Caracas. Los venezolanos acudían masivamente este domingo a las urnas en una jornada clave para el futuro de la potencia petrolera, que define si se profundiza el polémico proyecto socialista del presidente Hugo Chávez o gira hacia la opción moderada que encarna el joven gobernador opositor Henrique Capriles.

En muchos centros de votación se registraban largas colas de electores que esperaban para sufragar desde temprano en la polarizada nación caribeña, donde la jornada transcurría sin incidentes. La autoridad electoral ha insistido en que sólo publicará los resultados cuando la tendencia sea "irreversible".

Con una frenética gira "casa por casa" con la que cruzó varias veces el país, Capriles es la mayor esperanza de la oposición en 14 años para derrotar a Chávez quien, tras declararse curado de cáncer en julio, fue subiendo el ritmo de campaña para terminar con una fabulosa demostración de fuerza.

Por primera vez en muchos años, las encuestas no arrojan un panorama claro. La mayoría de los principales sondeos dieron ventaja al presidente, pero dos reconocidos estudios apuntaban a un empate técnico con oportunidad para el candidato opositor.

Chávez votó pasado el mediodía en el barrio obrero 23 de Enero, uno de sus bastiones electorales en Caracas, acompañado de sus hijas y nietos, miembros de su Gabinete y personalidades como el actor estadounidense Danny Glover o la premio Nobel de la Paz guatemalteca Rigoberta Menchú.

"Tengo la impresión que por la afluencia, las colas, esto pudiera pasar más allá de las seis de la tarde. Calma, es un día de júbilo, es un día de democracia, es un día de patria", dijo el mandatario, con chaqueta azul marino, sobre la posibilidad de que se prolongue el cierre de los centros electorales.

"Esperemos con normalidad democrática, con madurez democrática, con talante democrático que (la autoridad electoral) anuncie al país y al mundo los resultados y todos digamos amén", concluyó ante decenas de periodistas.

También entre el electorado opositor cundió el llamado a votar temprano y en muchos centros de votación los ciudadanos eligieron hacer fila toda la noche, pertrechados con sillas plegables, sombrillas, comida y termos de humeante café negro para aguantar la que se perfila como una larga jornada.

Poco después del mandatario, el aspirante opositor ejerció su derecho al voto en la urbanización de clase alta Las Mercedes, donde le jalearon centenares de simpatizantes al grito de su lema de campaña "hay un camino".

"El proceso es de participación masiva, lo que muestra una vez más que los venezolanos queremos resolver nuestras diferencias por vía del voto", dijo Capriles, con camisa blanca y sus zapatos "de la suerte" con los que se jacta de no haber perdido nunca una elección.

"Lo que el pueblo diga hoy es palabra sagrada. Para saber ganar hay que saber perder", concluyó, pidiendo al ente electoral que dé los resultados lo antes posible.

Antes del alba, tal y como ordenó el "Comandante", miles de sus seguidores en todo el país llamaron a votar a favor de la revolución y contra la "burguesía apátrida" al toque de diana. Camionetas con simpatizantes vestidos de "rojo socialista" circulaban por el centro de Caracas gritando "¡Viva, Chávez!.

El militar retirado de 58 años enfrenta el mayor desafío electoral de su carrera política desde que asumió en 1999 la presidencia del país con mayores reservas mundiales de crudo, donde ha logrado amasar una resistente popularidad gracias su innegable carisma y masivos planes sociales para los más pobres.

"Voté por Chávez porque garantiza la revolución, el apoyo a los pobres. Si él pierde se acaba todo: nos van a quitar las misiones y la esperanza", dijo Elida Pérez, un ama de casa de 50 años, tras sufragar en la parroquia Santa Mónica en Caracas.

Pero la inversión de miles de millones de petrodólares en las "misiones", desde casas gratuitas a tratamientos de salud en Cuba, se topó esta vez con un duro rival que promete corregir las fallas de un Gobierno ineficiente y corrupto que no da soluciones a problemas graves como el crimen y el desempleo.

"Si gana Chávez me voy de Venezuela. No quiero imaginar que va a pasar aquí con este Gobierno seis años más. Van a terminar de arrasar con todo, estatizar todo. Ya está bueno, tuvo su oportunidad y el cheque se le acabó", dijo Germán Gómez, un oficinista de 35 años, tras votar en una zona de clase media.

Capriles, a quien Chávez y sus ministros llaman el "majunche" (mediocre), subió el tono de su discurso en los últimos días de su maratónica campaña y metió el dedo en las llagas del chavismo, enunciando en cada uno de los estados del país las obras que su contrincante prometió pero no completó.

Con su tono pausado y breves discursos, el soltero de 40 años se ha dado baños de multitudes en casi 300 pueblos y ciudades, desde las remotas villas amazónicas a los peligrosos barrios capitalinos, asegurando que más respeto a la empresa privada y atraer mejores inversiones harán progresar al país.

La reacción de Chávez, en tanto, trajo una inusual dosis de autocrítica en la que aceptó errores y prometió que de ganar la reelección será "un mejor presidente", dispuesto a dialogar con la oposición y que no planea abolir la propiedad privada, como temen muchos en la oposición tras centenares de expropiaciones.

El líder prometió un "cerrojo" para asegurar un viaje "sin retorno" hacia el estado socialista, lo que fue interpretado como un posible paquete de medidas o reformas radicales para profundizar su modelo económico fuertemente estatista.

Chávez ha nacionalizado desde multimillonarios proyectos petroleros, cementeras, siderúrgicas, bancos y tierras hasta carnicerías, edificios y pequeños comercios, lo que según sus adversarios destruyó al sector privado nacional y aumentó la dependencia de las importaciones de casi todo tipo de bienes.

Además, su Gobierno ha firmado acuerdos con países afines políticamente para proveerlos de crudo en condiciones ventajosas y selló alianzas con Cuba, Irán o Rusia para galvanizar su prédica antiestadounidense, poniendo estas elecciones en el punto de mira de la comunidad internacional.

Pese a que ha prometido que de volver a ganar convertirá a Venezuela en una "potencia mundial", muchos temen que su peor enemigo sea la reaparición de un cáncer que lo forzó a pasar por el quirófanos tres veces en menos de un año y que puso en vilo al país sobre una eventual sucesión del líder.

Un éxito de Capriles abriría un compás de incertidumbre ante un Chávez que seguiría teniendo en la oposición mayoría en el Parlamento y el control de instituciones clave del Estado, como la petrolera estatal PDVSA, el sistema de justicia y los cuerpos de seguridad.