Caracas. Hace unos meses nadie hubiera podido imaginar a Hugo Chávez sin su camisa roja y un café humeante listo para un maratónico discurso televisivo; pero el cáncer ha hecho que el presidente venezolano cambie sus hábitos, su estilo de gobernar y hasta su manera de entender la vida.

Invocando a Dios, a los espíritus de la sabana y a la ciencia médica para derrotar la enfermedad, el mandatario insiste una y otra vez en que ha renacido: "No es que es otro Chávez, soy yo mismo. Pero es como una nueva etapa de mi vida, más diversa, más reflexiva, más multifactorial".

Aunque mantiene el radical ideario izquierdista, reforzado tras pasar varias semanas de convalecencia en La Habana con su mentor político Fidel Castro, Chávez afirma que buscará puentes con la clase media y la empresa privada a los que tantas veces identificó como enemigos de su proyecto bolivariano.

"Tenemos que nosotros demoler, luchar, extirpar esos males, por ejemplo el sectarismo, el dogmatismo, eso hace mucho daño", dijo, para inmediatamente criticar el uso abusivo del rojo con el que el propio mandatario uniformó a sus seguidores.

Sus adversarios ven con recelo este incipiente acercamiento y muchos recuerdan lo poco que duró el anterior espíritu de reconciliación nacional, cuando restituido por sus seguidores tras un fugaz golpe de Estado en abril del 2002, empuñó un crucifijo para perdonar y pedir perdón a sus adversarios.

"El terreno de lo simbólico no es nada trivial ni banal para Chávez. Hubo allí un mensaje muy claro de campaña electoral. Para él, el radicalismo ya no es rentable. Hay que moderar mensaje y conducta", opinó el líder opositor Teodoro Petkoff en el editorial del Diario Tal Cual.

Porque si algo motiva al convaleciente ex comandante de paracaidistas en la "batalla por la vida" es su intención de concurrir como candidato a los comicios presidenciales del 2012, donde enfrentará una oposición fortalecida tras su avance en las pasadas elecciones legislativas.

"Es una preparación integral. Espiritual, moral, física; fortalecer la vida para poder ser útil", explicó sobre cómo se alista para una campaña en la que su estado físico será clave a la hora de buscar votos y dirimir una reñida contienda.

Una camisa espiritual. Chávez se presentó en su 57 cumpleaños el pasado jueves con una inesperada camisa amarilla y pidió ante la multitud congregada en el palacio presidencial cambiar el inapelable lema "patria socialista o muerte" con el que arengó durante años a sus seguidores por un más optimista "viviremos y venceremos".

"(El amarillo) No tenía ninguna intención política. No, fue más bien espiritual. Yo ando cambiando radicalmente mi vida, yo estoy comenzando una nueva vida, en verdad les digo", explicó sobre el atuendo con el que salió al "balcón del pueblo", donde lo habitual es verlo en uniforme militar o rojo revolucionario.

Las dos operaciones y el primer ciclo de quimioterapia en Cuba le han dejado con 15 kilos menos, la cara ligeramente hinchada y el cabello rapado casi al cero; pero el gobernante sigue sin especificar qué tipo de cáncer padece, más allá de negar insistentemente que tenga metástasis.

El "nuevo" Chávez se levanta al alba, hace ejercicio, lleva una dieta sana y, por primera vez en su vida, sigue con "rigurosa disciplina militar" los consejos médicos, empezando por limitar sus permanentes y agotadores actos televisivos que han sido el sello propio de sus 12 años de gobierno.

Ahora usa constantemente el Twitter y llama con frecuencia al canal estatal para mostrar que sigue al frente del país petrolero y comentar los pormenores de su rehabilitación: desde la comida casera que prepara su madre a cómo cambió 10 cafeteras diarias por el té verde que le recomendó el "doctor" Fidel.

Aunque la enfermedad no hizo mella en su mordaz retórica contra la oposición "apátrida" y el "decadente" imperio estadounidense, ahora Chávez dedica más tiempo en sus discursos a recordar melancólicos pasajes de su humilde pero feliz infancia o a su idílica vida como cadete en la Academia Militar.

"Es mi eterno retorno, el volver sobre mí mismo, el niño que fui, el adolescente que fui, el cadete que fui, el soñador que fui", relató el presidente, quien ahora cita profusamente "Así habló Zaratustra" del filósofo alemán Friedrich Nietzsche.

"Mea culpa". Chávez, quien durante años denunció constantes complots golpistas y otros tantos planes para asesinarlo, entona ahora el "mea culpa" por haber descuidado su salud, ignorando los consejos médicos y el "clamor" de su propio cuerpo.

"Yo a veces pasaba seis y hasta ocho horas en 'Aló Presidente' y no iba al baño. Entonces me decían: 'presidente, eso le hace daño, eso le hace daño a la larga, y no es un año, diez años, imagínate tú' (...) yo estaba era agrediéndome de manera inconsciente pues", reflexionó hace poco.

El reto que tiene ahora, como él mismo confesó, es aprender a delegar y reducir su obsesión por el control y la microgestión de gobierno, tiempo que está empleando para leer, pasear en familia y retomar la pintura, una de sus grandes aficiones de juventud.

"Estamos haciendo un gran esfuerzo porque yo tengo que lograr un cambio radical de hábitos y modos de vida, asumiendo errores fundamentales, asumiendo el control de pasiones (...) asumirme quitándome cargas", detalló Chávez, quien recientemente traspasó algunos poderes a sus colaboradores.

Pocos se atreven a pronosticar cuánto durará esta fase reflexiva dadas las incertidumbres sobre su estado, el voluble carácter del mandatario y el agitado ritmo de la política local, que en poco más de una década vio pasar un golpe de Estado, un paro petrolero, 10 elecciones y cinco referendos.

Pero aunque es poco probable que el cáncer vaya a frenar sustancialmente la agenda político-económica, esta nueva actitud podría desplazar la versión más agresiva de Chávez que tanto disgusta a la mayoría de la población, según las encuestas.

"Hermanos y hermanas, venezolanos, venezolanas, los quiero a todos y a todas, independientemente de su estrato social, del color de la piel, la edad, el sexo, sus ideas religiosas. ¡Los quiero!", dijo la semana pasada en una poco usual intervención telefónica ante un grupo de empresarios privados.