del problema, que se hizo muy discutible. Cuando uno ve lo que está pasando en México y ve lo que pasa en Estados Unidos, ve que se trata de políticas fallidas. No se logra reducir ni los consumos ni la violencia. Ahí uno se pregunta si vale la pena seguir insistiendo en una política en que se ha fallado y en que los propios norteamericanos cuando les hacen encuestas lo dicen expresamente: más del 70% de los estadounidenses piensan que la guerra contra las drogas fracasó. Uno no puede sencillamente ignorar la realidad.

- La regulación de la marihuana no elimina el problema de la cocaína que sigue siendo la principal fuente de ingresos de los carteles latinoamericanos.

- En Portugal, despenalizaron todos los consumos de droga. Y una de las cosas que pasó es que el consumo de heroína bajó rápidamente. Es una prueba de las consecuencias: no creció el consumo, ha habido una disminución importante de la violencia, y la gente tiene confianza en el sistema de salud, y lo que han hecho es eso: considerar el consumo de drogas como un problema de salud y no como un crimen. Cuando defines al consumo como un problema de salud y no un problema criminal, se abren muchas alternativas. Lo que no permite buscar alternativas es considerar que cualquier consumo de drogas es criminal. Eso atrapa a la sociedad en una política que no tiene salida. Estados Unidos se gasta US$ 40.000 millones al año en una política que tiene muy pocos resultados que mostrar.

- Vamos al caso de México y su violenta guerra contra los carteles. ¿Cree que está teniendo una estrategia equivocada?

- Lo de México no es que sea una estrategia equivocada. Lo que pasa es que no han hecho todas las cosas que deberían haber hecho. Les falta un largo camino por recorrer para mejorar la calidad de su política. En realidad el esfuerzo que pueda hacer México es para recuperar su seguridad. Los flujos de droga no van a disminuir significativamente, tal como no disminuyeron en Colombia. El Plan Colombia es un gran éxito en materia de seguridad. No lo es en cuanto flujo de drogas. Porque no lo es. Lo que pasa en México es que están tratando de controlar un problema de seguridad, pero para eso no basta con tratar de mejorar la policía o el mejorar los operativos, o el desarrollar inteligencia. También hay que mejorar mucho la justicia, hay que hacer de los operativos antidrogas operativos de fuerzas especiales mucho más exigentes. La Fiscalía de Colombia tiene una legislación contra el narcotráfico mucho más dura, más severa y eficaz que la que hoy tiene México. Y México ha trabajado muy poco el aspecto de justicia de ese tema.

- ¿Ve sostenible el Plan Colombia…

- (Interrumpe) Colombia ha mantenido su esfuerzo. En eso ha sido particularmente importante el entrenamiento de nuestras fuerzas, la policía de Colombia y un grupo grande del ejército ya están muy bien entrenados, son un tipo de policía que está entrenada para enfrentar organizaciones criminales. La policía de Colombia tiene un gran prestigio, la policía de Colombia es mucho más eficaz desde un punto de vista penal que la de gran parte de los países de América Latina. Y eso que viene de una situación totalmente contraria. Y lo que hoy tenemos es mucha confianza en la policía, mucha confianza en la justicia, y eso es lo que nos ha permitido avanzar. ¿Avanzar en qué? En recuperar nuestra seguridad. El flujo de drogas sigue siendo a través de Colombia. De hecho, la nueva administración de EE.UU. así lo entiende: ese problema no se va a controlar en el origen, también hay que controlarlo en el consumo. Si EE.UU. no reduce sustancialmente sus tasas de consumo, y lo dijo el presidente Obama recientemente, los problemas de seguridad van a seguir.

- Sobre la sostenibilidad del Plan Colombia, ¿cree que EE.UU., con toda su crisis económica, va a seguir financiando un multimillonario plan cuyo objetivo es la seguridad local de otro país?

- Pero es que EE.UU. tiene el compromiso de ayudarle a México, al área de Centroamérica y a Colombia. Quiere tener la continuidad de las políticas con la estabilidad de las instituciones. Ellos lo han seguido haciendo, en Colombia han disminuido los recursos y Colombia es un país que está bien preparados para eso, pero preparado para controlar los problemas de seguridad. Pero en Colombia hay todavía mucha violencia por cuenta del narcotráfico. Y muchas bandas criminales. Lo que pasa es que no tienen la capacidad de perpetrar grandes masacres como ocurre en México. Esa capacidad se ha perdido en Colombia.

COLOMBIA, URIBE Y SANTOS

- Hay indicadores que muestran que la inseguridad en Colombia ha ido empeorando…

- Tiene que ver con situaciones urbanas. Pero creo que en eso, y es algo en lo que no he logrado convencer al gobierno, también tiene que ver con el consumo de drogas local. No es una violencia que desafíe al estado, sino que es una violencia callejera que tiene que ver con el consumo, que es distinta a la que tiene que ver con el tráfico. Y es que este problema aquí no ha desaparecido. Otra cosa es que tengamos a las bandas contenidas, que no se desborden. Pero el problema para nada ha desaparecido y ni siquiera ha disminuido. Pero las bandas criminales están 100% al servicio del narcotráfico y no de otra cosa.

- ¿En qué etapas está Colombia en su guerra contra las bandas armadas ilegales?

- Hemos avanzado mucho. La verdad es que las políticas de seguridad del anterior gobierno y de este gobierno han contribuido mucho. Los grupos que tienen alguna cosa política, la guerrilla, se han regresado a sitios más inhóspitos, hacia las montañas, ya no acceden a las ciudades. El secuestro es un tema que está prácticamente en desaparición en Colombia. Ya no ocurre sino que en zonas muy apartadas. Y en las grandes ciudades ya no ocurren porque en Bogotá no hay un secuestro desde hace ya varios años. El tema del secuestro se derrotó y eso es una manifestación de cuánto ha mejorado la seguridad en Colombia.

- Hace un año que Álvaro Uribe dejó su presidencia de dos mandatos. ¿Cuál es su evaluación de ese período que se inició en 2002?

- Yo fui contradictor del presidente Uribe. Reconozco que hizo algunas cosas buenas en materia de seguridad, así como también hubo desafueros y excesos. Y me ha preocupado lo que ha pasado después en que el afán de la reelección fue creando focos de corrupción que se están abriendo y que están viendo que ese tipo de figuras, cuando se les trata de dar continuidad, son muy corruptoras.

- ¿Su interpretación sobre los procesos que se han estado abriendo en los últimos meses contra colaboradores del gobierno de Uribe es que se debían al afán de reelección?

- Yo no he querido pronunciarme sobre eso, son los órganos de justicia los que están considerando que muchas de esas prácticas fueron corruptas y no sólo intentos por conseguir votos en el Congreso o cosas parecidas.

- Colombia ha cambiado mucho desde cuando usted era presidente, así como la institucionalidad política…

- Gracias a Dios hoy es muy superior. Hoy tenemos un Estados mucho más fuerte. La justicia ha llegado casi a cada colombiano por la vía de una tutela o un amparo que es mucho más eficaz a la de cualquier otro país de América Latina. La justicia de este país se ha robustecido muchísimo. Y así como ha mejorado la seguridad también hay mayor confianza, hay una tasa de crecimiento económico que va por sobre el promedio regional, Colombia es hoy uno de los países más atractivos para la inversión extranjera. Hoy Colombia es el país de América Latina que recibe más inversión extranjera directa si se mide en relación con el producto. Hay un aire optimismo y de confianza, al que el presidente Santos ha contribuido a darle continuidad, e inclusive a crecer porque ha corregido muchos problemas que había en la pasada administración.

- La estructura de partidos políticos ha cambiado mucho: pasó del bipartidismo a un multipartidismo muy amplio en pocos años. ¿Eso apoya al proceso actual en que está Colombia?

- La Constituyente, con una cosa que se llamó la circunscripción nacional, prácticamente rompió el bipartidismo. Y lo que siguió después fueron demasiados partidos políticos. Demasiados. Lentamente hemos ido retomando el camino para fortalecer los partidos políticos. Yo creo que muchos de los que están en escena van a desaparecer. Y Colombia va a ser un país multipartidista y no volverá nunca a ser un país bipartidista. Por otra parte, el sistema político colombiano da mucha gobernabilidad. Acá el Congreso nunca ha sido un gran factor de perturbación para ningún gobierno, sea mayoritario o minoritario. Nunca lo ha sido. Siempre ha actuado en función de la gobernabilidad y eso en Colombia nunca ha sido un problema serio. Por lo menos no en los últimos 50 años.

- En materia vecinal, Colombia ha tenido un giro enorme en los últimos 12 meses.

- El presidente Santos se puso en la tarea de reconstruir nuestras relaciones con nuestros vecinos, con los países sudamericanos, y ha sido supremamente exitoso en esa política. Y yo celebro que sea así porque esa tensión con los países vecinos en realidad no le servían a Colombia, ni a nadie. Y yo creo que ha sido muy inteligente, en corregir esas situaciones.

- Reinstaurar relaciones con Venezuela fue un gran triunfo. ¿Es sostenible?

- La relación ha mejorado de una manera muy importante. Hay mucha más cooperación, al igual que con Ecuador. Las relaciones económicas se han distensionado también mucho, no ha habido una gran recuperación de los mercados, pero sí ha habido una distensión. Y la relación se ha estado normalizando bajo un principio que nunca se debió abandonar y es que los problemas políticos de Venezuela los deben resolver los venezolanos. Obviamente todos estamos obligados a defender la democracia, los derechos humanos, y la separación de poderes, para eso es la Carta Democrática Interamericana que es una expresión colectiva de todos los países de América y del Caribe, en la cual nos comprometimos todos y celebra 10 años justamente la próxima semana.

LOS 10 AÑOS DE LA CARTA DEMOCRÁTICA INTERAMERICANA

- Fue bajó su gestión en la OEA que se instauró la Carta Democrática Interamericana (CDI) hace justo 10 años. ¿Cómo evalúa su impacto concreto?

- La parte más interesante de esto es que hasta antes de la CDI, en la OEA no había compromiso alguno con la democracia. Cualquier conversación sobre democracia se consideraban como una violación al principio de no intervención. Y eso llevaba a extremos inauditos que prácticamente legitimaban cualquier clase de gobierno, sin importar la violación a los derechos humanos o a los principios democráticos. Eso afortunadamente está en el pasado. Yo no diría que es perfecto ni que sea respetado, pero no es por la CDI que esos problemas existen sino porque cuando hay problemas, los países no los encaran. No son limitaciones de la Carta sino que de la política exterior de los países.

- ¿Hay episodios en que los principios de la carta se hayan transformado en acción política?

- Sí, ha operado. A mí mismo, cuando era secretario general de la OEA me tocó cuando hubo problemas entre el gobierno y la oposición en Venezuela, permitió generar una solución electoral. Me tocó en Perú con Fujimori. Me tocó en Paraguay en varias oportunidades para defender el régimen constitucional. En Ecuador. Recientemente se presentó en el caso de Honduras, y siempre puede que los principios democráticos han sido maltratados, pero han salido airosos.

- El caso del Golpe en Honduras parece reflejar los límites de operatividad que tiene la Carta.

- El problema no es de la Carta. Los países consideraron que un ultimátum podía impulsar un cambio de situaciones, y no fue así. Y tuvieron que escoger un camino de diplomacia que finalmente resolvió el problema. El país avanzó hacia unas elecciones que todo el mundo respetó, y se restauró la democracia. El ultimátum no resolvió el problema. Pero eso no es culpa de la Carta Democrática. Tal vez faltó diplomacia, no lo sé. Lo que sé es que luego por vía diplomática el problema pudo resolverse completamente.

- ¿Es la OEA la organización que América Latina necesita para manejar estos temas?

- Ojo, la OEA no es una expresión de América Latina. La OEA es una expresión de toda América, incluido el Caribe. Es la expresión de Canadá, de EE.UU., de América Latina, claro, pero también de todos los países caribeños. Tiene una enorme ventaja frente a otras instituciones porque los compromisos que ahí se adquieren son obligatorios. Además, es muy bueno tener a EE.UU. sentado en pie de igualdad frente a los demás. En la OEA, EE.UU. no tiene ningún privilegio como sí los tiene en el sistema de Naciones Unidas. Hay muchas cosas en ventajas de la OEA, pero obviamente América Latina debe tener sus propios foros. Uno de ellos es Unasur, el otro es Grupo de Rio que funcionó por un buen rato, y se han ido creando foros que son a nivel presidencial, y que reflejan mejor lo que piensa Latinoamérica. Pero es que la OEA no es de América Latina.

- ¿Cuál sería el Foro adecuado por ejemplo para que América Latina acordara una política común en el tema de la droga? ¿Unasur?

- La OEA tiene un mecanismo que se llama CICAD y que ha sido efectivo. El problema es que en ellas asisten sólo las autoridad de orden policial. No ven el problema en todas sus dimensiones, sino que puramente desde el punto de vista policial. Yo creo que el tema del narcotráfico es un problema conceptual, y que no parte de principios, ni prejuicios, sino que de factores más realistas. Y hacer lo que los europeos llaman la política que menor daño hacen. Políticas de reducción de daños, aquellas que terminan haciendo el menor daño posible a la sociedad.

- ¿Cuál es el rol que debiese tener Colombia en la política regional de América Latina?

- Cada país tiene sus propios interesantes y hacen propuestas de acuerdo a ello. A nosotros nos interesa el liderazgo de Brasil, creemos que es un liderazgo positivo. Pero no nos puede llevar a debilitar nuestra relación con México, ni con Centroamérica, ni con Estados Unidos. Somos un país con vocación caribeña. Hacemos la mayor parte de nuestro comercio con EE.UU., con México, con Canadá, con Centroamérica. Entonces, nos es muy difícil darle la espalda a una realidad de esas proporciones. No creo que esos intereses sean incompatibles. Nosotros respetamos el liderazgo de Brasil, y hemos visto un creciente interés de Brasil por estrechar su relación con Colombia, y eso es algo que percibimos incluso recientemente.

- Hay otros países en la región que no se sienten tan cómodos con el liderazgo de Brasil…

- Colombia no tiene tensiones con Brasil. Otros países los han tenido históricamente. Lo que pasa es que sí nos falta generar más lazos de comercio, de actividad diplomática, de solidaridad, pues también son precarios.